miércoles, 11 de julio de 2018

GÜEMES, Martín Miguel - Parte 5

Carecemos de retratos fieles del patriota; los existentes son fruto de reconstrucciones basadas en testimonios de época. De allí que uno de sus principales biógrafos D Bernardo Frías, físicamente así lo caracteriza: “Tenía Güemes un cuerpo esbelto y desarrollado, de talla erguida y alzada estatura, cuyo conjunto le daba una imponente presencia. 

No sobresalía por la hermosura de su fisonomía, que era de un blanco pálido; pero tenía no pocos rasgos de indiscutible belleza. Así eran sus perfiles delicados; su nariz alta, larga, ligeramente curva, casi recta. El corte de su boca de notabilísima perfección; los ojos de color pardo, con los párpados superiores llenos, notándose en uno de ellos la antigua cicatriz que, cuando niño le dejara una caída sufrida del caballo.

Tenía una frente espaciosa. Su barba -que tomaba por expediente político para con sus gauchos, la usaba entera y crecida a despecho de la moda, y que, de regreso de sus campañas, le llegaba a tocar el pecho- era renegrida y brillante, cuadrando varonilmente su rostro de expresión agradable y bondadosa, al que daba mayor atracción y vida la profunda animación de sus ojos. Como su barba, era igualmente negro su cabello y abundante, el cual lo llevaba de la misma manera que sus gauchos, peinado hacia atrás y proporcionadamente largo”.

BIBLIOGRAFIA
JUANA MANUELA GORRITI, Recuerdos de la Infancia, Salta, 1858.
ATILIO CORNEJO, Historia de Güemes, Bs. As., 1946.
EMILIO BIDONDO, Contribución al estudio de la guerra en la frontera Norte, Bs. As., 1968, 2 tomos.
BERNARDO FRIAS, Historia del General Martín Güemes y de la Provincia de Salta o sea de la Independencia Argentina, Bs. As., 1971, 6 tomos.
LUIS OSCAR COLMENARES, Güemes Gobernante Católico, en Boletín del Instituto Güemesiano, Salta, 1977.
RICARDO CAILLET BOIS, Una información secreta de origen realista, sobre los principales revolucionarios del Río de la Plata, Boletín del Instituto de Investigaciones Históricas, Año XVII – T XXIII, Buenos Aires, Julio de 1938 – Junio de 1939, Nros. 77-80.





GÜEMES, Martín Miguel - Parte 4

Y en La Pedrera y en Tuscal de Velardi y en las ocupaciones de las ciudades de Salta y Jujuy para cerrarse un ciclo pleno en daciones y valor como jefe de la vanguardia gaucha en la victoria de Puesto del Marqués el 14 de abril de 1815.
Vendrá la última y fundamental etapa de su gobernación con el Libertador nombrándolo general en jefe del Ejército de Observaciones sobre el Perú, en junio de 1820, empeñándose en una lucha sin cuartel contra los realistas; y la acción, para algunos despótica y para muchos justiciera social, del Güemismo o Patria Vieja Salteña que despertó la antipatía y enemistad de la oligarquía provinciana.


Aquel heroico “Soldado de la Libertad Americana” combatió hasta el final y cuando sus restos fueron conducidos a la catedral de Salta, Juana Manuela Gorriti, la destaca-       da escritora salteña -que en 1822 tenía seis años-, narró así ese momento:
“Todavía recuerdo el magnífico espectáculo de aquel cortejo fúnebre que vi atravesar las calles de Salta, conducido por mi padre y por Vidt, que vestidos de luto y la cabeza descubierta, llevaban con una mano las cintas de un ataud y con la otra a dos niños. Martín y Luis Güemes, que acompañaban llorando el féretro de su padre.
Detrás venían dos bellos corceles en arneses de duelo. Veíase a uno de ellos volver tristemente la cabeza, como si buscara a alguien. Era aquel “Negro”, testigo de tantas glorias y compañero del héroe hasta la muerte”.
“Despues del fúnebre grupo venía una inmensa muchedumbre, pueblos enteros que desde larga distancia habían venido para tributar al gran hombre su ofrenda de lágrimas y plegarias”.
“La ciudad guardaba un profundo y doloroso silencio, interrumpido sólo por el clamor de las campanas, las preces de los sacerdotes y los sollozos de la multitud”.
“La fúnebre procesión pasó ante mis ojos como una visión mística, perdiéndose en el pórtico y las profundas naves de la catedral donde sepultaron las reliquias del héroe, al pie del tabernáculo”.



GÜEMES, Martín Miguel - Parte 3

Seis invasiones realistas fueron detenidas por Güemes y sus gauchos. Se estrellaron contra los hombres de Güemes -en grado eminente contra la bravura de los “Infernales”- que obedecían al caudillo siguiendo las órdenes de Luis Burela Saavedra, de Pedro José Zavala, de Pablo Latorre, de José Apolinario Saravia, José Gabino Sarolina, Juan Antonio Rojas, etc.


Escenarios triunfales fueron: Chicoana, Guachipas, la quebrada de Escoipe, San Agustín, El Carril, El Bañado, Sumalao, La Merced, Cerrillos, y cien lugares más.

Liberado Chile, San Martín comprometió enseguida sus esfuerzos para marchar al Perú. Su expedición se hizo por el mar y fue el brazo de la tenaza que deberá cerrarse sobre los realistas que aún dominan la tierra conquistada por Pizarro; el otro brazo debió accionar desde el norte argentino y operar por las regiones altoperuanas con la conducción de Güemes.


La provincia de Salta, terror y antemural del enemigo común, debía ahora hacer el último esfuerzo y articular el brazo armado de sus hijos con el de los compatriotas que habían hecho ya pie en las costas peruanas.


Un año difícil fue 1821 para el norte argentino. Con el enemigo enfrente, empedernidos realistas siempre dispuestos a atacar, afloraron otra vez las disidencias internas. Desatadas las pasiones chocan entre sí tucumanos y salteños, jujeños y santiagueños, llegándose así al momentáneo derrocamiento del gobernador Güemes; aunque bastó la sola presencia de éste en la ciudad de Salta para poner bajo sus órdenes a los soldados que debían atacarlo.


En la noche del 7 de junio de 1821, hallábase Güemes en Salta en la casa de su hermana Magdalena, cuando hasta la ciudad llegó una partida española que logró infiltrarse, el caudillo recibió una herida de bala en la columna vertebral, que diez días más tarde le causó la muerte.


Después de ser herido, el general fue conducido por sus hombres a la finca de los Nogués donde estaba su campamento y tuvo ocasión todavía de reafirmar sus altos ideales de liberación de la tierra patria. Teniendo por testigo a un parlamentario enviado por Olañeta, hizo jurar sobre el pomo de su espada al Cnl Vidt que continuaría la lucha hasta que el suelo natal quedara liberado.


Terminó así la vida de quien fuese uno de los máximos defensores y sostenedores de la declaración de la independencia efectuada en Tucumán, y como una centella la memoria recorre en apenas tres lustros desde el joven edecán de Liniers distinguido por su valor en ambas invasiones inglesas pasando por sus “bomberos”, su partida de observaciones, su escuadrón de Salteños, la ocupación de Tupiza, las milicias del Valle, su participación en Cotagaita y en Suipacha y en las dos acciones de Nazareno a las órdenes de Díaz Vélez.



martes, 10 de julio de 2018

GÜEMES, Martín Miguel - Parte 2

Ya con el grado de teniente coronel, participará en campañas y acciones para recuperar parte del territorio en poder de los españoles. Enviado a Buenos Aires conduciendo un contingente de prisioneros, logra que  no lo destinen a participar del sitio de Montevideo, para retornar a la tierra natal a fines de 1813.

Apenas asumida por San Martín a principios del año siguiente la jefatura del Ejército del Norte, éste pone su confianza en Güemes para llevar adelante la guerra de partidas contra las tropas del virrey del Perú que intentasen avanzar hacia el sur; si la elección del Libertador fue oportuna y feliz, el cometido de las acciones encomendadas resultó óptimo.


Martín Güemes, José Apolinario de Saravia, Juan Francisco Gorriti (“El Pachi”) y otros serán los jefes relevantes dentro de un paisaje que militarmente organizado, logrará crear la imagen cabal de la “tierra en armas”. A partir de ese momento Güemes y sus gauchos se convirtieron en la barrera infranqueable que impidió a los españoles concretar sus objetivos por la frontera norte, logrando sólo transitorias ocupaciones del espacio patrio.


Derrotado en Sipe-Sipe Rondeau, retrocede una vez más hacia el norte del actual territorio argentino y enseguida sobrevinieron sus enfrentamientos con Güemes y su paisanaje; dolorosas disidencias a las que logró poner fin el Congreso, por entonces reunido en Tucumán.


Declarada la independencia nacional, Belgrano asumió el comando en jefe del Ejército del Norte y Güemes se hace cargo de la extrema línea de defensa. Son éstos, los grandes años del héroe salteño, los años de la guerra gaucha;  Güemes será ascendido a coronel mayor siendo el 6 de mayo de 1815 gobernador de Salta, designación que hizo también Jujuy seis meses después.


Un documento secreto de los realistas sobre los principales revolucionarios del Río de la Plata investigado por Ricardo Caillet Bois decía textualmente: “Coronel y gobernador de Salta. Patriota en el concepto de los peruleros y de ideas españolas entre los de Buenos Aires. Muy querido en Salta. No conoce la táctica militar pero es buen guerrillero a la cabeza de los gauchos”.


Sus soldados lucieron sobre el uniforme un escudo de paño con la leyenda “A los heroicos defensores de Salta”, gracias a esas tropas y a ese jefe, San Martín pudo preparar en Cuyo el ejército que le permitió llevar adelante el Plan Continental.
Los grandes vencidos fueron los jefes realistas que una y mil veces fracasaron en sus intentos de conquista: José de la Serna, Juan Ramírez de Orozco, Olañeta, Marquiegui. Junto a ellos o más tarde, también finalizaron derrotados Canterac, Valdés, Clover, Ferraz y tantos otros, y su fracaso fue de tal dimensión que de lo más hondo de sí, uno de ellos testimonió tremenda y cierta confesión: “A este pueblo no lo dominaremos jamás”.



GÜEMES, Martín Miguel - Parte 1






(1785- 1821)

Guerrero de nuestra independencia fue Güemes un excepcional servidor de la patria y el más tenaz adversario que tuvieron que enfrentar los realistas, las reiteradas y sucesivas veces que intentaron invadir las provincias del noroeste argentino, siendo su Salta natal, bastión geopolítico de resistencias y guerrillas que caracterizaron una guerra gaucha de la que fue su máximo exponente militar y el caudillo carismático de la epopeya.
Segundo vástago varón de don Gabriel Güemes Montero, natural de Santander, España, y de doña María Magdalena de Goyechea y de la Corte, perteneciente a una antigua y noble familia jujeña (uno de sus antepasados fué Francisco de Argañaraz y Murguía, fundador de la ciudad de San Salvador de Jujuy), nació en Salta el 7 de febrero de 1785, siendo bautizado con los nombres de Martín Miguel Juan de Mata, estos últimos acorde al santoral del día.


Ingresó en su infancia como cadete en la compañía del regimiento Fijo acantonada en dicha ciudad y como integrante de esa unidad, luchó contra las fuerzas británicas que atacaron a Buenos Aires en 1806 y 1807. Su valerosa actuación le valió ser ascendido por Liniers primero a alférez graduado y luego al grado de teniente de milicias de granaderos.


Por el fallecimiento de su padre y para atender al cumplimiento de sus últimas disposiciones, el joven militar volvió a Salta, donde el gobernador Isasmendi, dispuso que fuera incorporado a la guarnición local.


Salta se contó entre las primeras ciudades del virreinato que se pronunciaron en favor de la junta de gobierno instalada en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. Y Güemes, por su parte, fue de los primeros que resolvieron incorporarse a las filas de la Expedición Auxiliadora al Alto Perú.


Capitán de sesenta jinetes, equipados por los Gurruchaga y los Moldes, en septiembre tomó posiciones en Humahuaca como jefe de la partida de observación.
El joven jefe salteño tuvo participación destacada en la batalla de Suipacha, donde como señaló años más tarde el Cabildo de Salta “se cubrió de gloria”. Al producirse la derrota de Huaqui, fue en ayuda de Juan Martín de Pueyrredón que acosado por los realistas, se retiraba de Potosí conduciendo los caudales de la Casa de Moneda.