sábado, 20 de mayo de 2017

La Revolucion de Mayo- Antecedentes - Parte 12

La propuesta de Leiva es aprobada por el Cabildo; pero, con la prudencia que las circunstancias aconsejen, se acuerda que antes de darla a publicidad conviene “explorar la voluntad de los señores Comandantes de los cuerpos de esta guarnición, instruirles de la resolución y de su objeto, y exigir de ellos si se hallan en ánimo y posibilidad de sostenerla". 

Se convoca nuevamente a los Jefes militares. Allí están ahora Saavedra, Gerardo Esteve y Llach, Terrada, Ocampo, Pedro Andrés García, Rodríguez y Merelo, que después de escuchar la propuesta, le dan su aprobación y prometen su apoyo. Aparentemente, ya no hay ninguna dificultad para que la Junta entre en funciones y a las tres de la tarde se realiza la ceremonia del juramento. La inicia el alcalde Lezica con una ferviente arenga y la cierra Cisneros con su discurso como Presidente de la Junta. Asegura al pueblo que el gobierno provisional se compromete a ocuparse muy especialmente por la seguridad y conservación de las tierras rioplatenses “y a mantener el orden, la unión y la tranquilidad públicas”. 

A las cuatro de la tarde, la Junta se dirige al Fuerte y allí marchan poco después las autoridades para cumplimentar al nuevo gobierno provisional.

Todo parece haber salido según los planes de Leiva y el Cabildo. Pero los hechos se encargan de demostrar inmediatamente que no es así. La decisión del Cabildo apoyada por los jefes militares sorprende y excita a los dirigentes del movimiento revolucionario. Enseguida se suceden las reuniones destinadas a llevar adelante una acción para revisar los hechos consumados. A las ocho de la noche, la casa de Rodríguez Peña es escenario de una agitada reunión de dirigentes civiles y oficiales de los cuerpos. 

Allí se llega a una conclusión: es necesario “deshacer lo hecho, convocar nuevamente al pueblo”, y obtener del Cabildo una modificación sustancial. Inmediatamente se llama a Castelli que, tras vacilar inicialmente, termina por aceptar el criterio de la mayoría. Luego salen emisarios en todas direcciones y, al cabo de rápidas gestiones, los jefes militares reconocen su error. Todo se sucede aceleradamente y los revolucionarios consiguen, finalmente, el propósito buscado: a las nueve y media de la noche los miembros de la Junta, convencidos de que su permanencia acarreará gravísimos conflictos, presentan sus renuncias al Cabildo con el pretexto de que el no haberle quitado a Cisneros el mando de las fuerzas ha creado descontento. Aunque se plantea al Cabildo la urgencia de resolver la situación, éste nada dispone esa noche. Mientras tanto, los revolucionarios no se dan tregua y trazan por su cuenta un preciso plan de acción para asegurarse la posesión formal del gobierno y la destitución absoluta del Virrey. 

La experiencia ya les ha demostrado que deben ir preparados y con candidatos propios. Proyectan entonces la lista que habrán de defender. Esa noche, la agitación de los revolucionarios y la angustia de los partidarios del Virrey llenan las sombras que ya han caído sobre Buenos Aires.


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jueves, 18 de mayo de 2017

La Revolucion de Mayo- Antecedentes - Parte 11

Como la tensión va creciendo, Saavedra y Belgrano, por propia decisión, se apersonan al Cabildo para apurar una resolución. Según confiesa, el mismo Saavedra, allí se enteran con sorpresa del proyecto capitular y ambos se oponen a que se concrete. Aconsejan, en cambio, que el bando se limite a decir lo que el pueblo quiere: que la autoridad del Virrey ha caducado y el Cabildo ha, asumido el mando, sin que se hagan agregados ni se acelere demasiado la constitución de la Junta. El Cabildo no tiene más remedio que acceder y envía nuevos emisarios a Cisneros para pedirle ahora que autorice la publicación del bando por el cual se comunica al pueblo la cesación de su autoridad.

Los capitulares, sin embargo, habían preparado con cuidado los pasos inmediatos de su acción. Antes de dar a publicidad el bando se prohíbe, hasta nueva orden, la salida de toda clase de correo hacia el interior. Cuando están seguros de que la noticia no pasará los límites de la Capital, alrededor de la seis de la tarde, dan a publicidad el esperado bando, borroneado un poco a la disparado. En él se hace saber al pueblo que el Virrey cesa en el mando y que el Cabildo asume la autoridad política hasta tanto se designe una Junta que gobernará “hasta que se congreguen los diputados que se convocarán de las provincias interiores para establecer la forma de gobierno más conveniente”.

Al síndico Leiva le espera una noche de vigilia: debe meditar cómo hará al día siguiente para copar la situación de alguna manera.


9. La sorpresa del 24

Son las 9 de la mañana del 24 de mayo. El Cabildo, reunido, escucha la propuesta del síndico procurador sobre la erección de una Junta presidida por Cisneros e integrada por otros cuatro vocales que, en el congreso del 22, habían votado contra el Virrey: el cura rector de la parroquia de Montserrat, Juan Nepomuceno de Sola; el doctor Juan José Castelli; el comandante de Patricios Cornelio Saavedra, y el comerciante José Santos Inchaurregui, español de nacimiento. 

Bastante ha cedido Leiva de su pretensión de la víspera, pero sigue firme en la idea de que la cesación del mando virreinal no debe llevar apareada la derrota, del partido del Virrey ni tampoco, de la autoridad personal de Cisneros. 

La Junta debe sujetar su acción a un reglamento dé 13 artículos y su autoridad fenecerá cuando se produzca la llegada de los diputados del interior con los cuales se acordará la nueva forma definitiva de gobierno. Cisneros mantendrá sus privilegios y sus rentas y los miembros de la Junta se someterán a las leyes del reino, obligados por juramento a conservar la integridad de estos territorios para Fernando VII y sus sucesores. El reglamento prevé, además, una amnistía general, y su artículo 5º, previsoramente, reserva al Cabildo el derecho de remover a los miembros de la Junta si no cumplen con sus deberes; en tal caso reasumirá dicho cuerpo “la autoridad que le ha conferido el pueblo”.


La Revolucion de Mayo- Antecedentes - Parte 10

Hacia las dos de la tarde, los criollos Manuel José de Ocampo y Tomás Manuel de Anchorena cruzan la Plaza Mayor en dirección al Fuerte. Allí notifican la novedad al ex Virrey, que les dice:

- Acepto la decisión del Cabildo. Pero estoy dispuesto a alejarme del mando si es preciso. Considero prudente que antes de decidir nada en definitiva, se consulte a los comandantes de los Cuerpos de esta guarnición.

Apenas regresan los dos emisarios al Cabildo, con la aceptación escrita y condicionada de Cisneros, son citados los jefes militares. Estos responden la consulta de los cabildantes en forma ambigua, pues se limitan a expresar que el pueblo sólo ansía “que se haga pública la cesación en el mando del Excmo. señor Virrey, y la reasunción de él en el Excmo. Cabildo; que mientras no se verifique ésto (el pueblo) de ningún modo se aquietaría”.

Son aproximadamente las tres de la tarde, cuando los comandantes militares abandonan la Sala Capitular. Ni lerdo ni perezoso, Leiva aprovecha la ambigüedad de su respuesta para, que se confirme a Cisneros al frente de la Junta. Comienza a discutirse entonces la integración del nuevo cuerpo y, bajo la inspiración del síndico, se propone una Junta con mayoría de los partidarios del ex Virrey, reservándose sólo dos vocales para los revolucionarios: una la ocuparía Saavedra, a quien responden las fuerzas, y la otra el prestigioso secretario del Consulado, doctor Manuel Belgrano.

Se trata ahora de redactar un bando cuidadosamente armado, para que la noticia no exaspere a los revolucionarios. No es fácil hallar los términos más convenientes de la redacción, y en esa tarea transcurren las horas. Al promediar la tarde, nada se ha resuelto aún, y afuera los ánimos comienzan a inquietarse. Muchos curiosos se acercan a la Plaza, mientras los cabecillas de la Legión Infernal empiezan a sospechar que la demora obedece a algún arbitrio turbio de los cabildantes.