viernes, 31 de julio de 2009

Relato de Cornelio Saavedra sobre el 24 y 25 de mayo de 1810

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HOMBRES Y SUCESOS DE LA EMANCIPACIÓN EL 24 Y 25 DE MAYO DE 1810
El 24, procedió el Cabildo al nombramiento de vocales de que se debía componer la junta de Gobierno de estas provincias y las que comprendía la dilatada extensión del Virreinato. El doctor don Juan Nepomuceno Sola, don José Santos Inchaurregui, el doctor don Juan José Castelli y yo, fuimos los electos en aquel día; y para la presidencia, el mismo don Baltazar Hidalgo de Cisneros; se recibió esta junta el mismo día 24 a la tarde El 24 principió sus sesiones y nada se hizo en ellas que mereciese la atención. El 25 volvió a aparecer, de un modo bastante público, el descontento del pueblo con ella; no se quería que Cisneros fuera el presidente ni por esta cualidad darle el mando de las armas, ni a los vocales Sola e Inchaurregui, por sus notorias adhesiones a los españoles.

Todo aquel día fue de debates en las diferentes reuniones que se hacían y particularmente en los cuarteles. A1 fin, el día 25, quedó también disuelta esta Junta y yo fuí el que dijo a Cisneros que era necesario se quedase sin la presidencia, porqúe el pueblo así lo quería; a lo que también él allanó sin dificultad. Reunido éste en la plaza, aquel mismo día, procedió por sí al nombramiento de la junta, que estaba resuelto se estableciese en los acuerdos anteriores y recayó éste en las personas de don Manuel Belgrano, el doctor Juan José Castelli, el doctor don Manuel Alberti, don Juan Larrea, don Domingo Matheu y yo, que quisieron fuese el presidente de ella y comandante de las armas. Con las más repetidas instancias, solicité, al tiempo del recibimiento, se me excusase de aquel nuevo empleo, no sólo por la falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino también porque, habiendo tan públicamente dado la cara en la revolución de aquellos días, no quería se creyese había tenido el particular interés de adquirir empleos v honores por aquel medio.

A pesar de mis reclamos no se hizo lugar a mi separación. El mismo Cisneros fué uno de los que me persuadieron aceptase dicho nombramiento por dar gusto al pueblo. Tuve al fin que rendir mi obediencia v fuí recibido de Presidente v Vocal de la Excelentísima Junta, prestando con los demás señores ya dichos, el juramento de estilo en la sala capitular, lo que se verificó el 25 de mayo de 1810, el que prestaron igualmente los doctores don Juan José Paso y donMariano Moreno, que fueron nombrados secretarios para dicha junta. Por política fué preciso cubrirla con el manto del señor Fernando VII, a cuyo nombre se estableció y bajo de él expedía sus providencias v mandatos.

La destitución del virrey y creación consiguiente de un nuevo gobierno americano, fué a todas luces el golpe que derribó el dominio que los reyes de España habían ejercido en cerca de 300 años en esta parte del mundo, por el injusto derecho de conquista; y sin justicia no se puede negar esta gloria a los que, por libertarla del pesado yugo que la oprimía, hicimos un formal abandono de nuestras vidas, de nuestras familias e finte. reses, arrostrando los riesgos a que con aquel hecho quedamos expuestos. Nosotros solos, sin precedente combinación con los pueblos del interior, mandados por jefes españoles que tenían influjo decidido en ellos, confiados en nuestras pocas fuerzas y su bien acreditado valor, y en que la misma justicia de la causa de la libertad americana, le acarrearía en todas partes prosélitos y defensores, nosotros solos, digo tuvimos la gloria de emprender tan abultada obra. Ella, por descontado, alarmó al cúmulo de españoles que había en Buenos Aires y en todo el resto de las provincias, a los gobernadores y jefes de lo interior y a todos los empleados por el rey, que preveían llegado el término del predominio que ellos les daban entre los americanos.

En el mismo Buenos Aires, no faltaron hijos suyos que miraron con tedio nuestra empresa: unos la creían inverificable por el poder de los españoles; otros la graduaban de locura y delirio de cabezas desorganizadas; otros, en fin, y eran los más piadosos, nos miraban con compasión, no dudando que en breves días seríamos víctimas del poder y furor español, en castigo de nuestra rebelión e infidelidad contra el legítimo soberano, dueño y señor de la América y de las vidas y haciendas de todos sus hijos y habitantes, pues hasta estas calidades atribuían al rey en su fanatismo. ¿Será creíble que al fin éstos han salido más bien parados que no pocos de nosotros? Pues así sucedió. No pocos de los que en el año 10 y sus inmediatos eran, o fríos espectadores de aquellos sucesos, o enemigos de aquellas empresas y proyectos de la libertad e independencia, cuando vieron que el fiel de la balanza se inclinaba en favor de ellos, principiaron también a manifestarse patriotas y defensores de la causa y por estos medios han conseguido reportar el fruto de nuestras fatigas, mientras algunos de mis compañeros de aquel tiempo, y las familias de los que han muerto, sufren como yo, no pocas indigencias, en la edad menos a propósito para soportarlas o repararlas con nuestro trabajo persona.

Sin embargo, ellos y yo, en el seno de nuestras escaseces, y desde el silencio de nuestro abandono y retiro, damos gracias al Todopoderoso por haber alcanzado a ver realizada nuestra obra y a la América toda independiente del dominio español. Quiera él mismo también la veamos libre del incendio de pasiones y facciones que en toda ella han resultado en estos últimos años . .
CORNELIO DE SAAVEDRA (1)(Museo Histórico Nacional, Memorias y Autobiografías.)
(1) CORNELIO DE SAAVEDRA. Precursor de la independencia y presidente de la Primera Junta Gubernativa. Nació en Potosí, en 1761 ; murió en 1829, en Buenos Aires. Después de la Reconquista fué jefe del regimiento de Patricios y en 1809 (1º de enero) desbarató el plan de los españoles para eliminar al Virrey Liniers de la escena política. Su voto arrastró la mayoría en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, y su actitud como militar decidió el movimiento revolucionario del 26. Sufrió las consecuencias de la revolución del 6 y 6 de abril de 1811, siendo objeto de persecuciones y vejámenes injustos. Vivió confinado hasta 1816 en que fué reintegrado a su rango militar, desempeñando la jefatura del estado mayor del ejército. Se 'retiró poco después y vivió oscuramente dedicado a trabajos de campo. En 1831, el gobierno de Buenos Aires decretó un monumento a la memoria de Saavedra en el cementerio del Norte.
Del libro Estampas del pasado Tomo 1, de José Luis Busaniche, editorial Hyspamérica, edición 1971.

jueves, 30 de julio de 2009

Origen de las frases - Parte 1

“Agarrate Catalina”
Significado real: Rompé con las tradiciones.
Historia: La joven Catalina pertenecía a una familia de trapecistas en un circo que recorría los barrios porteños en los años 40. Su bisabuela, su abuela y su madre habían muerto durante diversas actuaciones, sin embargo ella contra todos los consejos decidió seguir la tradición familiar y se hizo trapecista. Entonces todo el mundo a modo de cábala antes de cada función le decían “Agarrate bien Catalina”. Con el correr del tiempo la frase se fue deformando hasta llegar al conocido “Agarrate Catalina”
Finalmente Catalina murió a los 25 años durante una función del circo en el barrio de San Telmo cuando el hombre bala se estrelló contra su pecho.

“Tirar manteca al techo”

Significado real: Cuidate de los fantasmas Historia: Esta frase viene de la época en que la gente era muy supersticiosa porque todavía no se había inventado la luz eléctrica por lo tanto la oscuridad era más profunda y se tardaba bastante tiempo en encender alguna candela ante el menor ruido. En esa época se creía que esos temidos seres por todos llamados los “duendes violadores” caminaban por los techos cabeza abajo hasta las habitaciones de sus víctimas. Por lo tanto antes de irse a dormir la familia tiraba manteca al techo para hacerlos resbalar. Era muy común encontrar en las mañanas cadáveres de “duendes violadores” diseminados por la casa.
“Te quedás marrón”
Significado: Esta fiesta no es para cualquiera. Historia: En la época de la esclavitud en la Argentina había muchos negros traídos de África que trabajaban en las casas más adineradas de la Provincia, la diferencia con los negros de Brasil era que los africanos eran más negros, tan negros que casi eran marrones. Los hijos de los esclavos se criaban jugando con los niños de las familias potentadas. Sin embargo cuando había fiestas o reuniones con chocolatadas, bollitos y regalos para niños, los hijos de las familias potentadas se ponían felices sus vestidos de domingo y se burlaban de sus amiguitos hijos de esclavos diciéndoles “Vos te quedás, marrón” y entonces los hijos de los esclavos se quedaban en la casa llorando y eran azotados como diversión de los estancieros.

“Se armó la gorda”
Significado: Nunca desprecies a una mujer. Historia: En la época del Virreinato del Río de la Plata había un alto funcionario de la Monarquía española que había traído a toda su familia desde la península ibérica hasta Buenos Aires incluyendo a una hija gorda y fea que pasaban los años y no lograban casar con ningún criollo. Una tardecita, harta de los despechos y las burlas, la gorda le robó el arcabuz a un guardia de su padre, fue hasta el baile de máscaras que se celebraba a pocas cuadras del cabildo y la emprendió a los tiros contra los presentes. El saldo del hecho fue solamente una anécdota divertida ya que la gorda no acertó su único disparo porque además no sabía cómo recargar el arcabuz. Se fue del baile llorando entre las burlas de todos y esa misma noche se lanzó al Río de la Plata, pero fue rescatada por las tropas de piratas ingleses quienes la violaron y maltrataron durante largos meses hasta que se aburrieron y se la comieron.

miércoles, 29 de julio de 2009

El que se estanca se pudre

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“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, Pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: Se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha, se estanca, como el agua. El que se estanca se pudre.”

El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 6


En 1896 y por vez primera entra al puerto local un buque de grandes dimensiones. Carga hasta 6.000 toneladas. Se trata del vapor español Noviembre, que llega procedente de Cardiff, y trae en sus bodegas 4.768 toneladas de carbón para las obras del Riachuelo y 500 toneladas de carga general.

El 24 de junio de 1897 se inauguró el que sería conocido como el “Puerto Madero”, en honor a su diseñador y constructor, una de cuyas entradas era la Dársena Norte construida, como casi todo el puerto sobre el antiguo fondeadero de “Balizas Interiores”. La Dársena Norte poseía dos diques de carena, uno de los cuales fue inaugurado oficialmente por el crucero acorazado “25 de Mayo” el mismo día de la inauguración del puerto. Pero el primer buque que ingresa es el “Regina Margherita”.

Al año siguiente en octubre de 1898 estos diques de carena fueron puestos bajo la dependencia del nuevo Ministerio de Marina y allí se trasladaron los “Talleres Nacionales de Marina”, que hasta entonces habían funcionado en la zona del Tigre en la Provincia de Buenos Aires y nació el A.N.B.A. (Arsenal Naval Buenos Aires) Este Arsenal cumplió durante muchos años una tarea no solo militar sino también civil, incrementándose esta última a partir de la creación de la Base Naval de Puerto Belgrano.

Ya en este siglo , en 1908 se autoriza por ley al Poder Ejecutivo a contratar las obras del Puerto Nuevo de Buenos Aires, ya que el existente, construido sobre el proyecto de Madero, construido a fines del siglo anterior, resulta insuficiente para recibir los buques del exterior. Y en 1911 se inician las obras de Puerto Nuevo, con dos escolleras y cinco espigones, además de otras obras complementarias que se levantarán a lo largo de cinco kilómetros.

El movimiento de buques en 1910 llegó a más de 32.000 embarcaciones, movilizando un torrente diario de 30.000 toneladas de cereales. La Argentina se había ganado así un puerto monumental, pero con una capacidad que se tornaba cada año más insuficiente para atender las demandas del comercio mundial. Por ello en 1911 se iniciaron las obras proyectadas por el Ing. Huergo, las del denominado Puerto Nuevo, concluidas en 1926 y que transformaron a Buenos Aires, según lo consignó una publicación marítima europea en 1932, en el primer puerto de América Latina y de todo el hemisferio austral.

Un nuevo bloqueo del puerto es realizado por Francia en 1838 . La potencia europea se irrita ante medidas de recargo aduanero decididas por Juan Manuel de Rosas. El conflicto responde a intereses de fondo -Inglaterra contra Francia- y se desencadena al recargarse en un 25 % los derechos de las mercaderías que, provenientes del exterior y destinadas a Buenos Aires, hubieran transbordado en Montevideo. El bloqueo decretado por la armada francesa fue inmediato y durante el primer semestre de este año el volumen de nuestro intercambio se reduce a una séptima parte.

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El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 5


En 1850 finaliza el conflicto con Francia al firmarse una convención de paz: el bloqueo al puerto de Buenos Aires. Con el levantamiento total del bloqueo al río de la Plata, el comercio mayorista - 34 casas inglesas y 14 españolas y criollas - ven llenar de nuevo sus depósitos.

Ya en 1855 se produce la inauguración del Muelle de Pasajeros en el entonces denominado Bajo de La Merced, entre las actuales calles Bartolomé Mitre y Juan Domingo Perón. En este muelle atracaban los lanchones de alije y transbordo desembarcando el pasaje con toda comodidad.

Era tan notorio el auge alcanzado por el Puerto de Buenos Aires que las autoridades nacionales construyeron dentro del área portuaria el edificio destinado a la Aduana, encargada a la sazón de las operaciones de manipuleo y almacenaje de mercaderías. El emplazamiento de esta llamada Aduana Nueva fue frente a la Plaza de Mayo, detrás del viejo fuerte. Desde el centro del edificio semicircular se proyectaba un espigón de madera, utilizado como muelle principal de pasajeros y carga, equipado con vías ferroviarias de trocha pequeña para el movimiento de zorras de transporte de carga entre el muelle y los almacenes, obra completada posteriormente con depósitos adicionales ubicados sobre la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) y rampas en curvas que unían la Plaza de Mayo con el Paseo de Julio.

En el último tercio del siglo pasado (1872) se construyó desde la costa de la barranca hacia el río donde hoy se halla el espejo de agua del apostadero, el muelle de “Las Catalinas”, llamado así porque se hallaba al frente de la Iglesia y Convento de Santa Catalina de Siena. El muelle se internaba 500 metros en el río y una línea ferroviaria circulaba por él, para la carga y descarga directas, rumbo a los depósitos que se hallaban en la costa. Ese fue uno de los muelles que sirvió de desembarcadero a los buques de inmigrantes durante las dos décadas inmediatamente anteriores a la construcción del “Puerto Madero”.

En 1875, ante el ímpetu tomado por el país en los últimos años se piensa ya seriamente en convertir el vetusto puerto porteño en algo más apto para la recepción y el envío de pasajeros y productos. Se preparan estudios referentes a canalización y muelles. Las existencias de ganado bovino y ovino están listas para servir a la economía del país, y los envíos de carnes incentivan a los productores. Buenos Aires asombra por la elegancia de su gente, y los paseos vespertinos “tienen esplendor” para un riguroso inglés.

Hacia 1880 el Puerto de Buenos Aires contaba con tres espigones: uno de aduana para carga y descarga de mercaderías; el segundo en el Bajo de La Merced destinado al embarque y desembarque de pasajeros y el tercero, de Las Catalinas, también para pasajeros, desembarcándolos desde lanchones a carretas tiradas por caballos que operaban alrededor del viejo Hotel de Inmigrantes. En rigor de verdad, más que de muelles se trataba de escolleras que sólo brindaban comodidad a barcos pequeños o medianos, en tanto que los de gran calado debían anclar a buena distancia de la costa.

Ya Pacificado, en 1882, el país se desarrolla velozmente, ascendiendo el comercio exterior este año a más de 115.000.000 de pesos. El gobierno nacional contrata con los señores Eduardo Madero e hijos la construcción del Puerto de Buenos Aires. La obra tiene inmediatos opositores. Son los lancheros, quienes la critican, pues los deja sin el embarque de pasajeros y el trasbordo de mercaderías. La inquietud de los lancheros llega a los periódicos y es comentada risueñamente por la población.

En 1886 prosiguen los estudios tendientes a darle a Buenos Aires un puerto que la merezca, y los ingenieros convienen en que hay que establecer dos canales de acceso y modificar la dirección del canal existente para entrar en el Riachuelo. Queda librada al servicio público una vía de cabotaje, construida al oeste del puerto de la Ensenada, en las inmediaciones de La Plata.

Por esos años, la Argentina era un país agro exportador e importador de productos manufacturados. En esta década, se construyen las instalaciones portuarias de acuerdo al proyecto del ingeniero Eduardo Madero. Las obras se iniciaron en 1887 y pocos años después se inauguraron las primera sección del proyecto que contemplaba una dársena al Sur con antepuerto, otra al Norte, con diques de carena y entre ambas dársenas cuatro diques.

Grandes cantidades de dinero y más de diez años de trabajo, fueron invertidos en la realización total de esta obra. El predio comprende cuatro diques interconectados y dos dársenas (Norte y Sur). Los diques, se dividen a su vez, en cuatro galpones de 19.600 metros cuadrados cada uno. El 11 de junio de 1897 se inauguran los diques de carena construidos en la Dársena Norte del puerto de Buenos Aires, según lo dispuesto por la ley 3315. Como consecuencia de la ubicación de los nuevos diques, se dispuso el traslado del personal, las escuelas y los materiales de Tigre al puerto de Buenos Aires.


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martes, 28 de julio de 2009

El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 4


El primer transatlántico que llega viene de Inglaterra, esto ocurre en 1824. Su nombre es el Condesa de Chester, que trae correspondencia de Chile y de Perú. La llegada de otros buques de ultramar repercute en el ánimo de los porteños, quienes eligen al puerto como escenario de sus entusiasmos. Se funda la Imprenta del Estado y se hace obligatoria la vacunación antivariólica para los alumnos de las escuelas.

En 1825 Brasil declara su independencia y declara la guerra a las Provincia Unidas del Río de la Plata por que esta ha declarado a la Banda Oriental incorporada a las Provincias Unidas del Río de la Plata. Muy pronto los brasileños establecen el bloqueo a los puertos argentinos. Como consecuencia de este enfrentamiento, en 1828 el Río de la Plata ha quedado partido en dos, dividido en dos puertos, Buenos Aires y Montevideo.

El movimiento portuario crecía y en 1829, el puerto tiene por esta época el siguiente movimiento de importaciones: Gran Bretaña: 4.000.000 de pesos fuertes; Francia: 550.000; Norte de Europa: 425.000; Gibraltar, España y Mediterráneo: 575.000; Estados Unidos: 900.000; Brasil: 950.000; y La Habana y otros países: 425.000.

Un año más tarde Francia, potencia mundial, comienza a influir en el Río de la Plata. Su aparición rioplatense es de franca competencia comercial con Inglaterra. Y si la Rubia Albión tiene buen campo de acción en Buenos Aires, la Francia se asentará en Montevideo, ciudad que comienza un crecimiento vertiginoso merced a la industria de los saladeros. Con abierta ventaja del puerto montevideano sobre el porteño: facilidad de carga y descarga. La competencia entre los dos gigantes de Europa tiene en estas playas mercados diferentes. Francia enfoca los artículos de lujo - telas linos, joyas, etc.- en tanto que Inglaterra insiste en enviar telas de algodón y de lana, utensilios de hierro, artículos de loza, vidrio, etc. Francia no logra romper este mercado, ya que las manufacturas inglesas son en la Argentina artículos de primera necesidad. En la ropa del gaucho -salvo el cuero- todo viene de Inglaterra. Los vestidos de las chinas salen de los telares de Manchester. La olla de la comida, las espuelas, los cuchillos.

En 1831, se concreta un interesante proyecto, tendiente a nacionalizar las rentas de la Aduana del puerto porteño y terminar con el monopolio habilitando el de Santa Fe. Pero esta resolución se derrumba ante el Pacto del Litoral, en el que se reconoce como puerto único al de Buenos Aires. Juan Manuel de Rosas, gobernador de Buenos Aires, ha ganado una vez más. Así lo dice el “Diario de la Tarde”, que aparece este año como defensor de los intereses de la Confederación Argentina.

En el año 1832, el puerto adolece de numerosos inconvenientes, no acordes con el papel extraordinario que juega en el ajedrez político y económico del país. La carga y descarga de mercaderías se ven perjudicadas constantemente. El testimonio de un viajero acabado de llegar es muestra elocuente del estado poco progresista de este lugar clave de la metrópoli: “Voy en un buque dinamarqués, miserable en su comida, pero con buena gente del norte. En Punta de Indio divisamos la cruz en el río. Allí tomamos piloto. Al día siguiente avistamos a Buenos Aires, desde el amanecer. A las 10 desembarcamos, después de andar tres millas que dista el fondeadero. La ciudad se elevaba; sus torres, el elemento religioso, el elemento culminante, es lo primero que se muestra al viajero. El río es demasiado bajo, los botes no pueden acercarse, no hay muelle, y el medio inventado de desembarque es muy original. Carretillas tiradas por caballos penetran en el río con el agua hasta el eje, y allí reciben a los pasajeros...”.

En 1840, tras el levantamiento del bloqueo, el arribo libre de los barcos extranjeros al puerto dinamiza muy pronto el mercado porteño y los vecinos se desvelan por ponerse al día en ropas y diversos elementos.

Cinco años más tarde, en 1845, el año político se inicia con el nombramiento del General Paz como “Director de la guerra en nombre de la provincia de Corrientes y de la Revolución Argentina”. La situación existente se agrava y Francia e Inglaterra - perjudicadas por el conflicto - decretan el bloqueo de todos los puertos argentinos y uruguayos. Una expedición anglo-francesa combinada con la escuadrilla que comanda José Garibaldi, remonta el río Uruguay atacando y saqueando a Gualeguaychú. Intenta hacer lo mismo en Paysandú pero es rechazada por el General Antonio Díaz, que ha preparado la resistencia y combate con heroicidad durante una hora. Montevideo sigue sitiada y el General Rivera, que arriesga una salida, es derrotado por un General entrerriano del cual mucho se habla: Justo José de Urquiza. Buenos Aires se conmueve por una noticia que llega de Cádiz, dando cuenta que ha muerto el primer Presidente argentino, don Bernardino Rivadavia.

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El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 3


Hacia 1680 la población rondaba los 5000 habitantes. La economía de subsistencia fue evolucionado lentamente, gracias al capital invertido surgido del comercio, y se comenzó a explotar la producción de cueros y en menor medida de sebo y cecina (carne seca) que se obtenía del ganado cimarrón, que en esa época se movía libremente y sin dueño por los campos y era cazado en incursiones llamadas vaquerías. Otro motivo que acrecentó la importancia de la ciudad son las diversas confrontaciones limítrofes con los portugueses. Estos últimos, en ese mismo año, fundan Nova Colonia do Sacramento en la margen opuesta del Río de la Plata, frente a Buenos Aires. Esta ciudad que pasara de manos varias veces en los próximos siglos, contribuyó a desarrollar aún más el contrabando y significó una amenaza a la ocupación española de la región.

Tras el desalojo de los portugueses de la Colonia del Sacramento, se decretó la apertura del puerto para el comercio español en forma exclusiva, disposición que dio impulso al crecimiento portuario e hizo necesaria la creación de la Aduana.

Ya entrado el siglo XVIII, se produjo un cambio dinástico en la Corona española, instalándose la familia de los Borbones (que continúa hasta la actualidad), destacándose Carlos III, que aporta las nuevas ideas de la "Ilustración" europea. Se establece un nuevo concepto de estado para el imperio español, basándose su recuperación principalmente en una nueva relación con las colonias. Se libera el comercio con la metrópoli e incluso con otras potencias y se permite el comercio, antes vedado por aduanas internas, entre las regiones de la colonia, también se subdividen los grandes territorios creándose nuevos Virreinatos y Capitanías. Dentro de este marco la región del Río de la Plata cobra gran importancia como salida directa al Atlántico Sur, por su accesibilidad, por su posición estratégica en el conflicto territorial con Portugal y en el acceso del Cabo de Hornos, ruta al Pacífico que comenzaba a despertar gran interés en las Potencias Europeas.

Es así como en 1776 se crea el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires, incluyéndose dentro de su jurisdicción grandes territorios, hasta la misma Potosí, que antes estaba vinculada a Lima. En esta época se comienzan a operar grandes cambios en la ciudad, iniciándose la construcción de nuevos edificios. Es también en esta época cuando el desarrollo industrial de Inglaterra comienza a presionar para la ubicación de sus manufacturas y para la obtención de materias primas, comenzando a perfilarse el carácter agroexportador, que luego se perfeccionaría, en la región rioplatense.

El Virrey Cevallos aplicó una serie de reformas fundamentales. Prohibió extraer metales para Lima, iniciando así una política de reacción contra las pretensiones del Perú. A fin de evitar las pérdidas de trigo originadas por el desorden que se advertía en el trabajo, reglamentó las faenas de los peones. La medida fundamental de su gobierno es el auto de 1777 para el comercio libre, por el cual se abrió el Puerto de Buenos Aires. La acción del Virrey Vértiz, que le substituyó, fue variada e intensa. Durante su gobierno se inició un período de renovación

En 1806 Inglaterra decide ocupar el área del Plata, por la importancia comercial del Puerto de Buenos Aires y para paliar la pérdida de sus colonias del norte de América que le proporcionaban materias primas y mercados para sus manufacturas. Con un ejército poco importante ocupan Buenos Aires y contra sus predicciones, los porteños se oponen a esta ocupación y al poco tiempo un ejército armado por criollos, al mando de Santiago de Liniers, recupera la ciudad. Los ingleses preparan más tropas y en 1807 intentan retomarla, ya con un ejército superior pero esta vez se encuentran con una ciudad preparada y son derrotados.

Esta victoria de los porteños es sumamente significativa, ya que fue lograda por sus propios medios, sin intervención de la Corona. En 1808, Napoleón ocupa España, produciendo un cese de autoridad sobre las Colonias. Entre 1809 y 1810 se producen juntas y audiencias que establecen administraciones locales. En Buenos Aires, luego de una semana de debates, queda constituida el 25 de mayo de 1810, la Primera Junta de Gobierno, destituyéndose al Virrey. Esta Junta formada por Buenos Aires, se constituía en nombre de todo el Virreinato e invitaba a las ciudades del interior a enviar sus representantes, sin embargo, al llegar estos comenzaron a producirse roces de intereses, que pronto ocasionaron enfrentamientos entre Buenos Aires y el interior, que marcaron una serie de guerras civiles que precedieron a la organización de la Republica y que durarían cerca de medio siglo.

Producido el movimiento de liberación el 25 mayo de 1810, el Dr. Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta de gobierno, hizo balizar la boca del Riachuelo y dispuso la reparación de sus muelles y, posteriormente, su canalización y limpieza. 1820 fue un año de problemas para el puerto ya que una violenta sudestada con secuela de crecientes destruye parte del puerto, 60 buques y varios edificios. En medio de panorama tan desolador un viajero inglés que arriba se declara satisfecho por lo rápido y atento de un servicio argentino: el de la aduana. Se inicia la reconstrucción de la economía bonaerense, aboliéndose la estructura colonial e iniciándose el trasplante de instituciones europeas. Una primera lista de aranceles aduaneros presenta caracteres proteccionistas, lo que, políticamente. Otro hito importante fue la sanción de Ley de Promoción Portuaria, ocurrida el 22 de agosto de 1821 a instancias de Bernardino Rivadavia.

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El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 2


El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres mantuvo su fisonomía original hasta el 1607, año en que fueron propuestas las primeras renovaciones destinadas a otorgar un mínimo de espacio de amarre para la descarga de buques. Estas obras consistieron en un muelle de madera junto con varias torres dotadas de defensas de artillería y se emplazaron en la denominada "Guardia del Riachuelo". Posteriormente se introdujeron otras mejoras a las precarias instalaciones portuarias tales como un muelle de atraque en el "Bajo de las Catalinas"

Inicialmente todos estos territorios conformaron la Gobernación del Río de la Plata, dependiente del Virreinato de Perú, con capital en Asunción, pero en 1617, viendo la imposibilidad de manejar un territorio tan grande se la separa en dos, poniendo una parte de los territorios bajo jurisdicción de Asunción y dependiendo la otra de Buenos Aires, acrecentando su importancia administrativa de esta manera.

Las primeras descripciones escritas sobre el río corresponden a finales del siglo XVI y a mediados del XVII. El gobernador Pedro Esteban Dávila informaba al Rey de España en 1635 de las características del Puerto y el Río: “... de la dicha isla de San Gabriel se viene a dar fe de este puerto, el cual tiene por frente de la ciudad un banco o bajo de arena que se prolonga desde el riachuelo de los navíos, que es debajo de la ciudad un cuarto de legua hasta lo que llaman de Palermo, que para entrar en este puerto es menester descabezar este bajo y luego se viene prolongando la tierra firme donde esta situada la ciudad entre ella y el dicho bajo; que habrá de canal del banco a la tierra firme media legua, poco más o menos, donde hay tres pozos que sirven de surgidero , el uno enfrente del convento de nuestra señora de la Merced y más adelante hacia el Sud , otro pozo que esta enfrente del fuerte y casas reales, que es en medio de la ciudad, la parte mas eminente y donde esta mejor para ser señor de mar y tierra , y otro mas adelante casi en la boca del riachuelo donde invernan los navíos, que es un estero que tendrá de largo de su principio díez leguas y ancho muy poca cosa, capaz para muchos navíos de hasta 200 toneladas”.

Azcarate du Biscay, un viajero vasco con sobrenombre afrancesado confirma, pocos años después, la descripción del gobernador Dávila, al decir que: “...desde el Montevideo a Buenos Aires aunque hay un canal del lado norte, cuya mayor profundidad es de tres brazas, para mayor seguridad el viaje se hace cruzando frente a Montevideo hacia el canal sur porque es más ancho y tiene tres brazas y media de agua en el lugar menos profundo todo el fondo es fangoso, hasta dos leguas de Buenos Aires donde se halla un banco de arena, allí se toma práctico para ser conducido a un lugar llamado “El Pozo” justamente frente a la ciudad distante un cañonazo de la playa, adonde no pueden llegar más buques que los que tengan licencia del Rey de España; aquellos que no tengan semejante permiso están obligados a anclar una legua mas arriba.”

Como se ve por las descripciones el río frente a la ciudad, por la forma y características de sus fondos, hacía sumamente difícil el acceso por agua hasta cerca de la playa, ya que el frente de la población hacia el río estaba “protegido” por un gran banco de arena, llamado “Banco de la Ciudad”,de unas tres millas de ancho, que impedía el acceso directo, el cual debía hacerse por canales y canaletas que lo rodeaban y atravesaban hasta comunicar las “Balizas Exteriores”, detrás del “Banco de la Ciudad”, con las “balizas interiores” entre el banco y la ciudad, que eran un ancho canal abierto por el Norte pero cerrado al Sur (que es hoy la zona del viejo Apostadero Naval y del Puerto Madero), donde finalmente fondeaban las embarcaciones.

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El Puerto de Santa María de los Buenos Ayres - Parte 1

El Río de la Plata es un protagonista importante de la historia de la ciudad de Buenos Aires, su puerto fue el acceso exclusivo a la urbe desde otras partes del mundo desde su fundación hasta la creación de la vía aérea. Toda la historia del país transcurrió alrededor de la importancia de los muelles porteños.

Desde la pre-colonia hasta la formación de la República, el Puerto de Buenos Aires es la causa y el efecto de esta historia., la ciudad se fundó por y para el río y vivió desde sus orígenes a causa del río y por su posición en él. La primera fundación de Buenos Aires fue realizada por el adelantado Pedro de Mendoza en el año 1536, quien llegó desde España buscando un camino que condujese a riquezas en oro y plata. El adelantado nombro a las tierras “Puerto y Real de Nuestra Señora Santa María de los Buenos Aires”. La expedición había partido el 24 de Agosto de 1535 y en Febrero de 1536 las embarcaciones menores entraron en el “Riachuelo de los Navíos”, en cuya margen fundó el adelantado la ciudad. En el punto indicado construyese una iglesia, una casa para el adelantado y numerosas chozas.

La población se asienta en forma precaria debido a la carencia de materiales para construcción, a la escasez de alimentos del lugar y a los permanentes ataques de los aborígenes que sitian la ciudad provocando hambrunas a los españoles. De esta misma expedición partieron los exploradores que remontaron río arriba y en 1537 fundaron Asunción, que prontamente demostró mejores condiciones. En 1541 se decidió por fin levantar la población y los escasos residentes de Buenos Aires se trasladaron a Asunción.

De allí partió la expedición que realizó la segunda y definitiva fundación, realizada el 11 de junio de 1580 por Juan de Garay que procedió a fundar la Ciudad de la Santísima Trinidad y el Puerto de Santa María del Buen Ayre, enarbolando como lema una frase que señalaba el destino portuario de la Ciudad: "Es necesario que se abran puertas a la tierra y el suelo florezca, que sus frutos sirvan a su pueblo y a otros pueblos de la Tierra". En este caso ya no se buscaba riqueza puesto que ya se conocía lo que deparaba esta geografía fluvial, lo que se quería era ocupar el territorio, de gran importancia estratégica ya que significaba una importante salida al atlántico sur.

Hacia 1606, Santa María de los Buenos Ayres tenía cerca de 600 habitantes, un tercio de la cual eran portugueses dedicados al comercio (por la unión temporaria de las dos coronas) y ya había sufrido algunos merodeos de naves corsarias. Su población practicaba una economía de subsistencia basada en la explotación agrícola, sin producir excedentes por la escasa mano de obra, debido a la poca cantidad de indígenas de la zona.

Por el régimen comercial monopólico establecido por España, Buenos Aires estaba imposibilitada de funcionar como puerto. Sin embargo, por la conveniencia, muchos productos circulaban por este puerto provenientes de las nuevas potencias manufactureras de Europa, así como salía la plata y diversos productos hacia las colonias portuguesas. se calcula que durante los dos primeros siglos el 25% de la plata extraída de Potosí salió en forma ilegal por Buenos Aires, evitando también pagar los impuestos a la Corona.

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lunes, 27 de julio de 2009

Juan Isidro Quesada (1802-1876)


Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1802 y pertenecía a una familia de guerreros de la Independencia. Fueron sus padres el coronel Félix Isidro de Quesada de la Torriente, y Camila de Rocha y Esparza.

Siendo todavía un niño, Liniers lo nombró cadete del Regimiento Patricios de Buenos Aires. En la Revolución de Mayo fue admirador de Saavedra y se salvó de perecer en el Motín de las Trenzas porque un oficial lo detuvo a la entrada del cuartel. Tomó parte en el sitio de Montevideo hasta la caída de esta plaza; en 1815 hizo la campaña del Ejército del Norte con Rondeau; fue herido en Sipe-Sipe y hecho prisionero y comenzó un largo peregrinaje que lo dejó en las prisiones del Callao y en la reclusión de las famosas Casas Matas. Fue canjeado en 1820 por San Martín, quien lo ascendió a capitán y lo incorporó al Batallón 8 del Ejército de los Andes. Participó en la toma de Lima y condecorado con la Orden del Sol en clase de Benemérito (1821). Hizo la campaña de los puertos intermedios a las órdenes del general Alvarado y luchó en Calama, Locumba, Torata y Moquegua en 1823. Marchó con el general Miller a Ica; combatió en Pisco y en el asedio al Callao.

Al retirarse San Martín del Perú siguió en este país y se contó entre los vencedores de Junín y de Ayacucho (1824). En junio de 1826 volvió a Buenos Aires y luego se incorporó al ejército de la Banda Oriental, destinado a la guerra con el Brasil. Luchó en Ombú, Ituzaingó y Camacuá. La revolución decembrista de Lavalle (1828) lo tomó en la Provincia Oriental, y al regresar a Buenos Aires se retiró a la vida privada, pues era contrario a Lavalle y Paz.

Cuando el general Rosas asumió su primer gobierno nombró a Quesada edecán, cargo que desempeñó también durante el período gubernativo de Juan Ramón Balcarce. Pero en octubre de 1833, al estallar la Revolución de los Restauradores, fue puesto en prisión e incomunicado durante ocho días, pues se lo consideraba partidario de los restauradores. Cuando era trasladado en bote pudo sublevarse y pasar hasta el ejército del general Mariano Benito Rolón, en cuyas filas peleó junto a los rosistas. El 1º de diciembre del mismo año fue encargado de organizar el 2º escuadrón de Carabineros del Regimiento 1 de Campaña, puesto en que fue confirmado por el gobernador Viamonte en 1834.

Al frente del 2º escuadrón de Carabineros fue enviado en octubre de 1836, al punto llamado Laguna de las Mulitas; allí fundó un fortín con ese nombre y echó las bases de la actual ciudad de 25 de Mayo. Durante su permanencia en este fortín, el teniente coronel Quesada se caracterizó por su rigidez en la disciplina. Estuvo en campaña contra los salvajes tres años, nueve meses y diecisiete días. Su comportamiento en la guerra de frontera le valió ser ascendido a coronel graduado el 1º de mayo de 1839.

En 1840, cuando la invasión de Lavalle, marchó a Santos Lugares. Posteriormente, en enero de 1843, pasó a la Banda Oriental, con 1.000 hombres de las tres armas, y se incorporó a Oribe. Luchó contra los unitarios en la Colonia, el Paso del Palomo, Solís Grande, Arroyo Vejiga, Solís Chico, el Yi y el Cordobés. En 1846 le fue confiado el mando del ala derecha del ejército sitiador de Montevideo, en el Cerro, y luego la izquierda de la línea del Buceo. Permaneció en el Cerrito hasta el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas. Fiel a éste, se batió contra fuerzas urquicistas en San José, y cuando la capitulación del Pantanoso no aceptó el arreglo. Decidió regresar a Buenos Aires. Luego de estar preso en la otra Banda, pudo llegar al campamento de Santos Lugares y se incorporó a las fuerzas rosistas. El gobernador de Buenos Aires lo hizo su edecán, y como tal tomó parte en la batalla de Caseros, donde fue herido de bala.

Urquiza, de quien era amigo, lo reclamó. Estuvo con el levantamiento federal de diciembre de 1852; pidió a Urquiza que se pusiese a la cabeza del ejército sitiador de Buenos Aires, pero fue en vano; también reclamó que Hilario Lagos fuese reemplazado por el coronel Gerónimo Costa.

El presidente Urquiza lo designó jefe del regimiento Estrella, escolta presidencial. A fines de 1857 debió pasar con fuerzas federales a la Banda Oriental, para apoyar a los blancos. Peleó en Cepeda por la Confederación, pero en junio de 1861 pasó al Río Negro (Uruguay), enfermo, en busca de aguas medicinales. En agosto de 1862 se trasladó a Buenos Aires, y en setiembre de 1868 se lo incorporó a Plana Mayor de Guerreros de la Independencia. En noviembre del mismo año se trasladó a Concepción del Uruguay, donde residió hasta 1870, en que regresó a su ciudad natal. En 1845 se había casado con doña María Teresa Harguindeguy, con quien tuvo numerosos hijos.

Falleció en Buenos Aires el 14 de junio de 1876, después de haber realizado hazañas que han honrado su nombre; habiendo dejado sus Memorias, que fueron publicadas en 1960 por la Biblioteca de Mayo del Senado de la Nación., que encierran preciosos detalles sobre su larga y gloriosa carrera, y de los acontecimientos que presenció o fue actor en los varios países donde combatió por la causa de la emancipación americana.

Fuente
Chávez, Fermín – Iconografía de Rosas y de la Federación –Buenos Aires (1972).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
Yaben, Jacinto R. – Biografías argentinas y sudamericanas – Buenos Aires (1939).
www.revisionistas.com.ar

domingo, 26 de julio de 2009

Estación del Sud




Estación del Sud, Plaza Constitución (1895). Tranvías a caballo, chatas y carros, todo el movimiento de una terminal ferroviaria.

Estación Constitución, principios del siglo XX





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viernes, 24 de julio de 2009

Los hermanos Trifulca y el tranvía de los patos

Cuentan que el Puente Saavedra era, en la década de 1920, un lugar tenebroso, donde estaban ubicados locales que ofrecían "diversiones" no permitidas por la ley.Uno de esos lugares era el local regenteado por los hermanos "Trifulca", que se dedicaban entre otras cosas a los juegos clandestinos y a la prostitución. A tal punto funcionaba "ese negocio" que todas las noches pagaban un tranvía que se llamó el "tranvía de los patos" porque en el volvían "calladitos" y sin un centavo los que habían jugado clandestinamente.
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jueves, 23 de julio de 2009

El Atila del Sur


Protagoniza la Revolución Mexicana desde 1910, encarnó la lucha por la mejora de las condiciones de las clases menos favorecidas. Sus principios y propuestas siguen siendo hoy en día un punto de referencia básico en gran parte del campesinado mexicano.En México fue conocido como el "Atila del sur" pues encabezó la lucha agraria en su Estado natal de Morelos, en el sur del país. A él se le atribuye el lema "la tierra es de quien la trabaja". Héroe nacional, venerado por el campesinado mexicano. Sus adversarios consideraban que era simplemente un bandido roba-vacas que, con sus salvajes huestes armadas, amenazaba vidas, honor, propiedades y a la misma civilización.Con el paso del tiempo, Zapata se convirtió en héroe; los defectos del caudillo quedaron difuminados, olvidados, transformados por la pluma del poeta, la mano del muralista o las elocuentes palabras del político.


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Tierra y Libertad




video


El Cajón de Saavedra


En la calle Cabildo, frente al actual Puente Saavedra, estaba el famoso boliche El Cajón. Hay varias versiones sobre el origen de esta denominación.Una dice que es por la forma de ataúd que tiene la manzana donde está ubicada la cervecería Zurich, en Cabildo y Pico.Otra relaciona el nombre con una extraña historia protagonizada por el dueño del lugar. Según cuenta Edmundo Rivero en el libro Una luz de almacén. El lunfardo y yo (Buenos Aires, 1982, páginas 45-46), una vez, el dueño de este negocio fue dado por muerto por los médicos. Fue velado normalmente, pero cuando el cortejo fúnebre estaba llegando al cementerio, el féretro se empezó a mover. A pedido del cura, se abrió el cajón y, entonces, el supuesto finado salió vivito y hablando pavadas, ya que había sufrido un ataque de catalepsia. Para no olvidar nunca esta experiencia, este hombre mandó construir una casa en forma de ataúd.



miércoles, 22 de julio de 2009

Ayer Barracas, hoy Pueyrredón

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- Puente Barracas ca. 1890. Colección A.G.N.. Es el primitivo puente Pueyrredón, que cruzaba el Riachuelo a la altura de la calle Solá, luego Vieytes. Fue proyectado por Prilidiano Pueyrredón y fue inaugurado el 3 de Noviembre de 1870. Foto tomada por la Soc. Fotográfica de Aficionados.



- Foto de la Dirección Gral. De Obras Públicas. Nuevo puente Pueyrredón, Diciembre 1931, este sustituyó al Pte. Levadizo de 4 torres y está en actividad actualmente. La foto lo muestra recién inaugurado.

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martes, 21 de julio de 2009

Exequias del General Belgrano - Parte 2


Bernardino Rivadavia inició la libación. Levantó su copa, y derramándola sobre las flores con ademán sacerdotal, propuso una suscripción popular destinada a la fundación de una ciudad que llevara el nombre del ilustre patriota. Enseguida, el hacendado español José Ramón Mila de la Roca —hermano de José Vicente, que acompa­ñara por propia voluntad al general Belgrano, como secretario privado, en su desdi­ chada expedición al Paraguay— se dispu­ so a pronunciar un brindis que tenía escrito.

Era una alabanza del sentimiento de la amistad, "la dulce y verdadera", la "fina y constante" que lo había unido durante vein­ ticinco años "al noble ciudadano, al patrio­ ta honrado, al magistrado íntegro, al militar virtuoso, al general valiente y desinteresa­ do "... Pero don José Ramón quedóse sin voz a las primeras palabras, palideció y ca­ yó desvanecido. El desmayo le duró más de una hora, y al recobrarse estalló en so­llozos: aquel número inesperado acentuó el carácter patético de la conmemoración.

En la noche del día siguiente celebraba su función de beneficio en el Coliseo la ac­triz Ana Rodríguez Campomanes, quien la dedicó al "ilustre porteño general don Ma nuel Belgrano". Se estrenó una pieza pa­ triótica titulada La batalla de Tucumán, y asistieron al acto, desde el palco oficial, el gobernador Rodríguez, su ministro Rivada­ via y Manuel de Sarratea. Quince días más tarde, con motivo del beneficio de la actriz Antonina Montes de Oca, se le rindió nuevo homenaje. Después de ejecutar la orquesta el himno del banquete fúnebre, se estrenó una loa compuesta por el actor Joaquín Cu­lebras.

El héroe de Salta y Tucumán ascendía al cielo, donde era coronado por Jove, Marte y Apolo; el general, sin desconcertarse an­ te ese tribunal ecléctico, dirigía una oración a su virgen favorita, María de las Merce­des... La función continuó con Pablo y Virginia, drama extraído de la novela de Saint-Pierre en el que Antonina hizo el papel de la doncella y Trinidad Guevara, ídolo de la época, trocó su sexo, y el tramoyista se mofó del sol insular. Salió la concurrencia sorprendida de haberse encontrado al difunto cristiano en olímpicas alturas, y a la muy femenina Trinidad con pantalones, y el astro colgando de algo que resultó el arco iris.

A nadie extrañó, en cambio, el retorno de las musas. De Luca había escrito la letra del himno mencionado; Lafinur celebró en una oda el panegírico pronunciado en la Cate­dral por el doctor Gómez; un soneto elegía­co, firmado con dos iniciales inconfundi­ bles, V.L., apareció en El Argos.

Fray Cayetano Rodríguez no acudió a es­ te molde que empleara cuando lloró a Mariano Moreno: compuso un extenso elogio en prosa que destinaba al púlpito y que no pronunció; pero "los verdaderos apreciado­res del mérito" lo editaron en pulcro folleto de cincuenta páginas, aunque omitiendo el nombre del autor. Hasta el desmayo del se­ ñor Mila de la Roca tuvo consagración poética en un soneto anónimo: "Al mejor amigo de Belgrano"...

Cfr: Rafael Alberto Arrieta, "Exequias del general Belgrano", en: Instituto Nacional Belgraniano, Manuel Belgrano. Los ideales de la patria, Buenos Aires, Manrique Zago Ediciones, 1995, pp. 96-98.




Visión nocturna del mausoleo de Belgrano al conmemorarse en 1920 los 100 años de su deceso.

http://www.manuelbelgrano.gov.ar/belgrano_enfermedades_exequias.htm


Exequias del General Belgrano - Parte 1




Anverso y reverso de la medalla acuñada con motivo de la inauguración del mausoleo de Belgrano.

La muerte del general don Manuel Belgrano, acaecida en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, día caótico en que la ciudad vio sucederse tres gobernadores, no tuvo repercusión alguna en medio de las convulsiones de la anarquía. Sin otros recursos que el crédito de varios sueldos no cobra­dos, el auxilio personal de dos de sus hermanos —una mujer y un sacerdote— y la abnegación de su médico, el moribundo había concentrado en su último aliento el amor y el desencanto supremos de su vida: "¡Ay, patria mía!".

El vencedor de Salta y Tucumán fue en­terrado humildemente en el atrio del con­vento de Santo Domingo. Ocho días des­ pués se realizaron los funerales, casi en se­ creto, ante la indiferencia de la ciudad nativa. Sólo una "gaucha de Morón" pro­testó en verso por el "triste funeral, pobre y sombrío / que se hizo en una iglesia junto al río" a un patriota guerrero y fundador de escuelas; ni siquiera la municipalidad había estado representada, a pesar de haber re­ cibido de sus manos "el magnífico cuadro de blasones / que tiene en el salón de sus sesiones" , o sea la famosa tarja de plata de Potosí. La rimada protesta apareció en El Despertador Teofilantrópico, periódico de guardia del vigilante padre Castañeda, y en éste obtuvo respuesta por condigna pluma y ramplonería similar.

Se excusó allí a la ciudad ingrata y se anunció la segura glorificación nacional del prócer en días venideros. Lo que no tardó en llegar fue la corona poética del parnasillo urbano que sustituyó a los homenajes del gobierno. Esteban de Luca, ex alumno de la Academia Militar fundada por Belgra­ no en Buenos Aires, dedicó más de dos­cientos endecasílabos blancos a su muerte y cuatro octavas a sus exequias; Juan Cri sóstomo Lafinur, ex alumno de la Academia de Matemáticas fundada por el mismo ge­ neral en Tucumán, compuso un Canto ele­gíaco y un Canto fúnebre; Juan Cruz Vare­ la contribuyó con veinte estrofas que no lle­ varon su firma, y otras plumas anónimas entretejieron décimas, cuartetas y sonetos.

Al cumplirse el primer aniversario de aque­lla muerte, Buenos Aires, pacificada y opti­mista, se consideraba libre de las convulsio­nes de las demás provincias. El gobierno del general Rodríguez prometía todos los bie­nes. Don Bernardino Rivadavia, recién llega­do de Europa, asumió el ministerio que habría de resplandecer entre tanta sombra a tiempo para honrar oficialmente el aniversario luctuoso. Belgrano y Rivadavia, compa­ñeros de misión diplomática, se habían des­pedido en Inglaterra el 15 de noviembre de 1815, con motivo del regreso del primero a la patria, sin sospechar que se abrazaban por última vez. Se fijó el domingo 29 de julio para el solemne homenaje que retrotraería las exequias en el sentimiento público, si no en el tiempo. Y al año y treinta y nueve días del fallecimiento advirtió el cañón de la For­taleza, desde el amanecer, cada cuarto de hora, que la ciudad estaba de duelo, y ésta se aprestó arrepentida a participar en las honras fúnebres correspondientes a capitán general en campaña.

El figurado entierro salió de la casa mor­ tuoria a las nueve y llegó a la cercana Cate­dral a mediodía, pues hizo larga posa en cada bocacalle. Iba el armazón tumbal car­ gado por brigadieres y coroneles, y lo se­ guían las corporaciones civiles y eclesiásti­cas, las comunidades religiosas y todas las cruces parroquiales presididas por la del cabildo eclesiástico, cuyo deán hacía de preste. Los comercios habían cerrado sus puertas, y la muchedumbre afluía a la plaza donde el estado mayor a caballo, y los re­gimientos de línea y de cazadores, y una compañía de húsares y la artillería montada y otras fuerzas, todas enlutadas, consti­ tuían un espectáculo grandioso.

Un toque de clarín anunció la llegada del gobernador, de sus ministros, de los agen­tes diplomáticos de los Estados Unidos, de Chile y Portugal, de magistrados y altos funcionarios. Cuatro piezas de artillería atronaron al entrar en la Catedral la cabe­cera del cortejo.

El templo estaba decorado con esplendi­ dez. Impresionante túmulo de cuatro fren­ tes se alzaba hasta el cornijón de la cúpula. Banderas ganadas al enemigo se entrecru­zaban en cada uno de los pilares, también ornados con espadas, armas de fuego, tambores y cornetas. Iluminaban el conjun­ to numerosas hachas de cera y lacrimosos velones. La vigilia fue cantada y la misa se inició a las dos. Terminado el oficio, subió al púlpito el prebendado doctor Valentín Gó­ mez, y su elogio fúnebre, de severa elo­cuencia, puso fin a la ceremonia. Quince disparos de cañón anunciaron su término. Eran las cuatro y media de la tarde.

A las cinco, la "sociedad lucida" se reunió en casa de don Manuel de Sarratea, frente al atrio de Santo Domingo. Se había tendi­do en ella una amplia mesa para el banque­te conmemorativo, como en los funerales de Héctor. Grandes banderas colgaban de los muros del salón, y el retrato del prócer, coronado de laureles, presidía la reunión desde el testero. Sus amigos y sus compa­ñeros de armas entraron al son de un himno compuesto especialmente para el acto y cuyo coro armonizó las voces en esta súplica patriótica:

Ven, ¡oh, grande Belgrano! / Llega, ¡oh sombra sublime! / Del llanto nos redime, / Del llanto y del dolor.


http://www.manuelbelgrano.gov.ar/belgrano_enfermedades_exequias.htm


lunes, 20 de julio de 2009

Un Pueblo de Amigos es una Nación Imbatible

El Día Internacional del Amigo es una celebración ecuménica, que nació de la inquietud de un pensador argentino, el Dr. Enrique E. Febbraro, que sentía que era necesario una celebración de las virtudes más altas del ser humano.

En el año 1968, la carrera por alcanzar el sueño de la conquista del espacio llegaría en pocos meses más a su punto culminante, pues hacía tiempo que el hombre había comenzado a derribar barreras e iba produciéndose un acercamiento universal.

Este vertiginoso afán por trasponer las fronteras de la tierra y llegar a los confines del universo hacía que los hombres necesitaran cada vez más acercarse hacia otros hombres de ideologías, credos o razas diferentes, para lograr objetivos comunes (¡siempre es más fácil hacerlo en equipo!).

El objetivo concreto era llegar a la luna, y muchas personas tomaron conciencia de que la unión con sus semejantes los ayudaría a lograr más rápidamente el objetivo, ya que esta conquista había acaparado la atención y el interés de todos los seres humanos.

Este trabajo de los hombres unidos para conseguir la meta deseada, fue la fuente inspiradora de una persona que se encontraba en algún rincón del mundo, más precisamente en un lugar llamado Lomas de Zamora, en la República Argentina: Enrique Febbraro, Doctor en Odontología, Profesor de Historia y Ética, no quiso dejar de honrar este esfuerzo de la humanidad toda, ya que el hombre estaba construyendo una alianza sin fronteras y comenzaría a establecer vínculos de amistad entre todos los seres de la tierra.

Para concretar su homenaje, solicitó la colaboración de algunos amigos y personas cercanas a su pensamiento, y formó un equipo que trabajó durante un año sobre esta idea, bajo un concepto innovador: "Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. Él me enseña, yo le enseño. Ambos aprendemos y juntos vamos recorriendo el camino de la vida, creciendo. Sólo el que te ama te ayuda a crecer". Fue así que, como corolario de su tarea, instituyó el 20 de Julio de 1969 como el "Día Internacional del Amigo", en coincidencia con la llegada del hombre a la luna.
A partir de allí comienza un largo peregrinar del grupo de Dr. Febbraro, para difundir la idea y lograr el consenso necesario para celebrar el Día del Amigo. Su tarea se llevaba a cabo con un lema: "UN PUEBLO DE AMIGOS ES UNA NACION IMBATIBLE", y destacaban que sería una celebración ética, sin fines de lucro ni de fomento al consumo.

¿Cómo se hace un amigo? ¿Dónde se lo encuentra? El profesor comentaba que en cualquier parte: en el bar, en la oficina, en otra ciudad, en aquel país, a la vuelta de la esquina, a través de Internet, viajando, entre los animales y las plantas, o en el mundo de las ideas. Sólo hace falta alguna disposición a amar, a escuchar, a comprender, a abrirse al otro, a dar, a sentir placer de compartir su dicha y de acompañarlo en su pena.¿Cómo se conoce al amigo? "Es fácil, porque no se lo ve, se lo siente", decía nuestro amigo Febbraro. También apuntó que "Mi amigo es mi maestro, mi discípulo y mi condiscípulo. El me enseña, yo le enseño.

Buscó también a otras personas para popularizar su iniciativa. De esta manera se encuentra con Mirta Lancillotta Duarte, de la Provincia de Mendoza, Argentina, quien el 20 de Julio de 1988, funda el Banco Mundial de la Amistad, que se extiende actualmente por 82 países. La señora Duarte ha recibido numerosos premios y distinciones a nivel nacional e internacional, como continuadora de la obra emprendida por el Dr. Febbraro.

domingo, 19 de julio de 2009

LA MASACRE DE NAPALPÍ - 19 de julio de 1929

En 1924 asesinaron a 200 aborígenes de Napalpí, Chaco. Reclamaban por sus salarios. A los descendientes ni siquiera les permiten recordar el hecho en un acto en las escuelas.
El cacique José reclama una reparación histórica.
Cuando se cumplen 80 años de la matanza de 200 tobas y mocovíes, en Napalpí, Chaco, un cacique reclama una reparación histórica que, desde hace décadas, es incumplida: un cartel que indique que allí tuvo lugar la masacre ordenada por el gobernador chaqueño, Fernando Centeno. El 19 de julio de 1924, a la mañana, la policía rodeó la Reducción Aborigen de Napalpí, de población toba y mocoví, y durante 45 minutos no dejaron descansar los fusiles. No perdonaron a ancianos, mujeres ni niños.
Asesinaron a todos y, como trofeos de guerra, cortaron orejas, testículos y penes, que luego fueron exhibidos como muestra de patriotismo en la localidad cercana de Quitilipi. Los asesinados fueron más de 200 aborígenes que reclamaban una paga justa para cosechar el algodón de los grandes terratenientes. Para justificar la matanza, la versión oficial esgrimió una "sublevación indígena". A 80 años de la masacre, no habrá actos oficiales, pero los pobladores originarios la recordarán en cada comunidad.
En 1895, la superficie sembrada de algodón en el Chaco era de sólo 100 hectáreas. Pero el precio internacional ascendía y los campos del norte comenzaron a inundarse de capullos blancos donde trabajaban jornadas eternas miles de hombres de piel oscura. En 1923, los sembradíos chaqueños de algodón ya alcanzaban las 50 mil hectáreas. Pero también debían multiplicarse los brazos que recojan el "oro blanco".
El 12 de octubre de 1922, el radical Marcelo T. de Alvear había reemplazado en la presidencia a Hipólito Yrigoyen y el Territorio Nacional del Chaco ya se perfilaba como el primer productor nacional de algodón. Pero en julio de 1924 los pobladores originarios toba y mocoví de la Reducción Aborigen de Napalpí –a 120 kilómetros de Resistencia– se declararon en huelga: denunciaban los maltratos y la explotación de los terratenientes. Los ingenios de Salta y Jujuy ofrecieron mejor paga. Hacia allá intentaron ir los pobladores, pero el gobernador Centeno prohibió a los indígenas abandonar el Chaco. Los pobladores de Napalpí decidieron resistir.
El 18 de julio, y con la excusa de un supuesto malón indígena, Fernando Centeno dio la orden.A la mañana del 19 de julio, 130 policías y algunos civiles partieron desde la localidad de Quitilipi hasta Napalpí. Después de 45 minutos de disparar los Winchester y Mauser a todo lo que se movía, sólo quedó el silencio y la humareda de los fusiles. Los heridos –fueran hombres, mujeres o niños– fueron asesinados a machetazos. El periódico Heraldo del Norte recordó el hecho a finales de la década del ’20: "Como a las nueve, y sin que los inocentes indígenas realizaran un solo disparo, hicieron repetidas descargas cerradas y enseguida, en medio del pánico de los indios (más mujeres y niños que hombres), atacaron. Se produjo entonces la más cobarde y feroz carnicería, degollando a los heridos sin respetar sexo ni edad".
El 29 de agosto –cuarenta días después de la matanza–, el ex director de la Reducción de Napalpí, Enrique Lynch Arribálzaga, escribió una carta que fue leída en el Congreso nacional: "La matanza de indígenas por la policía del Chaco continúa en Napalpí y sus alrededores; parece que los criminales se hubieran propuesto eliminar a todos los que se hallaron presentes en la carnicería del 19 de julio, para que no puedan servir de testigos si viene la Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados".El libro Memorias del Gran Chaco, de la historiadora Mercedes Silva, confirma el hecho y cuenta que el mocoví Pedro Maidana, uno de los líderes de la huelga, corrió esa suerte. "Se lo mató en forma salvaje y se le extirparon los testículos y una oreja para exhibirlos como trofeo de batalla", asegura.
En el libro Napalpí, la herida abierta, el periodista Vidal Mario detalla: "El ataque terminó en una matanza, en la más horrenda masacre que recuerda la historia de las culturas indígenas en el presente siglo. Los atacantes sólo cesaron de disparar cuando advirtieron que en los toldos no quedaba un indio que no estuviera muerto o herido. Los heridos fueron degollados,algunos colgados. Entre hombres, mujeres y niños fueron muertos alrededor de doscientos aborígenes y algunos campesinos blancos que también se habían plegado al movimiento huelguista".
Un reciente microprograma de la Red de Comunicación Indígena destaca: "Se dispararon más de 5 mil tiros y la orgía de sangre incluyó la extracción de testículos, penes y orejas de los muertos, esos tristes trofeos fueron exhibidos en la comisaría de Quitilipi. Algunos muertos fueron enterrados en fosas comunes, otros fueron quemados". En el mismo audio, el cacique toba Esteban Moreno contó la historia que es transmitida de generación en generación. "En las tolderías aparecieron soldados y un avión que ametrallaba. Los mataron porque se negaban a cosechar. Nos dimos cuenta de que fue una matanza porque sólo murieron aborígenes, tobas y mocovíes, no hay soldados heridos, no fue lucha, fue masacre, fue matanza, por eso ahora ese lugar se llama Colonia La Matanza."La Reducción de Napalpí –palabra toba que significa lugar de los muertos– había sido fundada en 1911, en el corazón del Territorio Nacional del Chaco. Las primeras familias que se instalaron eran de las etnias Pilagá, Abipón, Toba, Charrúa y Mocoví. El corresponsal del diario La Razón, Federico Gutiérrez, escribió en julio de 1924: "Muchas hectáreas de tierra en flor están en poder de los pobres indios; quitarles esas tierras es la ilusión que muchos desean en secreto".
Fragmento de la nota.....
(Por Darío Aranda)
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viernes, 17 de julio de 2009

El último soldado de San Martín


Don Eufrasio Videla es un viejo alto, flaco, nudoso, erguido, casi tan erguido como los álamos que cortan las perspectivas en los alrededores de Mendoza.
Apenas un saludo y le espeté mi invariable pregunta:
- ¿Cuántos años?

- Treinta y ocho

- ¿Nada más?

El viejo sonríe, baja la cabeza para detener la mirada en el sombrero de anchas alas, color té con leche, al que sus dedos retorcidos como sarmientos hacen girar con porfía. Pienso en que el pobre hombre ha perdido la noción del tiempo, que desvaría su cabeza, que su memoria, más flaca que su cuerpo, yace tendida bajo la nieve de muchas décadas, porque me dijeron que Don Eufrasio es hombre que ha traspuesto los cien, y recupero mi actitud de moderno inquisidor,
- ¿Treinta y ocho nada más Don Eufrasio?

Sus labios mascullan un “ciento” y sale de nuevo, bien nítido, el “treinta y ocho”.

Ahora me parecen muchos los años, más no me detengo a aclarar el punto y prosigo el interrogatorio, haciendo que repita las respuestas dos y tres veces -y hasta cuatro y cinco-, a fin de alcanzar su sentido, pues resultan ininteligibles la mitad de las palabras en el lento balbucir de sus labios. Dijéronme que fue soldado de San Martín, pero no estuvo en el Plumerillo, ni se acuerda del general.
-Yo estaba en San Juan, entonces, cuando decían que en su Mendoza se formaba el ejército, y pasamos por ahí arriba, por Los Patos.

- ¿Peleó usted?

- ¿Y cómo no? Ahí en el Zanjón de Maipú, cuando ya no quisieron pelear más.

- ¿Pero, se acuerda de Maipú?

- Si que me acuerdo. Fue allí, pues, la última batalla, donde se rindieron.

-¿Y cómo empezó la cosa?

-Unos cuantos días antes yo había llegado con los que salimos de San Juan. Después fueron viniendo
otros grupos de prisioneros y así se fue formando el ejército. (pudiera el relato muy bien referirse a la llegada de dispersos de Cancha Rayada). Nosotros estábamos de la parte de aquí –prosigue Don Eufrasio, y al hacerlo sale al descanso de la escalera, poniendo cara a Los Andes, -y como en la parte de allí enfrente, en un cerrito blanco, estaban los godos.

-Flojanazos, ¿verdad?

-Hum… ¡Fieros habían sido! Peleamos y peleamos y no aflojaban… Después no quisieron pelear más cuando vieron que nosotros tampoco aflojábamos. Entonces corrimos atrás pa’ que se rindieran.

-¿Y se rindieron?

-¿Y cómo no? Si ya no tenían más ganas de pelear.

-¿Y se entregaban?

-Muchos se entregaban, otros querían escapar. Pero nosotros los alcanzábamos.

-¿Y no decían nada, los españoles?

-¿Quiénes, los godos? Si, decían: “¡No mate, corcho, no mate!”, cuando los alcanzábamos.

Brillaron un punto sus pupilas, las arrugas dibujaron con gran esfuerzo una sonrisa y luego enmudeció el hombre, bajó la cabeza, y el sombrero retornó a girar entre los dedos.

Lo demás que nos contó forma un maremagnum de hechos y episodios confundidos, en que se mezclan sin distinción de épocas, Rozas y Quiroga y las montoneras y la Guerra del Paraguay.

El viejecito Videla vive en la casa del ingeniero Fossati en la calle San Martín, 1778. Nos dijo este caballero que Videla no conserva papel alguno, y que las medallas que poseyó en un tiempo las ha perdido o regalado, según relato del mismo Don Eufrasio, y que el coronel Morgado, guerrero del Paraguay, lo conoció en el ejército y de aspecto casi tan viejo entonces como ahora.

El gobierno de Mendoza le pasa una pequeña pensión, que le alcanza para cubrir sus modestos gastos. Lo demás se lo otorga la caridad de las personas que le recogen en su casa.

No podemos establecer a ciencia cierta si ha sido o no guerrero de la independencia porque ni siquiera la edad consta por documento público, pero si los 138 años son muchos años, es en cambio verdad que por estos pagos no son escasos los hombres de 110 o 115 años, y Videla bien puede oscilar entre estas dos últimas cifras y haber pertenecido a alguna de las milicias o cuerpos auxiliares del ejército de San Martín.
Fuente

Mendoza 22 de Marzo - Revista Caras y Caretas Nº 607 – 21 de Mayo de 1910

www.revisionistas.com.ar

jueves, 16 de julio de 2009

Cementerio de Flores


Breve reseña histórica

Don Ramón Francisco Flores en 1804 funda el pueblo de San José de Flores en el entonces Partido de Morón. En 1807 se inaugura el primer cementerio, lindero a la parroquia.

El pueblo crece rápidamente y se traslada el cementerio a una parcela ubicada entre Varela, Culpina, Tandil y Remedios, donada por la familia de Esteban Villanueva que se inaugura el 20 de septiembre de 1832 y por resolución del 7 de julio de 1865 pasa a depender de la Municipalidad de San José de Flores que luego, por las leyes de federalización dictadas en 1884 y 1887, se incorpora a la Ciudad de Buenos Aires.

El cementerio es habilitado el 9 de abril de 1867 y Elena Bergallo, de tres meses de edad, constituye su primera inhumación.

El 1° de octubre de 1979 se bendijo el nuevo “Cementerio Parque” como anexión al cementerio de Flores.

Este cementerio conserva las características pueblerinas de su concepción. Entre las bóvedas que se encuentran en él se destacan las de la familia Flores, Tomás Millan, Terrero, Bunge y Ojeda. Además descansan los restos del tan mentado payador Gabino Ezeiza.

Ubicación

Comprende un predio de 27 Ha y está delimitado por Balbastro, Varela, Castañares y Lafuente.

http://www.buenosaires.gov.ar

El pedido de Candelaria Lezica de Serantes



Noticias del origen del Parque Rivadavia y las disputas por su nombre.


miércoles, 15 de julio de 2009

En memoria de los fusilados en junio de 1956

video

En junio de 1956 un grupo de civiles y militares se alza en armas contra la dictadura militar de la Revolución Fusiladora, reclamando la restauración de la Constitución Nacional derogada.