jueves, 29 de abril de 2010

Hoy hemos ahorrado balas ...

Federico Rauch llegó a la Argentina el 23 de marzo de 1819, siendo asignado a las campañas punitivas que el gobierno de Martín Rodríguez organizó contra los aborígenes pampeanos. En ellas secundó a Juan Manuel de Rosas y hasta fue premiado por los estancieros de la zona por su extrema dureza y "efectividad" en la eliminación de indios.

Según cuenta Osvaldo Bayer, en los partes de guerra de Rauch se pueden leer frases como la siguiente:

"hoy hemos ahorrado balas, degollamos a veintisiete ranqueles"

y también dice que fue contratado en 1826 por Bernardino Rivadavia para eliminar a los ranqueles de la Pampa. Estas campañas fueron un antecendente de la " conquista del desierto" que hacia fin del siglo XIX emprenderían Adolfo Alsina y Julio Argentino Roca.

1. 2. Campañas del coronel Federico Rauch

Entre 1826 y 1827 el coronel Federico Rauch realizó tres campañas militares durante las cuales la frontera se estableció desde Melincué, pasando por el Fuerte Federación (fundado el 27 de diciembre de 1827, siendo el origen de la ciudad de Junín), 25 de mayo y Tapalqué, hasta el cabo Corrientes.

  • Primera campaña: partió el 25 de octubre de 1826 con 800 soldados desde Toldos Viejos (50 km al suroeste de Dolores) como represalia contra los indígenas que habían realizado malones masacrando muchos campesinos y saqueando animales poco tiempo antes, objetivo que se cumplió.
  • Segunda campaña: partió en noviembre de 1826 con 1.200 soldados de los Regimientos de Caballería de Línea 5, 6 y 7 con el mismo objetivo que la primera campaña.
  • Tercera campaña: partió a fines de enero de 1827 con el mismo objetivo que las anteriores, lo cual se logró. [2]

En marzo de 1828, Rauch asume la comandancia del Fuerte Federación, debido a que el comandante Bernardino Escribano había pedido licencia por enfermedad. En una carta que envía al gobierno, Rauch describe una situación angustiosa: "las familias están a la intemperie; por la carestía de géneros y el escaso sueldo de los maridos se hallan medio desnudas". A fines de 1828 Rauch solicita permiso y Escribano vuelve a hacerse cargo del fuerte.

El 28 de marzo de 1829 el prusiano Rauch murió a manos del cacique Nicasio Maciel, conocido como "Arbolito", en la Batalla de Las Vizcacheras.

http://wapedia.mobi/es/Federico_Rauch

Los “locos” de mayo


El grupo morenista de los revolucionarios de mayo, es decir el grupo “revolucionario”, entre los que destacamos a Castelli, Belgrano y Monteagudo, preso en el Alto Perú por el levantamiento de Chuquisaca), impulsaron en su Plan de Operaciones que la guerra era a muerte —no había conciliación posible—, y la guerra era integral y popular: había que liberar a los indios e incorporarlos no sólo a la lucha sino a todos los ámbitos de la vida del país. Hoy, como ayer, siguen siendo ideas revolucionarias.

El 8 de junio de 1810, el secretario de Gobierno y Guerra de la Junta, Mariano Moreno (doctorado en Chuquisaca con una tesis sobre el servicio personal de los indios), dispuso la igualdad jurídica en las fuerzas armadas: “en lo sucesivo no debe haber diferencia entre el militar español y el indio: ambos son iguales y siempre debieron serlo”. Los oficiales indígenas fueron incorporados a los regimientos criollos “con igual opción a los ascensos”.

En la campaña al Paraguay, en el Reglamento para los Indios de las Misiones, Belgrano proclamó la libertad y la igualdad de los guaraníes de las que fueran las reducciones jesuíticas más importantes de América, a la vez que los habilitaba para ejercer todos los cargos y empleos civiles, políticos, militares y eclesiásticos, algo que recién ahora está comenzando a verificarse en nuestro continente.

Castelli, jefe de la primera expedición al Alto Perú, leía las proclamas revolucionarias a las comunidades aborígenes en quechua y aymara, y proponía el restablecimiento del tawantinsuyo (el imperio inca). El 10 de enero de 1811, ordena que cada intendencia designe representantes indígenas “para que, convencidos los naturales del interés que toma el gobierno en la mejora de su suerte y recuperación íntegra de sus derechos imprescriptibles, se esfuercen por su parte a trabajar con celo y firmeza en la grande obra de la felicidad general”.

El 25 de mayo de 1811, primer aniversario del triunfo libertario, Castelli decide celebrarlo con los indios en la mismísima Tiahuanaco. Comienza rindiendo un homenaje a la memoria de los incas e invita a vengar sus muertes a manos del opresor español. “Los esfuerzos del gobierno —dice en español, dándoles tiempo a los traductores— se han dirigido a buscar la felicidad de todas las clases, entre las que se encuentra la de los naturales de este distrito, por tantos años mirados con abandono, oprimidos y defraudados en sus derechos y hasta excluidos de la condición de hombres.” Pero estas actitudes no fueron perdonadas por la naciente oligarquía de los tenderos porteños, que desplazó a los morenistas de la Junta.

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miércoles, 28 de abril de 2010

Cortázar 1984


Los discursos del origen - parte 3


Las interpretaciones realizadas por los historiadores en las últimas décadas han cuestionado las versiones canónicas de la revolución para devolver a los días de Mayo su espesor, su ambigüedad e incertidumbre.
La historiadora rosarina Marcela Ternavasio toma distancia de las perspectivas que vieron esos sucesos como el despliegue inexorable de un espíritu independentista y muestra a sus protagonistas en un escenario de posiciones cambiantes que los llevó a tomar decisiones muchas veces soslayadas por las versiones míticas o heroicas de la historia.
El destino trágico de muchos de ellos, como Liniers o Alzaga, muestra hasta qué punto se vieron inmersos en una realidad compleja. La tradicional oposición entre Saavedra y Moreno es discutida desde un punto de vista crítico con las versiones de la divulgación histórica.

Cuestionar clichés y estereotipos también implica una reflexión sobre el lenguaje, que no permanece inalterable a lo largo del tiempo y que en esos años inaugurales se cargó de sentidos políticos.
Definir, entonces, qué se entendía en 1810 por revolución, pueblo, nación y soberanía, tarea emprendida por los historiadores Hilda Sabato, Noemí Goldman, Fabio Wasserman y Gabriel Di Meglio, es un punto de partida necesario para comprender los sucesos de Mayo. Igualmente crítico de las historias mediáticas, Tulio Halperín Donghi, entrevistado por Ñ, reconstruye sus propias preguntas como historiador ante los hechos de la independencia y ensaya, para rebatirlas, posibles identificaciones de los protagonistas de Mayo con políticos del siglo XX. "Para que la historia pueda ofrecer lecciones al presente tiene que ser verdadera historia del pasado", enfatiza.

La literatura, en cambio, reconoce tener más de una fundación. "No hay origen sino invención de origen", afirma Martín Kohan, quien señala cómo el consenso sobre un inicio en la Generación del 37 funda retrospectivamente la literatura y completa en la ficción y la palabra la gesta emancipadora. "Pero los textos de Sarmiento, Mármol y Alberdi", también prefiguran el futuro, dice Kohan, y en ese sentido el Bicentenario interroga el presente.

Es desde ese presente que el matemático Gustavo Corach reflexiona con humor sobre el embrionario desarrollo científico de la época a partir de un libro de Miguel de Asúa, que forma parte de la movida editorial que pone a la historia en primer plano y es analizada en profundidad en otra nota, escrita por Héctor Pavón.

Por último, estos 200 años también ponen en evidencia la falta. ¿Qué conmemora la Patagonia?, se pregunta Ernesto Bohoslavsky. ¿Qué pueden festejar los pueblos originarios? La mirada colonialista, puesta de manifiesto en la iconografía, es analizada por la historiadora Mariana Giordano, que demuestra cómo la construcción de imágenes estereotipadas del "otro" indígena permanece hasta la actualidad. Una asignatura pendiente más, en este Bicentenario.


Por: Alejandra R. Ballester
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Los discursos del origen - parte 2


Inevitable, la comparación con el primer Centenario suele dar un resultado deslucido para la actualidad. Sin embargo, no se trata de desempolvar las viejas odas a los ganados y las mieses sino de reparar en aquellas fortalezas del pasado que podrían tener validez, e incluso consenso, en el presente. Con ese propósito, el historiador Luis Alberto Romero compara con detalle la Argentina de 1910 y la que se prepara para el Bicentenario.
Y destaca la presencia de un Estado vigoroso, capaz de orientar y de dirimir conflictos, como la característica sobresaliente del país hace cien años. La ley Sáenz Peña, sancionada en 1912, sentó las bases de la república verdadera.
Lo que le siguió fue una Argentina próspera aunque conflictiva, hasta llegar a los años 70 y la dictadura, que marcaron la brecha con esta Argentina del presente, empobrecida y segmentada.
El historiador cifra el desafío del momento no sólo en la cuestión republicana sino, sobre todo, en la reconstrucción de un Estado capaz de pensar políticas nacionales que logren revertir esa decadencia.

Por su parte, la socióloga y politóloga Silvia Sigal, recuerda las disputas históricas por el sentido de las fechas patrias y reconoce en el presente un enfrentamiento entre oficialismo y oposición que está muy lejos del diálogo: lo que se confronta son dimensiones diferentes en la comparación de los dos centenarios.
Su lectura se relaciona con la de Dardo Scavino, que analiza el Bicentenario como ritual, asociado a un mito de origen que se vuelve a narrar una y otra vez.
Esas narraciones conocen muchas versiones contrapuestas y el recurso de la analogía, el "hoy como ayer" sirve, con frecuencia, para sustentar argumentos contrarios.
Como los niños en los actos escolares, los políticos se atribuyen a sí mismos el papel de los próceres y dejan para el adversario el lugar del poder colonial, del agresor, del déspota.
El análisis de Scavino permite aguzar la escucha ante los discursos que se sucederán a medida que se aproxime Mayo. E invita a desmitificar el pasado, a reconocer también las narraciones contradictorias de los padres de la patria. Si de orígenes se trata, desde esos primeros años persiste nuestro símbolo sonoro, que ha perdurado como una "conmemoración permanente".
El musicólogo Esteban Buch analiza las connotaciones igualitarias y autoritarias del Himno Nacional y analiza sus versiones más actuales, desplegadas en YouTube.

Por: Alejandra R. Ballester
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martes, 27 de abril de 2010

Los discursos del origen - parte 1




El segundo centenario de la Revolución de Mayo es una oportunidad para recordar el rol decisivo que tuvieron los libros en los años fundacionales del país y destacar los nuevos discursos que interpelan el pasado con enfoques críticos.


Mariano Moreno fue el primer traductor rioplatense del Contrato social de Rousseau, mientras que la primera Biblioteca Pública fue creada en la temprana Buenos Aires por disposición de la Primera Junta. Manuel Belgrano, entre otros, donó sus propios libros para dotarla de contenido. Sarmiento, nacido nueve meses después de la Revolución, avanzó en su formación autodidacta gracias a una cadena de libros. "Como unos libros me hacían conocer la existencia de otros yo buscaba en San Juan todos los que llegaba a conocer por sus nombres", escribe en Mi defensa.
Y fue con la sola ayuda de los libros que aprendió el francés en el que escribió la famosa frase de Diderot al partir al exilio, un gesto irónico para marcar el abismo que veía entre civilización y barbarie.
Menos arduo, el encuentro de Esteban Echeverría con los libros que definirían su filiación romántica se produjo durante el viaje intelectual a Francia, rito que caracterizaría por mucho tiempo a las elites criollas.
En esos viajes y esos libros descubiertos cifraba su generación la verdadera independencia cultural de España y de la tradición colonial. Obtenidos de maneras más o menos trabajosas, al menos desde nuestra mirada actual, los protagonistas de la historia temprana del país hicieron un uso político de los libros que leían, a la vez que convirtieron sus escritos en punzantes armas de combate, al calor de la violencia de esos años turbulentos.

Recordar el rol decisivo que tuvieron los libros en la etapa fundacional de la Argentina ayuda a poner en perspectiva esta Feria del Libro, dedicada a rememorar el Bicentenario.
La consigna de "festejar con libros" invita a preguntarse nuevamente por los orígenes de una literatura argentina que quiso leerse como "la historia de la voluntad nacional", según David Viñas, una literatura que se fundó como tal, precisamente, a partir del primer Centenario, con la creación de la cátedra que dirigió Ricardo Rojas en la Universidad de Buenos Aires.
O a recordar lecturas críticas como la de Ricardo Piglia, que atribuye un "doble origen" a nuestra narrativa: El matadero de Echeverría y el Facundo de Sarmiento, dos formas de relatar la violencia política que dividió al país desde entonces.

Pero es también la oportunidad de dar cuenta de los nuevos discursos que, en estos últimos años, han recortado otros objetos o definido formas de interpelar el pasado que despliegan preguntas nuevas sobre el presente. No sólo la historia sino también la semiótica, la ciencia política, el análisis del discurso, la musicología y la historia de las ciencias encuentran nuevos sentidos en los hechos históricos, en los discursos que se construyeron a partir de ellos y en símbolos que parecían congelados por el bronce o la tradición escolar. Al producir el cruce entre estos enfoques, Ñ propone una forma de rememorar los momentos fundacionales de la Argentina mucho más reflexiva que celebratoria, orientada a cuestionar ciertas lecturas planas de nuestro pasado y a destacar las formas actuales de pensarnos, en sintonía con el presente intelectual.

Por: Alejandra R. Ballester
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El espejo lejano del primer Centenario - parte 3


La Argentina de hoy
La última dictadura militar potenció al extremo los conflictos y las malas pasiones de aquella Argentina. A la vez, su manera de enfrentarlos inició la construcción de la nueva Argentina, la que hoy nos toca vivir. Se trata de una Argentina decadente. En las últimas tres décadas el país cambió completamente. Se destruyó su antigua economía, ciertamente ineficaz, pero el surgimiento de lo nuevo apenas se vislumbra. La consecuencia ha sido un empobrecimiento general y una formidable redistribución regresiva del ingreso. En la gran transformación hubo algunos grandes beneficiados y una masa de afectados, sumergidos en la desocupación y en la miseria. Hoy la sociedad argentina está fragmentada, segmentada y cada vez pesan menos las clases medias que supieron caracterizarla.
En ese contexto social, tan poco adecuado para la formación de ciudadanos y de ciudadanía, la Argentina hizo su intento más sistemático y voluntarioso de construcción de una democracia republicana, como nunca conoció anteriormente: liberal, pluralista, republicana, basada en la ley, los derechos humanos y la discusión racional. Esa fue la ilusión de 1983. En la democracia realmente existente que tenemos desde los noventa llama la atención la reaparición de modelos de gestión política y estatal familiares en otras épocas. La democracia republicana se ha ido convirtiendo cada vez más en una democracia delegativa, según la fórmula de Guillermo O'Donnell. También reaparece el argumento plebiscitario –aunque las plazas unánimes y espontáneas sean raras– y junto con él, la execración del otro. Finalmente, reaparece una figura mucho más antigua: la de los gobiernos electores, que combinando presión y dádivas pueden construir los resultados comiciales.
Pero la clave está en el Estado. La reforma estatal se viene desarrollando sin solución de continuidad desde 1976, con la sola excepción de los años de Alfonsín. Consistió casi exclusivamente en destruirlo, con justificaciones tanto liberales como estatistas. Para achicar el déficit, se redujeron sus funciones sociales, como la educación, la salud y la seguridad, agudizando la pobreza. Para beneficiar a los más fuertes –los ganadores de la gran crisis– se redujo al mínimo su capacidad de control, achicando o destruyendo oficinas estatales. Pero se mantuvieron las prácticas prebendarias, que permanecen, aunque los beneficiarios se van alternando. El resultado ha sido un Estado incapacitado de desarrollar políticas sostenidas. Para quienes lo gobiernan, es hoy como un automóvil sin acelerador, freno ni volante; una herramienta inservible y hasta peligrosa que como un televisor viejo, sólo funciona con golpes de autoridad, de resultados imprevisibles.
Un balance

En 2001 se produjo una espectacular crisis, y después tuvimos una inesperada ola de prosperidad. Esta no ha concurrido a disolver el núcleo de miseria, que ya crece con lógica propia. Allí está la base de una sociedad escindida en dos mundos, que viven un conflicto cotidianamente escenificado en las calles. Si esto puede revertirse, sólo lo puede hacer el Estado.

¿Qué estado? ¿Con qué régimen político? ¿En nombre de qué nación? En torno de estas cuestiones se plantean los desafíos del Bicentenario. Algo va quedando claro: en lugar del consenso amplio de 1983, hay frente a cada cuestión dos opciones, más o menos claramente planteadas. Respecto de la República, para unos es un estorbo, y la solución está en achicarla y concentrar el poder en su vértice, apelando a la eficiencia y la legitimidad plebiscitaria. Para otros, el problema está en la discusión, la negociación y la elaboración de proyectos colectivos, lo que requiere fortalecer la Justicia y el Congreso.

Estos también sostienen que es necesario reconstruir el Estado. Liberarlo de la colonización corporativa y las prácticas prebendarias. Devolverle su potencia, dotarlo de las agencias que lo conviertan en maquinaria eficaz de las directivas del gobierno. Esta propuesta no tiene objetores de fondo sino enemigos de retaguardia, solapados. Son los que corrompen la porción del Estado que les afecta, mediante el prebendarismo o el clientelismo político. O los que destruyen las agencias molestas, las pocas que sobrevivieron a los vendavales de la dictadura y de los noventa.

Sin desconocer la importancia de la cuestión republicana, diría que el meollo del desafío de la hora está en la reconstrucción de un Estado capaz de pensar políticas estatales o políticas nacionales. Un Estado como el que tenían los hombres del Centenario, aunque ciertamente los problemas que ellos enfrentaban eran mucho más sencillos. Esa me parece la lección que se desprende de mirar la Argentina del Bicentenario en el espejo, hoy un poco lejano, de su primer Centenario.

Por: Luis Alberto Romero
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El espejo lejano del primer Centenario - parte 2




El Bicentenario

Ubicados en el Bicentenario, es difícil trazar un balance único. En el siglo hubo dos Argentinas diferentes, separadas por la profunda brecha de los años setenta. Una, próspera, integrada y conflictiva; la otra, empobrecida, segmentada pero que, paradójicamente, intentaba construir una democracia republicana.
Veamos la primera. Muchos la conocimos, pero ya no existe más. Hasta los años setenta, la Argentina fue vital y conflictiva. Tuvo una economía relativamente próspera, capaz por ejemplo de asegurar un empleo a los sucesivos contingentes migratorios. Su sociedad fue dinámica, móvil e integrativa, y en general los hijos estuvieron mejor que los padres, ya fuera en educación, en empleos e ingresos.
También fue una sociedad conflictiva. Algunos de esos conflictos tuvieron que ver con el acelerado proceso de incorporación social, como ocurrió en el origen del peronismo. Otros, en cambio, se explican por las características del Estado y su relación con las diferentes corporaciones de intereses.

Aquella Argentina tuvo un Estado activo y potente, que intervino de manera creciente para regular y arbitrar en los conflictos de una sociedad cada vez más compleja. Al hacerlo, desarrolló también una gran capacidad para conceder franquicias, privilegios o, lisa y llanamente, prebendas.
Una característica de aquella sociedad fue que cada uno –obrero, empresario, profesional, docente, sacerdote o militar– trató de encuadrarse en una corporación, aguerrida y combatiente, para arrancar al Estado algún privilegio o beneficio especial. En ese diálogo, el Estado potente fue progresivamente colonizado por las corporaciones, perdió su autonomía y se convirtió en el campo de combate y a la vez en su botín, hasta llegar al paroxismo de los tempranos años setenta.

Con respecto a la república y a la democracia, la sociedad integrada y móvil produjo una ciudadanía informada, activa y participativa, que protagonizó en la primera mitad del siglo XX dos ciclos definidamente democráticos: el radical y el peronista. En los dos casos se trató de una cierta variedad de democracia: de líder, plebiscitaria, fuertemente unanimista y escasamente republicana.
Tanto el radicalismo como el peronismo se presentaron como la expresión de la nación y el pueblo. El presidente, depositario de la voluntad del pueblo, no se consideraba atado por los otros poderes de la república. Los adversarios del movimiento eran, en realidad, enemigos del pueblo y de la nación. Uno de los resultados de esta práctica democrática singular fue una vida política facciosa, intolerante e inestable.
Los militares aprovecharon los conflictos de la democracia para proponer la alternativa de la dictadura, de formas cada vez más terribles.

Uno de los productos más característicos de la Argentina vital fue un nacionalismo robusto y aguerrido, construido sobre la idea de la unidad y la homogeneidad de una nación, que sin embargo debía ser definida.
Quien impusiera su definición del ser nacional podía decidir quién pertenecía auténticamente y quién quedaba en los márgenes de la nación. La tarea convocó a poderosos enunciadores: el Ejército, la Iglesia católica, las fuerzas políticas nacionales y populares. Cada uno tuvo su idea de la nación, pero todas tenían ese rasgo común de la exclusión del otro, y entre todas dieron forma a un nacionalismo agresivo e intolerante, soberbio y paranoico. Su expresión más terrible fue la guerra de Malvinas, en 1982, y la multitud congregada en la plaza de Mayo, aclamando al dictador nacionalista.
Por: Luis Alberto Romero
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lunes, 26 de abril de 2010

El espejo lejano del primer Centenario - parte 1


En 1910 parecían distantes las guerras civiles y existía confianza en un Estado sólido, capaz de conducir y dirimir conflictos. Luis Alberto Romero analiza comparativamente el país actual y fija la reconstrucción del Estado como meta.

Por: Luis Alberto Romero


Como todos los grandes aniversarios, los Centenarios provocan en los ciudadanos una pregunta y un desafío: qué hicimos y qué podemos hacer. Para el historiador, son además momentos privilegiados para comparar cómo han cambiado las miradas de la sociedad sobre sí misma. Frente al espejo del Centenario aparecen sus valores, sus balances y sus expectativas. Ciudadano e historiador, quiero tratar de entender cómo se miraban en su espejo los argentinos de 1910 y compararlo con nuestras miradas de hoy. Voy a centrarme en tres cuestiones: el Estado, la República y la Nación. Me temo que la comparación no ha de ser alentadora.
La mirada del Centenario

Coloquémonos primero en 1910. Fue el momento de un balance maduro, con mucho optimismo, pero también con dudas y temores. Los optimistas veían en el siglo transcurrido la progresiva realización de un logro magnífico. Parecían lejanas las luchas por la construcción del Estado: las guerras civiles, que jalonadas por pactos efímeros, se prolongaron hasta 1880.
En 1910 el Estado estaba sólidamente afirmado, no había guerras interiores, las fronteras estaban definidas, y sus principales instituciones –el ejército, la escuela pública, el correo, entre otras– funcionaban eficientemente. A través de ellas el Estado pudo modelar un país pujante, impulsado por la inmigración, el crecimiento agrario y el comercio exterior. Era una época de confianza en la capacidad del Estado para dirigir y orientar todo, e inclusive para regular los conflictos.
Desde 1810 nadie dudó de que la Argentina sería una república, pero construir sus instituciones fue tarea ardua. A mediados de siglo, Alberdi habló de una "república posible", con instituciones fuertes, amplias libertades y pocos ciudadanos. Faltaba la democracia, que completaría la "república verdadera", y hacia allí marchó la ley electoral de 1912, la ley Sáenz Peña, producto legítimo del reformismo del Centenario.
PROSPERIDAD. En 1910, hay confianza en lo que depara el futuro a la República. En la foto, la terraza del Tea Room de Gath & Chaves.
Tampoco había dudas en el Centenario de que la Argentina era ya una nación. Bartolomé Mitre dijo que lo era desde 1810, pero eso no era completamente exacto. La nación, concebida gradualmente por intelectuales y políticos, sólo arraigó en las conciencias cuando el Estado la hizo suya, y le dio forma y contenido. La tarea era complicada en el escenario babélico de la inmigración masiva. Pero en 1910 estaban sentadas las bases de una nacionalidad, gracias sobre todo a la tenaz acción de la escuela pública. La nacionalidad de 1910 era plural, tolerante y liberal, no excluía a nadie y ponía en primer término las ideas de ley y patria.

A los pesimistas les preocupaba, en primer lugar, la cuestión social, es decir, el desarrollo de la conflictividad laboral. Algunos creyeron que sólo era posible la represión, pero la mayoría confió en las reformas, por ejemplo un Código del Trabajo que legalizara y regulara la acción sindical. También los preocupaba que la nacionalidad fuera insuficiente y querían reforzar la conciencia y la unidad del llamado ser nacional, lo que originó inacabables discusiones sobre su definición.
Optimistas y pesimistas expresaban dos perspectivas que, aunque opuestas, tenían un punto de coincidencia: la posibilidad de la reforma, del mejoramiento de una realidad perfectible, y la confianza en la potencia de quien podía realizar esas reformas: el Estado.

domingo, 25 de abril de 2010

Arturo Jauretche y la prensa

Porque los medios de información y la difusión de ideas están gobernadas, como los precios en el mercado y son también mercaderías. La prensa nos dice todos los días que su libertad es imprescindible para el desarrollo de la sociedad humana, y nos propone sus beneficios por oposición a los sistemas que la restringen por medio del estatismo. Pero nos oculta la naturaleza de esa libertad, tan restrictiva como la del estado, aunque más hipócrita, porque le libre acceso a las fuentes de información no implica la libre discusión, ni la honesta difusión, ya que ese libre acceso se condiciona a los intereses de los grupos dominantes que dan la versión y la difunden.


Porque estos periódicos tan celosos de la censura oficial se autocensuran cuando se trata del avisador; el columnista no debe chocar con la administración. Las doctrinas, los hechos, los hombres, se discriminan en función del aviso; así hay tabúes tácitos y se sabe que no se debe mencionar, que camino no hay que aconsejar, que cosas son inconvenientes.

Arturo Jauretche - parte 2


La falsificación (de la historia) ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional. Mucha gente no entiende la necesidad del revisionismo porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, destinada a privarnos de experiencia que es la sabiduría madre.

Pero se sigue adoctrinando sistemáticamente en la enseñanza de la historia para lo cual los réprobos son los que defendían la soberanía y los próceres los que la traicionaban para fines institucionales.


Se confundió civilización con cultura, como en la escuela se sigue confundiendo instrucción con educación. La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quién abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América, trasplantando el árbol y destruyendo al indígena que podía ser un obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa, y no según América.

Mientras los totalitarios reprimen toda información y toda manifestación de la conciencia popular, los cabecillas de la plutocracia impiden, por el manejo organizado de los medios de formación de las ideas, que los pueblos tengan conciencia de sus propios problemas y los resuelvan en función de sus verdaderos intereses.

Arturo Jauretche


El nacionalismo de ustedes se parece al amor del hijo junto a la tumba del padre; el nuestro, se parece al amor del padre junto a la cuna del hijo (...) Para ustedes la Nación se realizó y fue derogada; para nosotros, todavía sigue naciendo.


Es frecuente el error de oponer la política realista a la política idealista. Error que proviene de confundir al político practicón con el realista. El practicón que es un simple colector de votos o fuerzas materiales. El realismo consiste en la correcta interpretación de la realidad y la realidad es un complejo que se compone de ideal y de cosas prácticas(...) Ni escapa al círculo de los hechos concretos por la tangente del sueño o la imaginación, ni está tan atado a lo concreto que se deja cerrar por el círculo de lo cotidiano al margen del futuro y el pasado. Para una política realista la realidad está constituida de fines y medios, de antecedentes y consecuentes, de causas y concausas.


Los intelectuales argentinos suben al caballo por la izquierda y bajan por la derecha.



martes, 20 de abril de 2010

Discurso de Julio A. Roca - parte 4

DISCURSO ANTE EL CONGRESO AL ASUMIR LA PRESIDENCIA - 12 de Octubre de 1880


A pueblos jóvenes y llenos de vida como el nuestro , cuando a su vasta extensión deterritorio y a la liberalidad de sus instituciones, se unen la tierra fértil y un climaprivilegiado, no deben causar admiración estos prodigios que, en condiciones iguales, sehan repetido con frecuencia en la historia de las sociedades humanas.

Somos la traza de una gran nación, destinada a ejercer una poderosa influencia en lacivilización de la América y del mundo; pero para alcanzar a realizar y completar elcuadro con la perfección de los detalles, es menester entrar con paso firme en el carril de la vida regular de un pueblo, constituido a semejanza de los que nos hemos propuesto como modelo; es decir, necesitamos paz duradera, orden estable y libertad permanente.

Y a este respecto -lo declaro alto desde este elevado asiento, para que oiga laRepública entera-: Emplearé todos los resortes y facultades que la Constitución hapuesto en manos del Ejecutivo nacional, para evitar, sofocar y reprimir cualquieratentativa contra la paz pública.
En cualquier punto del territorio argentino en que se levante un brazo fratricida, o enque estalle un movimiento subversivo contra una autoridad constituida, allí estará todo el poder de la nación para reprimirlo.

Espero, sin embargo, que no llegará este caso, porque ya nadie, ni hombres nipartidos, tienen el brazo bastante fuerte para detener el carro del progreso de laRepública por el crimen de la guerra civil.

En cambio, las libertades y derechos del ciudadano serán religiosamente respetados.Los partidos políticos, siempre que no salgan de la órbita constitucional y no degenerenen partidos revolucionarios, pueden estar tranquilos y seguros de que su acción no serálimitada ni coartada por mi gobierno.

Por la ancha puerta de la Constitución y de la ley, caben todos los partidos y todas lasnobles ambiciones. Así ¿quién duda que el partido que ha cometido por dos veces, en elespacio de seis años. El error de pretender reparar por las armas derrotadas electorales,podría estar hoy dirigiendo legítimamente los destinos de la nación, si no hubieraapelado a tan odiosos extremos? […]
Termino aquí. Honorables Señores, la ligera exposición de los propósitos que traigo algobierno.
Intenciones sinceras; voluntad firme para defender las atribuciones del Poder EjecutivoNacional y hacer cumplir estrictamente nuestras leyes; mucha desconfianza en mispropias fuerzas; fe profunda en la grandeza futura de la República; un espíritu tolerantepara todas las opiniones, siempre que no sean revolucionarias, y olvido completo de lasheridas que se hacen y se reciben en las luchas electorales; tal es el caudal propio quetraigo a la primera magistratura de mi país.
No hay felizmente un solo argentino, en estos momentos, que no comprenda que elsecreto de nuestra prosperidad consiste en la conservación de la paz y el acatamiento absoluto a la Constitución; y no se necesitan seguramente las sobresalientes calidades de los hombres superiores para hacer un gobierno recto, honesto y progresista.

Puedo así sin jactancia y con verdad deciros que la divisa de mi gobierno será: Paz yAdministración.

Para realizarla, cuento con la protección de la Divina Providencia que nunca se invocaen vano, con el auxilio de vuestra luces y con el concurso de la opinión nacional que meha traído a este puesto, y el de todos los hombres honrados que habitan nuestro suelo.
Discurso extraído de: Halperín Donghi, Tulio. Proyecto y construcción de una nación (1846 – 1880), Buenos Aires, Editorial Ariel, 1995. (pps. 591 – 595)


Discurso de Julio A. Roca - parte 3

DISCURSO ANTE EL CONGRESO AL ASUMIR LA PRESIDENCIA - 12 de Octubre de 1880

Cuento con vuestro apoyo y con el de todo el país para llevar a cabo en el términoindicado, o antes si es posible, estas obras que no serán ni extraordinarias ni superioresa nuestros recursos, si sabemos conservarnos en paz.

Los demás ramos de la administración, tales como la inmigración, la instrucciónpública, la difusión de la enseñanza en todas las clases sociales, la protección debida alculto, al comercio, a las artes y a la industria, son ya deberes normales que ningúngobierno puede desatender.

Debo, sin embargo, hacer especial mención de la necesidad que hay de poblar losterritorios desiertos, ayer habitados por las tribus salvajes, y hoy asiento posible denumerosas poblaciones, como el medio más eficaz de asegurar su dominio.
Continuaré las operaciones militares sobre el sur y el norte de las líneas actuales defrontera, hasta completar el sometimiento de los indios de la Patagonia y del Chaco, para dejar borradas para siempre las fronteras militares, y a fin de que no haya un solo palmo de tierra argentina que no se halle bajo la jurisdicción de las leyes de la nación.

Libremos totalmente esos vastos y fértiles territorios de sus enemigos tradicionales,que desde la conquista fueron un dique al desenvolvimiento de nuestra riqueza pastoril;ofrezcamos garantías ciertas a la vida y la propiedad de los que vayan con su capital ycon sus brazos a fecundarlos, y pronto veremos dirigirse a ellos multitudes de hombresde todos los países y razas, y surgir del fondo de esas regiones, hoy solitarias, nuevosestados que acrecentarán el poder y la grandeza de la República.
Discurso extraído de: Halperín Donghi, Tulio. Proyecto y construcción de una nación (1846 – 1880), Buenos Aires, Editorial Ariel, 1995. (pps. 591 – 595)


Discurso de Julio A. Roca - parte 2

DISCURSO ANTE EL CONGRESO AL ASUMIR LA PRESIDENCIA - 12 de Octubre de 1880

Consagraré a las reformas que son reclamadas en este ramo mis mayores esfuerzos,para evitar los peligros del militarismo, que es la supresión de la libertad, en un porvenirmás o menos lejano, y para hacer del ejército una verdadera institución, según la Constitución lo entiende y el progreso moderno lo exige.
De esta manera, ajeno almovimiento de los partidos y enaltecido como ya lo está ante la opinión de la República, podrá en el caso desgraciado en que los derechos de la patria estuviesen en peligro, desarrollar una fuerza incontrastable.

Esta tarea tendrá además un objeto económico, por la supresión de gastos inútiles quepesan sobre el erario a causa de la imposibilidad en que han estado los gobiernosanteriores de fundar una administración civil y militar perfecta en los servicios que alejército se refieran.

En cuánto a las vías de comunicación, representan para mí una necesidad imperiosa eineludible, cuya satisfacción no puede retardarse sin menoscabo de bienestar común. Esindispensable que los ferrocarriles alcancen en el menor tiempo posible sus cabecerasnaturales por el norte, por el oeste y por el este, con sus ramales adyacentes,complementando el sistema de vialidad y vinculando por sus intereses materiales a todas las provincias entre sí.

El que haya seguido con atención la marcha de este país, ha podido notar, comovosotros los sabéis, la profunda revolución económica, social y política que el camino de hierro y el telégrafo operan a medida que penetran en el interior. Con estos agentespoderosos de la civilización se ha afianzado la unidad nacional, se ha vencido yexterminado el espíritu de montonera y se ha hecho posible la solución de problemas que parecían irresolubles, por lo menos al presente.

Provincias ricas y feraces sólo esperan la llegada del ferrocarril para centruplicar susfuerzas productoras con la facilidad que les ofrezca de traer a los mercados y puertos dellitoral, sus variados y óptimos frutos, que comprenden todos los reinos de la naturaleza.Por mi parte, conceptuaré como la mayor gloria de mi gobierno, si dentro de tres años,a contar desde este día, conseguimos saludar con el silbato de la locomotora los pueblosde San Juan y de Mendoza, la región de la vid y del oliva; Salta y Jujuy, la región delcafé, del azúcar y demás productos tropicales, dejando además de par en par abiertas laspuertas al comercio de Bolivia, que nos traerá los metales de sus ricas e inagotablesminas.

Discurso extraído de: Halperín Donghi, Tulio. Proyecto y construcción de una nación (1846 – 1880), Buenos Aires, Editorial Ariel, 1995. (pps. 591 – 595)


Discurso de Julio A. Roca - parte 1

DISCURSO ANTE EL CONGRESO AL ASUMIR LA PRESIDENCIA - 12 de Octubre de 1880
El jueves, 08 de abril de 2010 a las 12:25

GENERAL JULIO A. ROCA
DISCURSO ANTE EL CONGRESO AL ASUMIR LA PRESIDENCIA
12 DE OCTUBRE DE 1880 (Publicado en La Prensa, 13 de octubre de 1880)

[…] La solución dada a los problemas que venían retardando hasta el presente ladefinitiva organización nacional, el imperium de la nación establecido para siempre,después de sesenta años de lucha, sobre el imperium de provincia; y las consecuenciasque de estos hechos se desprendan para el progreso y el afianzamiento de lanacionalidad, podrán en una época próxima, responder del acierto o del error de miconducta. A ellas debemos apelar todos, cuando se trate de juzgar los actos de losgobiernos, la decisión de los pueblos y los procedentes del candidato de la mayoría, queen medio del hervor de las pasiones que las disputas electorales sublevan entre nosotros,pudo permanecer fiel al voto de sus electores, sin hacer recaer sobre ellos una sola gotade la sangre infaustamente derramada en el cumplimiento austero del deber.
Señores Senadores y Diputados:
Nada grande, nada estable y duradero se conquista en el mundo cuando se trata de lalibertad de los hombres y del engrandecimiento de los pueblos, si no es a costa desupremos esfuerzos y dolorosos sacrificios. Estas duras pruebas por que ha pasado laRepública Argentina no deben admirarnos cuando contemplamos sus rápidos progresosy comparamos las conquistas obtenidas en medio siglo de vida nacional, con la marchalenta que han seguido en la historia los gobiernos de las sociedades más adelantadas.Vivimos muy de prisa, y en nuestra febril impaciencia por alcanzar en un día el nivel aque han llegado otros pueblos, mediante siglos de trabajos y sangrientos ensayos, nossorprenden desprevenidos la mayor parte de los problemas de nuestra organizaciónpolítica y social.
El Congreso en 1880 ha complementado el sistema del Gobierno representativofederal y puede decirse que desde hoy empieza recién a ejecutarse el régimen de laConstitución en toda su plenitud. La ley que acabáis de sancionar fijando la capitaldefinitiva de la República, es le punto de partida de una nueva era en que el gobiernopodrá ejercer su acción con entera libertad, exento de las luchas diarias y deprimentes de su autoridad que tenía que sostener para defender sus prerrogativas contra laspretensiones invasoras de funcionarios subalternos. Ella responde a la supremaaspiración del pueblo, porque significa la consolidación de la unión, y el imperio de la paz por largos años. Su realización era ya una necesidad inevitable y vuestro mejor título a la consideración de la República será el haber interpretado tan fielmente sus votos.

En adelante, libres de estas preocupaciones y de conmociones internas, que a cadamomento ponían en peligro todo, hasta la integridad de la República, podrá el gobiernoconsagrarse a la tarea de la administración y a las labores fecundas de la paz; y cerradode una vez para siempre el período revolucionario, que ha detenido constantementenuestra marcha regular, en breve cosecharemos los frutos de vuestro acierto y entereza.Al tomar a mi cargo la administración general del país, dos preocupacionesprincipalmente me dominan sobre todas las demás. El ejército y las vías decomunicación.
El ejército y la armada que significan la integridad y salvaguardia de la patria en elexterior, y su paz y orden interno, reclaman la atención preferente del Congreso y delnuevo gobierno.
La República cuenta con un ejército modelo por su abnegación, sufrido en las fatigas,valiente en el combate, leal y fiel a su bandera; pero a merced del arbitrario, sin reglas de proceder, ni leyes que lo organicen bajo un plan regular y sistemado.
Discurso extraído de: Halperín Donghi, Tulio. Proyecto y construcción de una nación (1846 – 1880), Buenos Aires, Editorial Ariel, 1995. (pps. 591 – 595)


domingo, 18 de abril de 2010

La Vaca Aurora y Mirco Repetto



En la década del 40 cayó en la tira un tipo con un aparato donde quería meter a la vaca y sacar corned beef, pero salió enlatado. En una de las latitas estaba la lengua del tipo. La latita hablaba.

Después lo reconstruyeron, y le injertaron la lengua al revés. Entonces el tipo hablaba al revés, y la escritura era al revés.Mirco fue también director de la revista Patoruzito, de Dante Quinterno, donde hizo además argumentos para Patoruzú y el Patoruzú de Oro, esa joya de lomo cuadrado que llegaba puntualmente cada fin de año y se esperaba entre el olor del chimichurri, las cañitas voladoras y la sidra de rigor. -A Patora, la hermana del indio, la dibujó Quinterno, pero yo le di carácter. La hice marimacho, le encantaban los hombres, por poco los violaba, pero tampoco podía bandearme.



Mirco decía, con tonito zumbón y como si nada fuera a pasarle: .. -Nací en la Liguria;Italia. Con mis amigos cazábamos lagartijas y se las regalábamos a un boticario que nos daba caramelos de orozú. Algún experimento haría, y cuando creé al Chif, de La Vaca Aurora, me inspiré en él. Yo también soy el Chif: soy naturista y me cocino, mi estómago es como el estómago de la vaca, mi laboratorio. Me indigesto, me empacho, pero soy partidario de Hipócrates, que decía: Que tu alimento sea tu remedio. Si estoy cansado mentalmente, como polenta de mijo que tiene mucho fósforo, lecitina y magnesia.



http://www.patoruzu-web.com.ar>

Antigua Farmacia Cagliostro


La Vaca Aurora se publicó por primera vez en la revista Cara Sucia, de Billy Querosene, el 24 de julio de 1940. "Érase que se era una vaca llamada Aurora, un tanto coqueta y caprichosa, muy amante de la música y los bombones. Su existencia transcurría apaciblemente en una chacra, hasta el infausto día en que fue vendida a un tal Nicodemo, boticario del pueblo de Chismes, sujeto catalogado como nigromante, adivino, brujo y apasionado por todo lo que se relacione con la magia negra", recitaba Mirco, sin que la memoria le pidiera respiro. -Aurora nunca habló ni pensó. Mugía, eso sí, la saqué después en Mundo Infantil, hasta 1956: salió en la revista Episodio, y después me la pidió García Ferré, para republicarla en Anteojito. Hice algunos argumentos nuevos en los años 70; de esa época son los últimos. Le agregué un personaje, un viejo criollo que tenía allá en mi rancho, en Paso del Rey, un tipo ladino, que era el jefe de Ios ladrones.


Floripondio, el ayudante del Chif, estába inspirado en uno de mis compañeros de la primaria. Gordito, coqueto, pedante, veía películas yanquies y quería hablar en inglés, saludaba: Hello, boys. Nos tenía hartos iDecía cada chambonada! El boticario era excéntrico. Decía que si las vacas comen pasto y dan leche, si comían manzanas podían dar sidra. Ahora existe la leche fortificada y mi boticario ya la había creado: le daba de comer cemento a la vaca para que diera leche fortificada. La vaca, cuando se cansaba de los experimentos, se escapaba. Aurora psicodelia, entonces, allí estaba Repetto, inventando sueños cándidamente lisérgicos para una vaca que enloquecía ante la sola mención de la palabra rock. -Era lindo dibujar a la vaca bailando; Una vez la llevé a Marte. Hizo una guerra entre Piperilandia y el país vecino con sifones atómicos.



sábado, 17 de abril de 2010

La Vaca Aurora





- Si en Buenos Aires condenan a la vaca, suspenderemos el envío de dulce de leche.
- Mandé a Floripondio a comprar el diario, verán que trae la noticia de que me devolverán a la vaca.
- Aurora es el crédito de chismes. ¡No se atreverán a tocarle un pelo!
- ¡Ahí viene mi ayudante con el diario!
- Malas noticias señores. ¡Han condenado a la vaca!
La vaca aurora fue condenada a dar leche para los presos durante tres meses.
- ¡Pronto! ¡mi traje! ¡mi camisa!¿dónde está el botón del cuello? ¡Vamos rápido a Buenos Aires a rescatar a nuestra vaca.!
En tanto la vaca Aurora ingresó en el presidio.
- Ahora que tenemos vaca en casa, tomaré cuajada todos los días
- Hoy es día de visita en la cárcel. Mirá a los parientes de los presos comprando limas.
- ¡Alto ahí! ¿tienen permiso de visita?
- ¡Necesito ver en seguida a mi vaca! ¡Tengo una idea para ver a Aurora!

- ¡Te digo que Boca es mejor cuadro que River!
- ¿y a mí que me importa eso, chif? ¿desde cuándo es hincha de fútbol?
- ¡contradecime! así yo te pego y el guardián me pondrá preso y podré ver a la vaca. ¡Boca es Boca! ¿qué quieren los de River?
- ¿qué pasa ahí?



miércoles, 14 de abril de 2010

Templo San José de Jachal


Ya en 1616 se levantaba una capilla en el valle de Jáchal de Angacao, nombre con el que era conocida la región en tiempos de la Conquista. Cuando el Maestre de Campo don Juan de Echegaray fundó la Villa, el 25 de junio de 1751, asignó un solar frente a la plaza para el templo, que se habilitó en 1785.

En la sala parroquial, el pueblo y las autoridades juraron, el 15 de agosto de 1816, la Independencia proclamada en Tucumán, y el 9 de julio de 1853, la Constitución sancionada en Santa Fe.

En el claustro anexo al templo, funcionó el Colegio Fiscal de Varones, creado por Domingo Faustino Sarmiento cuando ejercía la Gobernación de la provincia. El edificio actual fue construido a instancias del dominico salteño Fray Moisés Vicente Burela.


Las obras se iniciaron en 1874, y se inauguró el 8 de septiembre de 1878. La fachada principal fue afectada por el terremoto de 1894, y su reconstrucción culminó en 1900. El sismo de 1944 ocasionó el derrumbe parcial de la nave central y otros daños, reparados en 1947.

En el templo, ubicado frente a la plaza principal del pueblo, se venera la imagen de San José -declarado patrono y protector de la Villa, según consta en el acta fundacional- de procedencia altoperuana, llevada a Jáchal en 1690, y la imagen de la Virgen de Cuyo.

También guarda las imágenes del Niño Jesús (a la que se atribuye el milagro de haber amparado al pueblo cuando fue tomado por la montonera de Felipe Varela) y de Cristo Crucificado, ambas del siglo XVIII. La fachada principal del templo, orientada hacia la plaza, está configurada por tres arcos que, integrados en tres paños, sostienen el frontón triangular del pórtico.
El templo tiene muros de adobe de 1,20 m. de espesor, y la cubierta es de chapas sobre cabriadas de madera. Un par de columnas centrales dividen el espacio interior en tres naves, de ornamentación muy austera. La torre, construida en 1959, es de hormigón armado.


martes, 13 de abril de 2010

Plaza de la República 1936


Plaza de la República en febrero de 1936, Av. Corrientes y 9 de Julio. Al fondo a la izquierda, Avenida Corrientes vista hacia el oeste, a la derecha, diagonal Roque Sáenz Peña hacia el noroeste. Col. Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires.

http://www.buenosairesantiguo.com.ar



Casa de Tucumán



Gracias a esta fotografía que tomó el fotógrafo Angel Paganelli en 1868 pudo reconstruirse la Casa de Tucumán, tal cual era cuando se declaró la Independencia en el año 1816.



lunes, 12 de abril de 2010

Viaducto Carranza: el asfalto apenas duró un año y medio - parte 2

Como el Muro de Berlín


El funcionario agregó que "cuando hicimos una inspección, notamos que las obras no estaban en condiciones. Por eso se intimó a la empresa constructora a que cumpliera lo pactado, cosa que está haciendo ahora." Pero la queja de los vecinos no termina allí: también denuncian que hace dos meses cerraron el paso peatonal a nivel del suelo en la estación de tren Ministro Carranza, del ferrocarril Mitre, que pasa por encima del túnel.

Y que la Comuna abandonó a medio terminar las plazoletas que están a ambos lados de la estación, donde se juntan montones de tierra que con la lluvia hacen del lugar un barrizal.

"Este viaducto arruinó el barrio", sintetizó Horacio Laborde, que vive allí desde hace 48 años. "Y encima ahora construyeron un Muro de Berlín, que nos divide en Palermo del norte y Palermo del sur".

Nélida Ocampo, dueña de un comercio ubicado del lado de Dorrego, está juntando firmas para que se reabra el paso: "Hay un único paso peatonal que comunica con Santa Fe, que es subterráneo. Y si bien tiene rampas para discapacitados, la gente mayor no puede subir las escaleras".

"Además, ¿quién quiere cruzar un túnel para comprar algo en un local que está del otro lado?", agregó Roberto, el florista que trabaja frente a la salida del subte.
Baños subterráneos


"La Comuna no va a abrir ese paso por seguridad -replicó Klause-, porque en esa vía solía haber muchos accidentes. Ahora estamos construyendo baños en el segundo paso subterráneo, que se va a abrir a mediados de marzo. Y luego evaluaremos si conviene hacer otro paso sobreelevado." Respecto de las plazas secas que quedaron inconclusas, explicó que "estamos esperando recibir un equipo de riego para poner la tierra y las flores". Según su estimación, esto sucederá en 15 días.


"Lo peor es la inseguridad: si alguien tiene un accidente, acá no puede llegar ni una ambulancia", se quejó Luis, un vecino del edificio de Santa Fe al 5325.

De hecho, un episodio así ocurrió en 1995, mientras el túnel estaba todavía en construcción.
Esa vez, Jorge Rivero, un nene de 2 años, murió atragantado con una uva porque la ambulancia no pudo llegar a tiempo a causa de las obras. Para esa tragedia, sin embargo, nadie tuvo una respuesta.


Viaducto Carranza: el asfalto apenas duró un año y medio - parte 1


Se levantó en varios tramos del túnel · Para repararlo cortaron dos carriles · Conecta Santa Fe con Cabildo · Los automovilistas se quejan de los embotellamientos · Y los vecinos, porque las obras nunca terminan

A solo un año y medio de su inauguración, se levantó el asfalto en el viaducto Carranza, que vuelve a ser tema de conflicto para los habitantes de Palermo y Belgrano. Desde mediados de enero, el túnel de 610 metros que conecta las avenidas Santa Fe y Cabildo está siendo reparado, y tiene dos de sus cuatro carriles cortados al tránsito. Automovilistas y vecinos se preguntan ahora por qué, y hasta cuándo, deben soportar embotellamientos en las horas pico. Sobre todo, teniendo en cuenta que tuvieron que esperar ocho años para que se concretara la obra, que terminó costando 21,5 millones de dólares, casi cinco veces más que los 4,5 estimados en principio.

Pista de picadas
Tanto el Gobierno de la ciudad como la empresa contratista del viaducto -la Unión Temporaria de Empresas (UTE), conformada por las constructoras Benito Roggio, Aragón y Sitra- dijeron a Clarín que estos arreglos "no le están costando nada" a la Comuna. Excepto un trabajo adicional: la colocación de unos reductores de velocidad para que el paso "no se convierta en una pista de picadas".
"Esto fue un gran negociado y ahora se ven las consecuencias: no solo se rompió el asfalto, sino que cuando llueve mucho cae en el túnel una catarata de agua", dijo el ingeniero Carlos Molina, de la Comisión Vecinal Viaducto Carranza, que históricamente criticó el proyecto. .
Segúnla UTE, los arreglos son un "refuerzo sobre la capa asfáltica, que se resquebrajó por el intenso tránsito".
El problema se complicó "por las vibraciones de la línea D del subterráneo, que pasa debajo", y porque la obra sufrió una interrupción "que dejó dos capas de hormigón hechas en distintos momentos, dificultando la absorción de las vibraciones", explicó un vocero.
La empresa señaló que los trabajos concluirán en 45 días. Y aseguró que esta vez serán "definitivos", ya que se remplazará el hormigón de las cuatro calzadas con "materiales idóneos".
El ingeniero Hugo Klause, subsecretario de Obras y Servicios Públicos de la Comuna porteña, dijo por su parte que "en la anterior gestión (el viaducto se abrió el 23 de agosto de 1995, durante la intendencia de Jorge Domínguez), ante el apuro de inaugurar obras se usaron materiales baratos, que no eran los apropiados".

domingo, 11 de abril de 2010

La muerte del General Urquiza



En 1868 asumió una vez mas la primer magistratura provincial, la que en definitiva le costó la vida. “Usted no necesita de ese puesto para ser el hijo querido y obedecido del pueblo entrerriano” – le aconsejaba uno de sus hijos-, sin poder convencerlo.
Constituyó, seguramente, un error político el retorno del General Urquiza al gobierno entrerriano en los últimos años de la década del sesenta. Signos de oposición habían comenzado a manifestarse en varios sectores desde tiempo atrás.
Contribuyeron a moldear el panorama adverso innumerables factores coyunturales y estructurales, actuales y de larga data. Entre ellos, la actitud de acatamiento al gobierno de Mitre frente a la guerra del Paraguay cuando el sentimiento popular entrerriano la rechazaba –las deserciones de Basualdo y Toledo lo evidencian-; la presencia del Presidente Sarmiento visitando a su antiguo adversario político en el Palacio San José para conmemorar la batalla de Caseros; las medidas económicas adoptadas ante la grave crisis que vivió la provincia litoraleña; la oposición política agrupada en torno a la figura de Ricardo López Jordán.
Suma de razones que condujeron al movimiento revolucionario que se inició con el asalto a la residencia particular de Urquiza y que provocara su asesinato el 11 de abril de 1870 en su dormitorio.
Las consecuencias de la trágica muerte del General Entrerriano fueron la intervención de las tropas nacionales y los enfrentamientos armados, campos devastados, estancias saqueadas, gobiernos inestables, pérdida de peso político en el contexto nacional, razones que a su vez postergaron por largos años el crecimiento de Entre Ríos.
Aciertos y errores generaron adhesiones y oposiciones.
Perspectivas diferentes de sus propios coetáneos, las que después se extendieron a lo largo del tiempo generando posturas históricas contrapuestas. Actuó en un contexto histórico determinado, el que le brindó posibilidades y limitaciones, y quizás es dable aplicar lo sostenido por Maquiavelo para el Príncipe, “prospera aquel que armoniza su modo de proceder con la condición de los tiempos y... paralelamente, decae aquel cuya conducta entra en contradicción con ella.
La vida del General Urquiza concluyó, pero no el producto de su acción. Su huella fue lo suficientemente profunda para mantenerse en el tiempo. Comprendida o no, aceptada o rechazada, con éxitos y errores, pero indeleble, su figura continua hoy siendo el símbolo por excelencia de la provincia litoraleña a la que perteneció y a partir de la cual extendió su acción al resto del país con una mentalidad nueva, aunque sin abandonar definitivamente los modelos culturales en los que originariamente se formó.
Justo José de Urquiza concilió la transición entre dos tiempos diferentes, forjando una obra que pervive hoy por su magnitud e incidencia en la historia nacional.
Prof. Ana Maria Barreto
Jefe de Departamento Educativo y de Extensión Cultural
Palacio San José – Museo Urquiza

El humor de Rosas - parte 2

Las cosas se hicieron en la forma dispuesta y cuando regresaban del río Manuelita y sus acompañantes, una de ellas, al ver a las mulas con sus gorras, exclamó llena de sorpresa:

- ¿Qué es aquello?
- ¡Qué va a ser! –dijo doña Mercedes-, una broma de Juan Manuel, ¡ya verán cómo me las va a pagar!

Don Juan Manuel al oír las risas se asomó, riéndose a su vez a desternillarse, como se decía entonces, y presentándose a las del grupo les preguntó qué les pasaba, a lo que Mercedes le respondió riendo también:

- Lo que ha pasado ya lo has visto, pero “donde las dan las toman”.
- Todos reían; pero don Juan Manuel, que conocía a su hermana, se dijo:
- Esta me va a hacer alguna de las suyas, y no tendré más remedio que aguantarme –recordando una broma que le había hecho en “El Pino”.

Duró mucho tiempo el éxito de esta broma siendo motivo de chascarrillos familiares, a los que replicaba el autor “que ése era el efecto que le causaban las mujeres con esos bonetes”.

Una noche, en su casa de la calle Santa Rosa (actual Bolívar), celebraba doña Mercedes una reunión de familia con asistencia del maestro Esnaola, a la que había concurrido don Juan Manuel, bastante resfriado, pero con un buen abrigo y una boa muy fina, regalo del general Ibarra, que le servía de abrigo a la boca cuando salía a la calle.

Cuando entró se sacó el abrigo y, junto con la boa, lo dejó en una salita.

Durante la reunión todos le decían a Rosas que había hecho muy mal de haber salido con una noche tan fea; pero él contestaba diciendo que con un capote grueso como el que llevaba y su boa, no le temía al mal tiempo.

A instancias de las circunstancias la mandó buscar para enseñarla y con gran sorpresa suya se presentó Cimarrón, el perro mimado de la casa, con la prenda atada al cogote como collar.

Ante la risa de los concurrentes, don Juan Manuel, dirigiéndose a Mercedes, riendo como todos, le dijo:

- ¿Tú has andado en esto?
- ¿Y por qué he de ser yo?
- Porque eres la única capaz de tomarse esa confianza.
- Yo no sé, Juan Manuel, quién habrá sido; pero voy a mandar averiguarlo.
- Necesito –dijo a Pepa, su criada de confianza- que me averigües quién ha tomado la boa de mi hermano.
- Muy bien, su merced.
- Y en cuanto encuentres al que se la ha puesto al perro, me lo traes.

Mientras tanto don Juan Manuel, conversando sin enojo, manifestó que sentía mucho su boa, porque no se la pondría jamás.

Al oírlo Mercedes le dijo que no fuera necio, que la cosa no era para tanto, pues ella y sus amigas se habían puesto siempre las gorras, a pesar de que las usaron las mulas, riéndose de la cara de su hermano, que la miraba sonriéndose y repitiéndole aquello de “donde las dan las toman”.

Así es –dijo don Juan Manuel- pues las cosas no tienen mayor importancia sino porque, como tú muy bien comprenderás, las gorras en las cabezas de las mujeres no tienen el mismo uso que tiene la boa, que lo es en la boca, y como ésta ha andado por el suelo y en el cogote del perro, no podré usarla.

Estaban en eso cuando apareció Pepa trayendo una bandeja de plata, en cuyo centro venía una hermosa boa primorosamente sahumada, tejida en finísima seda y vicuña, la que después de saludar ceremoniosamente a don Juan Manuel le dijo:

- Mi amita, la señora doña Mercedes, me encarga ponga en sus excelentísimas manos esta boa, que ella misma ha tejido para que la use en su nombre, y no le guarde rencor.

Don Juan Manuel se levantó, tomó la boa, la besó y dirigiéndose a su hermana le dio las gracias, felicitándola por ser autora de un trabajo tan fino, que no merecía.

La reunión terminó en medio de la alegría general, celebrando todos la broma y quedando los dos hermanos tan amigos y unidos como antes.

Don Juan Manuel juró no hacerle ninguna broma más a Mercedes, se guardó la boa que había llevado en el bolsillo, se colocó la que le acababa de regalar su hermana y no volvió a usar otra sino ésta.


Bilbao, Manuel – Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires – Ed. Ferrari, Buenos Aires (1934).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
www.revisionistas.com.ar