martes, 31 de agosto de 2010

Juan Bautista Alberdi - parte 5

Mitre, avivando viejos rencores acuñados en su posición crítica al conflicto bélico con el Paraguay que originó otra de sus obras más difundidas (El crimen de la guerra), se empeña en desacreditarlo por medio del diario La Nación, se opone a la iniciativa de imprimir sus obras completas por parte del Estado Nacional mediante un proyecto de ley que el presidente Julio Argentino Roca, sucesor de Avellaneda, envía al Congreso y a su nombramiento como embajador en Francia.

Las obras fueron editadas, pero en el senado no obtuvo el consenso necesario para la designación diplomática.


Abrumado por esta circunstancia, Alberdi se marcha nuevamente a Francia y muere en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años, recibiendo cristiana sepultura sus restos en el cementerio de dicha localidad.


El 27 de abril de 1889 sus restos fueron exhumados para ser repatriados por decreto del Presidente Juárez Celman; embarcados el 28 de mayo de 1889 a bordo del vapor "Azopardo", se los trasladó en principio a la Catedral, donde se le rindieron honores hasta el 5 de junio, fecha en que se trasladaron a la bóveda de la familia Ledesma el cementerio de la Recoleta, que los albergó hasta ser depositados en el mausoleo erigido en un terreno donado por la Municipalidad. Actualmente los restos de Alberdi reposan en un nicho especialmente construido en la casa de gobierno de su provincia natal.


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Juan Bautista Alberdi - parte 4

En 1843 durante el sitio militar de Montevideo por un ejército comandado por Oribe pero subvencionado por Rosas logra escapar disfrazado de marinero francés y se traslada a Europa acompañado por su amigo Juan María Gutierrez por un breve período. Regresa ese mismo año a América instalándose en Valparaíso, Chile, donde revalida su título y ejerce como abogado ganando enorme prestigio. Allí presenta su tesis doctoral, que lleva por título 'Sobre la conveniencia y objetos de un Congreso General Americano', donde Alberdi expone la idea de una unión americana por medio de herramientas tales como una unión aduanera.

En 1852, luego de la batalla de Caseros que pone fin al régimen rosista, concluye su obra de mayor influencia en el constitucionalismo argentino y americano: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, tratado de derecho público editado por la imprenta del diario "El Mercurio" de Valparaiso, que constituiría una de las principales fuentes de la Constitución de la Nación Argentina de 1853, al punto que en su segunda edición llevaría un borrador de constitución utilizado por los constituyentes.

En 1853 publica un tratado complementario de Bases llamado Elementos de derecho público provincial argentino.

Justo José de Urquiza lo designa diplomático y le encarga la misión de obtener en Europa el reconocimiento de la Confederación Argentina bajo la nueva Constitución y evitar el reconocimiento del Estado de Buenos Aires, escindido de la Confederación, como nación independiente, misión que Alberdi cumple con éxito y que le valdría el encono de Bartolomé Mitre y de Domingo Faustino Sarmiento, tirria profundizada luego por la oposición frontal de Alberdi a la Guerra de la Triple Alianza, actitud que le valió ser calificado como "traidor".

La caída de Urquiza en la batalla de Pavón el 17 de septiembre de 1861 y la asunción de Mitre como presidente en 1862 significó la destitución de Alberdi de su cargo de diplomático y prolongó su ausencia del país hasta 1878, en que es electo Diputado Nacional por Tucumán, arribando de regreso a su patria el 16 de setiembre de dicho año.

En tal calidad asistirá a la lucha por la sucesión presidencial desatada en 1880 cuando el gobernador de Buenos Aires, Carlos Tejedor se subleva contra el presidente Avellaneda. Este último traslada la sede del gobierno al pueblo de Belgrano siendo seguido por parte del congreso, actitud que no es compartida por Alberdi. Al vencer Avellaneda en la contienda, Buenos Aires es declarada Capital de la Nación por ley que es refrendada por la legislatura provincial. Los diputados que no acompañaron al presidente son declarados cesantes.

Durante este época fue designado "doctor honoris causa" por la Facultad de Derecho y en tal carácter asistió a la colación de grados celebrada el 24 de mayo de 1880, acto en el que estaba invitado a usar de la palabra, pero no pudiendo hacerlo en razón de su delicada salud, entregó su discurso a uno de los graduados, Enrique García Merou, que luego sería su biógrafo. La disertación se tituló y luego editó bajo el acápite de "La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual" en la que resumía sus ideas sobre la doctrina del estado omnipotente a la cual oponía la tesis cristiana que consagra el valor inviolable de la libertad y la personalidad humana, base del progreso y la civilización.

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lunes, 30 de agosto de 2010

Juan Bautista Alberdi - parte 3

En esa época se cruzó con Sarmiento en una polémica ideológica — limitada dentro del liberalismo — plasmada en las "Ciento y una" del sanjuanino y las "Cartas quillotanas" del tucumano.

El presidente Justo José de Urquiza le ofreció el cargo de ministro de hacienda de su país, pero lo rechazó. En cambio, aceptó funciones diplomáticas en Europa a partir de 1855.

Sus gestiones en el exterior fueron interrumpidas a partir de la organización de la República, en 1862 al asumir la presidencia Mitre, triunfador sobre Urquiza en Pavón. Regresa a establecerse en el país en 1878 al ser elegido como diputado al Congreso Nacional por su provincia; sin embargo, al cesar en sus funciones una fuerte disputa con Bartolomé Mitre lo empuja a trasladarse a Francia, donde muere el 19 de junio de 1884 en Neuilly-sur-Seine, suburbio de París, el 19 de junio de 1884, a la edad de 73 años.

Actividad política e intelectual

Los inicios de su actuación política se remiten a su protagonismo en la llamada "generación del 37" junto a Esteban Echeverría, José Marmol, Juan María Gutiérrez y otros intelectuales que adherían a las ideas de la democracia liberal y se asumían como continuadores de la obra de los revolucionarios de mayo, propiciando una organización mixta del país como respuesta al enfrentamiento entre federales y unitarios. Durante esa época se integra al Salón Literario fundado por Marcos Sastre y dirige un periódico llamado "La Moda", donde escribe artículos de costumbres con el apodo de "Figarillo".

Debido a la presión ejercida por La Mazorca, policía militarizada que utilizaba Rosas para atemorizar a sus adversarios, se disuelve el Salón Literario, formándose una logia llamada "La joven argentina", cuyos estatus fueron confiados a Alberdi, exiliándose la mayoría de sus miembros en países limítrofes.

En 1837 siendo aun un estudiante publica su primera obra destacada, llamada Fragmento preliminar al estudio del Derecho, que se considera influenciada por la corriente historicista que fundara Friedrich Carl von Savigny en Alemania.

Como consecuencia de la persecución rosista sobre los que concurrían asiduamente al Salón Literario de Marcos Sastre, propiciando ideas de organización nacional y constitucionalismo, decide emigrar a Montevideo, llevando en su equipaje los estatutos de la nueva asociación, que se editaran luego con el nombre de "Dogma Socialista".

Entre 1838 y 1843 reside en Montevideo donde trabaja como abogado y periodista, y es secretario de Juan Lavalle, de quien se aleja debido a diferencias políticas. En este período escribe sus dos obras de teatro: La Revolución de Mayo y El gigante Amapolas, sátira sobre el régimen rosista y caudillista.

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domingo, 29 de agosto de 2010

Juan Bautista Alberdi - parte 2

En mayo de 1840 durante el sitio de Montevideo por parte de un ejército porteño al mando de Oribe, partió clandestinamente hacia Europa, acompañado de su amigo Juan María Gutiérrez; residió en París unos pocos meses, y conoció al general José de San Martín.

A fines de 1843 regresó a América y se radicó en Valparaíso, donde adquirió la finca "Las Delicias" y ejerció la abogacía con notable éxito, además de revalidar su doctorado en jurisprudencia. Logró un gran prestigio local y se puso en contacto con Domingo Faustino Sarmiento, cabeza de la emigración argentina en Chile. Escribió numerosos artículos costumbristas en los periódicos chilenos con el seudónimo de "Figarillo".

En Chile se dedicó a estudiar la constitución de los Estados Unidos, con la idea de copiar lo que se pudiera para la nuestra, cuando llegara el caso de sancionarla. Utilizó una mala traducción, de modo que interpretó erróneamente varios pasajes. Quería estar preparado para cuando se volviera a discutir la Constitución argentina, pero la caída de Rosas lo tomaría por sorpresa.

A mediados de febrero de 1852 se enteró de la derrota de Rosas en la batalla de Caseros. De inmediato se puso a escribir un tratado sobre la futura Constitución Argentina, las "Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina". Tardó apenas un par de semanas en escribirlo, y lo publicó en mayo de ese mismo año. Meses después lo reeditaría con ampliaciones, incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la de los Estados Unidos.

Su principal preocupación era favorecer la inmigración europea, especialmente del norte de Europa. Entre sus afirmaciones polémicas, escribió:
"Aunque pasen cien años, los rotos, los cholos o los gauchos no se convertirán en obreros ingleses... En vez de dejar esas tierras a los indios salvajes que hoy las poseen, ¿por qué no poblarlas de alemanes, ingleses y suizos?... ¿Quién conoce caballero entre nosotros que haga alarde de ser indio neto? ¿Quién casaría a su hermana o a su hija con un infanzón de la Araucanía y no mil veces con un zapatero inglés?"
"Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han sido traídos de Europa, desde las ideas hasta la población europea."

Los constituyentes que se reunieron en Santa Fe, entre cuyos redactores se encontraba su amigo Gutiérrez, sancionaron la Constitución Argentina de 1853 en base al texto de Alberdi.

En esa época se cruzó con Sarmiento en una polémica ideológica — limitada dentro del liberalismo — plasmada en las "Ciento y una" del sanjuanino y las "Cartas quillotanas" del tucumano.

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Juan Bautista Alberdi - parte 1

Nació en Tucumán en el año de la Revolución de Mayo. Su padre, Salvador Alberdi, era un comerciante español, y su madre, Josefa Aráoz y Balderrama, era de familia criolla. Su madre falleció a causa del parto de Juan Bautista. Pocos años más tarde falleció su padre, quedando huérfano al cuidado de sus hermanos mayores.

Su familia había apoyado a la Revolución desde sus inicios y su padre frecuentaba a Belgrano cuando éste estaba al mando del Ejército del Norte.

Se trasladó desde muy joven a Buenos Aires, donde estudió en el Colegio de Ciencias Morales, gracias a una beca de estudio otorgada por la provincia de Buenos Aires. Abandonó prematuramente sus estudios en 1824, debido a que no se adaptó a las exigencias de la enseñanza.

Se empleó como ayudante de comercio en la casa de don Juan B. Maldes, que había sido colaborador de su padre, cuyo negocio se encontraba enfrente del Colegio. Dado que veía diariamente a sus compañeros, pronto se arrepintió y retomó sus estudios, cursando en el departamento de jurisprudencia en la Universidad de Buenos Aires. Continuaría sus estudios en la Universidad de Córdoba y los culminaría en Montevideo en 1840. Obtendría su título de doctor en jurisprudencia durante su estadía en Chile.

En esos años en Buenos Aires se dedicó a la música y compuso obras clásicas de piano, guitarra y flauta para sus amigos. En 1832 escribiría su primer libro: "El espíritu de la música".

En 1834 hizo un viaje a su provincia natal deteniéndose para rendir exámenes en Córdoba, obteniendo el título de "bachiller en leyes", el cual no lo habilitaba para ejercer la profesión por cuanto para ello debía cursar dos año en la "Academia de Practica Forense" y rendir un examen ante la Cámara de apelaciones. En Tucumán colaboró con el gobernador Alejandro Heredia, a quien dedicó un folleto, titulado "Memoria descriptiva de Tucumán". El mencionado caudillo lugareño le ofreció habilitarlo para el ejercicio profesional por decreto e incorporarlo a la legislatura para que se quedara radicado en su provincia a lo que se negó aduciendo que aún no era abogado y que quería doctorarse en Buenos Aires.-

A fines de 1835 regresó a tales fines a dicha provincia , donde se unió al llamado "Salón Literario", fundado por Marcos Sastre y Esteban Echeverría, con lo que se vinculó a la llamada "generación del 37".

En 1837 publicó lo que pensaba que sería su tesis doctoral: el "Fragmento Preliminar al Estudio del Derecho", en que pretendía hacer un diagnóstico de la situación nacional y sus posibles soluciones. Era la fundación del historicismo jurídico argentino, doctrina que consideraba al sistema jurídico como un elemento dinámico y continuamente progresivo de la vida social.

Ese mismo año editó un periódico, "La moda", dedicado a divulgar la moda: vestimenta femenina y masculina, música, poesía, literatura y costumbres. Se publicaron en total 23 números.

En noviembre 1838, debido a su negativa a prestar juramento al régimen federal de Juan Manuel de Rosas y a la persecución de la policía de Rosas, inició un exilio voluntario en Montevideo. Dejaba en Buenos Aires una amante y un hijo recién nacido al cual nunca reconoció, de nombre Manuel a quién nombra legatario en su testamento llamándolo "mi pariente".

En Montevideo apoyó la intervención francesa contra el gobierno de Rosas, y escribió artículos en varios periódicos, apoyando las acciones militares de ese país contra el suyo.

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"Reacción contra el españolismo"

Juan Bautista Alberdi


La habitud de hacerlo todo en nuestro país, por algún motivo personal, hace que se atribuya uno semejante a la reacción contra el españolismo, que desde algún tiempo sostenemos en el interés puro del progreso nacional. No son pocas las violencias que esta lucha nos cuesta; pero profesamos que donde no hay sacrificio tampoco hay patriotismo. No es una cosa tan agradable atacar las costumbres de nuestros mismos padres, de nuestros mismos amigos, de nosotros mismos; pero si en estas consideraciones se hubiesen detenido los que comenzaron la revolución americana, tampoco seríamos hoy independientes y republicanos.


Muchos de nosotros tenemos padres españoles cuya memoria veneramos.

Tratamos españoles dignos, que nos llenan de honor con su amistad.

Frecuentamos escritores a quienes debemos más de una idea. Pero todo esto no nos estorba el conocer que el mayor obstáculo al progreso del nuevo régimen es el cúmulo de fragmentos que quedan todavía del viejo.

Para nosotros, el período español y el período tiránico son idénticos, y en el mismo día de Mayo han caducado de derecho. Profesamos que el despotismo, como la libertad, reside en las costumbres de los pueblos, y no en los códigos escritos. Una carta constitucio nal que declarase hoy esclava a la Inglaterra sería tan nula como otra que declarase libre a la España; porque la libertad de la Inglaterra vive en sus costumbres, como la esclavitud española vive en las costumbres de los españoles. Quien dice costumbres dice ideas, caracteres, creencias, habitudes. Si pues en las ideas, en el carácter, en las creencias, y habitudes de nuestros habitantes, habían consignado los españoles el régimen colonial, es evidente que aun conservamos infinitos restos del régimen colonial, pues que conservamos infinitas ideas, caracteres, creencias y habitudes españolas, ya que los españoles nos habían dado el despotismo en sus costumbres obscuras y miserables. Es pues bajo la síntesis general de

españolismo, que nosotros comprendemos todo lo que es retrógrado, porque, en efecto no tenemos hoy una idea, una habitud, una tendencia retrógrada que no sea de origen español.


Hemos pues podido establecer por tesis general, que el españolismo es la esclavitud. Y que no se apele a la vulgar letanía, que todos los pueblos tienen de bueno y de malo, de viejo y de nuevo. Es tan excepcional y tan raro lo que la España cuenta todavía de nuevo y progresivo, que en nada altera todo ello la generalidad de nuestra tesis.


¿Y no es la España misma la que proclama hoy todas estas verdades, la que se agita por arrojar su antigua condición, por dejar de ser lo que era, por transformarse en otra nación nueva y diferente? ¡La misma España persigue a la España; y se nos hace un delito a nosotros de que la persigamos! ¡La joven España, la hermana nuestra, porque venimos de un mismo siglo, se burla de la España vieja, la madrastra nuestra: ¿y nosotros no tenemos el derecho de burlarla ?


"Solamente el tiempo, dice Larra, las instituciones, el olvido completo de nuestras costumbres antiguas" —esas que nosotros también queremos y debemos olvidar—, "pueden variar nuestro obscuro carácter. ¡Qué tiene esto de particular en un país, en que le ha formado tal una larga sucesión de siglos en que se creía que el hombre vivía para hacer penitencia! ¡Qué, después de tantos años de gobierno inquisitorial! Después de tan larga esclavitud es difícil saber ser libre. Deseamos serlo, lo repetimos a cada momento; sin embargo, lo seremos de derecho mucho tiempo antes de que reine en nuestras costumbres, en nuestras ideas, en nuestro modo de ver y de vivir la verdadera libertad. Y las costumbres no se varían en un día, desgraciadamente, ni con un decreto; y más desgraciadamente aún, un pueblo no es verdaderamente libre, mientras que la libertad no está arraigada en sus costumbres, o identificada con ellas" (Fígaro, "Jardínes públicos").

Pero nuestros publicistas no han pensado a este respecto como Montesquieu, como Tocqueville, como Larra, sino que lo han esperado de las constituciones escritas. Se han escrito muchas y no tenemos ninguna.


Podemos pues continuar despreciando las costumbres, es decir, las ideas, las creencias, las habitudes. ¿ Qué tienen que ver ellas con la constitución de los pueblos?


La Moda, 14 de abril de 1838. Obras completas, T. 1 (Buenos Aires: la Tribuna Nacional Bolívar, 1886).

©JoséLuisGómez-Martínez

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jueves, 26 de agosto de 2010

Reflexiones de Scalabrini Ortiz

”La política, asentada sobre tan deleznables cimientos, se resolvía por arranques sentimentales sin confluencia alguna con los asuntos primordiales de interés general.

Ningún partido presentó nunca una plataforma electoral en que las incomodidades colectivas se reflejaran y se planearan enmiendas. Un partido político sustituía a otro sin más variación que el desalojo de algunos dirigentes. Los enemigos se motejaban los unos a los otros, se ridiculizaban con apodos y hasta se herían con infames referencias a la vida privada. Las conveniencias de la nación quedaban al margen de las polémicas y de las discrepancias, como si su dirección hubiera estado directamente encomendadas a la divina providencia y no a los hombre de gobierno.

La actividad preelectoral era un entrechocar discursivo y apasionado de animosidades y no un cotejo anticipado de doctrinas y orientaciones. Por eso la gran masa del pueblo asistía indiferente a esa mezquina lucha de sube y baja”.



"Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.

martes, 24 de agosto de 2010

Pacto Roca Runciman

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El Ëxodo jujeño - parte 2

En agosto de 1812 se produce la invasión del ejército español, compuesto de 3.000 hombres, a las órdenes del general Pío Tristán, primo de Goyeneche y como él, natural de Arequipa. El 23 de agosto de 1812, dispuesta ya la retirada, lanza Belgrano su famosa proclama a los pueblos del norte: “Desde que puse el pie en vuestro suelo para hacerme cargo de vuestra defensa, os he hablado con verdad… Llegó pues la época en que manifestéis vuestro heroísmo y de que vengáis a reuniros al ejército de mi mando, si como aseguráis queréis ser libres . . . “.

Quienes no cumplan la orden serán fusilados, y sus haciendas y muebles quemados. Las clases populares se pliegan al éxodo sin necesidad de compulsión. No ocurre lo mismo con la clase principal. Algunos consiguen esconderse en espera de Tristán; otros deciden obedecer a Belgrano e irse con los bienes que pueden salvar, para lo cual Belgrano les facilita carretas.

Finalmente todo Jujuy responde heroicamente al llamado patriótico. Y como en los viejos éxodos de la historia, todo un pueblo marcha con sus soldados – hijos de su seno – guiados por quien, sabedor de que esa es su hora de gloria, va sereno, hacia el campo de las Carreras, donde el drama ha de resolverse luego de treinta días de incertidumbre y duelo. La gente debía llevarse todo lo que podía ser transportado en carretas, mulas y en caballos. Y así lo hizo. Los pobladores siguieron a Belgrano cargando muebles, enseres y arreando el ganado en tropel.

Los voluntarios de Díaz Vélez, que habían ido a Humahuaca a vigilar la entrada de Tristán y volvieron con la noticia de la inminente invasión, ellos serán los encargados de cuidar la retaguardia.

El repliegue debe hacerse precipitadamente por la proximidad del enemigo. En cinco jornadas se cubren 250 kilómetros (Recuérdese que para la misma época Napoleón aconsejaba que sus ejércitos no marchen más de diez kilómetros por día). Suponiendo que, al encontrar Jujuy abandonado, Tristán se dirigirá a Salta, Belgrano ordena hacer alto recién en las márgenes del río Pasaje, adonde llega en la madrugada del 29 de agosto.

Cuando el ejército español llegó a las inmediaciones, encontró campo raso. Las llamas habían devorado las cosechas y en las calles de la ciudad ardían aquellos objetos que no pudieron ser transportados. Todo era desolación y desierto. El éxodo llegó hasta Tucumán, donde Belgrano decidió hacer pie firme.

El 3 de septiembre el ejército patriota se halla sobre el río de Las Piedras, cuando los Decididos son atacados por la vanguardia realista, produciéndose una escaramuza. El cuerpo patriota se reúne con el grueso y Belgrano, que espera una oportunidad favorable, despliega al ejército en la margen del río haciendo abrir el fuego de la artillería para despejar el frente. Los patriotas persiguen a los españoles, tomando quince o veinte prisioneros y matando otros tantos.

Una partida de paisanos al mando del capitán Esteban Figueroa logra apresar al jefe enemigo, coronel Huici, al portaestandarte Negreiros y a un capellán. Son las cuatro de la tarde y la victoriosa partida inicia una marcha forzada con sus prisioneros, huyendo del resto de los adversarios. A las doce de la noche están ya en Tucumán, donde se encuentra el grueso del ejército.

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El Ëxodo jujeño - parte 1


La derrota de Huaqui echó por tierra las esperanzas norteñas de un fácil triunfo por el norte. Los hombres salvados del desastre son recibidos por Pueyrredón en Jujuy y bajan lentamente hasta Salta. En Yatasto los encuentra Belgrano, el nuevo jefe, quien recibe los 800 hombres, reliquia del Ejército del Norte, sin armas, desmoralizados, incapaces al parecer de luchar, otra vez, contra los hombres de Goyeneche.


“La deserción es escandalosa –escribe al gobierno- y lo peor es que no bastan los remedios para convencerla, pues ni la muerte misma la evita: esto me hace afirmar más y más en mi concepto de que no se conoce en parte alguna el interés de la patria, y que sólo se ha de sostener por fuerza interior y exteriormente”.


La tarea que debe realizar es agotadora: reorganizar los cuadros, disciplinar los soldados, abastecer el ejército, dar ánimos a la población, crear, solo, en un puesto donde la improvisación puede ser fatal para todos, un ejército armónico, disciplinado, apto para luchar contra los aguerridos regimientos que comandan los españoles. Se vuelve, entonces, ordenancista al extremo. Su rigor, su inflexibilidad, su intolerancia para cualquier falta del servicio, le enajenan la popularidad entre la mayoría, pero salvan a todos y con ello a la Patria.


El general convoca a todos los ciudadanos entre 16 y 35 años y forma un cuerpo de caballería -los “Patriotas Decididos”-, que pone a las órdenes de Díaz Vélez. Dentro de las rígidas normas que establece en su ejército, se forman hombres que ilustrarán las armas argentinas: Manuel Dorrego, José María Paz, Gregorio Aráoz de Lamadrid, Cornelio Zelaya, Lorenzo Lugones. Son jóvenes entusiastas en cuyas almas arde la llama inextinguible de un patriotismo exaltado.


Goyeneche permanece, mientras tanto, detenido en el Norte por la insurrección cochabambina. Hasta Jujuy se dirige, entonces, Belgrano y en la vieja ciudad celebra, en 1812, el 25 de mayo. Por segunda vez presenta al pueblo y a los soldados la bandera de su creación, que es bendecida al término del tedéum por el deán de la Iglesia Matriz don Juan Ignacio de Gorriti.


Nuevamente el gobierno lo reprende por su actitud; Belgrano dolorido, responde en una nota: “La bandera la he recogido y la desharé…”. Otras preocupaciones se suman: el estado sanitario de las tropas es deficiente, el paludismo hace estragos, los efectivos del ejército no aumentan en la cantidad que las circunstancias requieren, y Goyeneche, libre ya su retaguardia, se dispone a entrar en territorio argentino por la puerta grande de Humahuaca.


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domingo, 22 de agosto de 2010

Jockey Club



Sede original del Jockey Club - Este edificio quedaba en la calle Florida 571 - fue proyectada por el arquitecto vienés M. A. Turner y terminada por Alejandro Christophersen y Emilio Agrelo. Se inaugura en 1897. El primer presidente y uno de los fundadores del club fue Carlos Pellegrini. El 15 de abril de 1953, luego de un atentado con bombas en un acto peronista en Plaza de Mayo, grupos de manifestantes a favor del gobierno incendian el club - Actualmente el club se encuentra en la Av. Alvear y Cerrito - La puerta de entrada de madera de este edificio se conserva actualmente en la nueva sede del Jockey Club de la av. Alvear.


Wenceslao Wernicke
Matías Olmos Cano
Juampi Aquino
Mail: wenceslao@fibertel.com.ar

martes, 17 de agosto de 2010

La muerte de José de San Martín - parte 3

Se condenó deliberadamente al ostracismo y al silencio, no por egoísmo ni cobardía, sino en homenaje a sus principios morales y en holocausto a su causa. Sólo dos veces habló de sí mismo en la vida, y fue pensando en los demás.
Pasó sus últimos años en la soledad con estoica resignación, y murió sin quejas cobardes en los labios, sin odios amargos en el corazón, viendo triunfante su obra y deprimida su gloria. Salvador de la independencia de su patria en momentos en que la República Argentina vacilaba sobre sus cimientos, fundó dos repúblicas más, y cooperó directamente a la emancipación de la América del Sur.
Es el primer capitán del Nuevo Mundo, y el único que haya suministrado lecciones y ejemplos en la estrategia moderna en un terreno nuevo de guerra, con combinaciones originales inspiradas sobre el terreno, a través de un vasto continente, marcando su itinerario militar con triunfos matemáticos y con la creación de nuevas naciones que le han sobrevivido.

El carácter de San Martín es uno de aquellos que se imponen a la historia. Su acción se prolonga en el tiempo y su influencia se transmite a su posteridad como hombre de acción consciente. El germen de una idea por él incubada, que brota de las entrañas de la tierra nativa, se deposita en su alma, y es el campeón de esa idea.
Como general de la hegemonía argentina primero y de la chileno-argentina después, es el heraldo de los principios fundamentales que han dado su constitución internacional a la América, cohesión a sus partes componentes y equilibrio a sus Estados independientes. Con todas sus deficiencias intelectuales y sus errores políticos, con su genio limitado y meramente concreto, con su escuela militar más metódica que inspirada, y a pesar de sus desfallecimientos en el curso de su trabajada vida, es el hombre de acción deliberada y trascendental más bien equilibrada que haya producido la revolución sudamericana. Fiel a la máxima que regló su vida: “Fue lo que debía ser” y antes que ser lo que no debía, prefirió “no ser nada”. Por eso vivirá en la inmortalidad.


La inclusión de documentos en esta página no implica conformidad ni adhesión a sus contenidos. La reproducción de los diversos textos apunta a facilitar la comprensión del espíritu de una determinada época para estimular la reflexión sobre el pasado.

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La muerte de José de San Martín - parte 2


Según este criterio y esta síntesis, pude formularse su juicio póstumo, sin exagerar su severa figura histórica, reducida a sus proporciones naturales, ni dar a su genio concreto, de concepciones limitadas, un carácter místico, al reconocer que pocas veces la intervención de un hombre fue más decisiva que la suya en los destinos de un pueblo, explicando a la vez la aparente contradicción y fluctuación de sus ideas y principios guiadores en medio de la lucha, por la inflexible lógica del hombre de acción en presencia del pasado y del presente, bajo la luz en que le vieron los contemporáneos y lo contemplarán los venideros.
Como lo hemos dicho ya, la grandeza de los que alcanzan la inmortalidad no se mide tanto por la magnitud de su figura ni la potencia de sus facultades cuanto por la acción que su memoria ejerce sobre la conciencia humana, haciéndola vibrar de generación en generación en nombre de una pasión, de una idea, de un resultado o de un sentimiento trascendental. La de San Martín pertenece a este número.
Es una acción y un resultado que se dilata en la vida y en la conciencia colectiva, más por virtud intrínseca que por cualidades inherentes al hombre que las simboliza; más por la fuerza de las cosas que por la potencia del genio individual.

San Martín concibió grandes planes políticos y militares, que al principio parecieron una locura y luego se convirtieron en conciencia que él convirtió en hecho. Tuvo la primera intuición del camino de la victoria continental, no para satisfacer designios personales, sino para multiplicar la fuerza humana con el menor esfuerzo posible.
Organizó ejércitos poderosos, que pesaron con sus bayonetas en las balanzas del destino, no a la sombra de la bandera pretoriana, ni del pendón personal, sino bajo las austeras leyes de la disciplina, inculcándoles una pasión que los dotó de un alma. Tuvo el instinto de moderación y del desinterés, y antepuso siempre el bien público al interés personal. Fundó repúblicas, no como pedestal de su engrandecimiento, sino para que vivieran y se perpetuaran por sí, según su genialidad libre. Mandó, no por ambición, y solamente mientras consideró que el poder era un instrumento útil para la tarea que el destino le había impuesto.
Fue conquistador y libertador, sin fatigar a los pueblos por él redimidos de la esclavitud, con su ambición o su orgullo. Abdicó conscientemente el mando supremo en medio de la plenitud de su gloria, si no de su poder, sin debilidad, sin cansancio y sin enojo, cuando comprendió que su tarea había terminado, y que otro podía continuarla con más provecho para la América.

La muerte de José de San Martín - parte 1

El 17 de agosto de 1850 moría en Francia José de San Martín. Tras pelear en España contra las tropas napoleónicas, regresó a su patria en 1812. Tuvo su primera victoria a favor de la causa de la independencia de América en el combate de San Lorenzo, al frente de los Granaderos a Caballo. Más tarde, como parte de su estrategia de liberar Chile y Perú del dominio español, asumió la gobernación de Cuyo y organizó el Ejército de los Andes. Tras cruzar la cordillera, obtuvo las victorias de Chacabuco, en 1817, y de Maipú, en 1818, que aseguraron la independencia de Chile. En julio de 1821 entró en Lima, Perú, y el 28 de ese mes declaraba la independencia de ese país. Tras la entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil y como consecuencia de las desavenencias con el gobierno de Buenos Aires decidió marchar hacia Europa. A continuación, transcribimos un fragmento del libro Historia de San Martín y de la emancipación Sudamericana de Bartolomé Mitre.



Mitre sobre San Martín

Fuente: Historia de San Martín y de la emancipación Sudamericana, de Bartolomé Mitre, en La Nación, en el Centenario de la muerte del General San Martín, domingo 13 de agosto de 1950


Los hombres de acción o de pensamiento que, como San Martín, realizan grandes cosas son almas apasionadas que elevan sus pasiones a la potencia del genio y las convierten en fuerzas para obrar sobre los acontecimientos, dirigirlos o servirlos. Ellos marcan las pulsaciones intensas de una época, de las que se deduce una ley positiva, reveladora de las leyes morales en actividad, y de percusión de las ideas circulantes en la corriente humana. Manifestaciones de una vida múltiple y de una potencia individual, condensadores o generadores del movimiento fecundo, obran sobre su tiempo como una acción eficiente o se lanzan en las corrientes permanentes, y de este modo su influencia se prolonga en los venideros como hecho durable o como pensamiento trascendental.

Así como cada pueblo tiene un rasgo principal, del que todos los demás se derivan, y como las partes componentes del pensamiento se deducen de una cualidad original, así también en los hombres que condensan las pasiones activas de su época, todos sus rasgos y cualidades se derivan y deducen de un sentimiento fundamental, motor de todas sus acciones. En San Martín, el rasgo primordial, el sentimiento generador de que se derivan y deducen las cualidades que constituyen su ser moral, es el genio del desinterés, de que es la más alta expresión en la revolución sudamericana, ya sea que medite en su limitada esfera intelectual; luche, destruya, edifique, según sus alcances; mande, obedezca, abdique y se condene al eterno silencio y al eterno ostracismo.

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Homenaje al Libertador ....

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lunes, 16 de agosto de 2010

Bolívar y San Martín

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Código de Honor del Ejército de los Andes


"La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes, ni le da armas para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene. La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares."


José de San Martín, Cuartel General de Mendoza, 4 de septiembre de 1816.


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domingo, 15 de agosto de 2010

Carta de San Martín a Álvarez Thomas - Plan para conquistar Chile y Perú

Archivo General de la Nación, infolio, pág. 257, citado en Otero, José Pacífico, Historia del Libertador Don José de San Martín, Buenos Aires, Editorial Sopena Argentina, 1949, págs. 407-408.

San Martín describe al director Álvarez Thomas su plan de avanzar sobre Chile para luego conquistar Lima. Carta del 29 de febrero de 1816.

“Chile por su excelente población proporcionalmente a las demás regiones de esta América, por la natural valentía y educada subordinación de sus habitantes, por sus riquezas es el pueblo capaz de fijar –regido por mano diestra- la suerte de la revolución. Él es el fomento del marinaje del Pacífico. Casi podemos decir que lo ha sido de nuestros ejércitos y de los del enemigo. En este concepto nada más interesante que ocuparlo. Lograda esta grande empresa, el Perú será libre. Desde allí irán con mejor éxito las legiones de nuestros guerreros. Lima sucumbirá, faltándole los artículos de subsistencia más preciosos.

Pero para este logro despleguemos de una vez nuestros recursos. Todo esfuerzo parcial es perdido decididamente. La toma de este país recomendable debe prevenirse de toda probabilidad. Ella exige una fuerza imponente, espacio e tres o cuatro meses. De otro modo, el enemigo nos disputa el terreno palmo a palmo. Chile naturalmente es un castillo; la guerra puede hacerse interminable y entretanto variar el aspecto de la Europa; armas sólo que envíe la Península puede traernos consecuencias irreparables.…

”A este fin, debe proveerme V.E.: primero, de doce a catorce mil pesos para mantener nuestras relaciones secretas, minar la opinión de las tropas y extraernos todo el armamento posible; segundo, con cuatro mil hombres, entre ellos setecientos de caballería, contando con que esta provincia puede poner con su actual guarnición dos mil doscientos hombres; tercero, con tres mil fusiles de a 4, y sesenta mil pesos, de los cuales treinta mil puedo en tal lance exigir de estos vecinos; pues no es regular ir a Chile sin numerario y empezar por exacciones cuando se debe seguir un sistema en todo opuesto al de sus opresores.

Por último, deben zarpar oportunamente de esas playas dos buques de toda consideración y porte, armados de cuenta del Estado y sujetos a órdenes del jefe del ejército, los que, cruzando las costas de Chile, contengan el escape de nuestros enemigos o los apresen con los grandes tesoros que de lo contrario pueden substraer, promoviendo sobre todo desde ahora estos preparativos para que nada falte en el momento precioso de la marcha. Yo, por mi parte, protesto activar cuanto alcance en mis recursos hasta formar –si es de la aprobación de V.E.- cuadros completos de oficiales escogidos entre los emigrados, los que, uniformados a nuestra táctica, serán utilisímos y podrán llenarse fácilmente en aquel país donde por sus relaciones se deben merecer la confianza y aprecio de sus naturales”. (Cita Archivo General de la Nación, infolio, pág. 257).

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martes, 10 de agosto de 2010

5 de julio de 1807


Pasaje 5 de julio de 1807, en Montserrat. Une la avenida Belgrano con la calle Venezuela. Allí funcionó hasta 1822 el camposanto de Santo Domingo. Muchos cuerpos se trasladaron al flamante Cementerio del Norte (hoy Recoleta); muchos otros todavía descansan allí debajo.



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También podés escuchar los sábados a las 23 por Radio América, AM 1190, www.estoesamerica

Porqué desaparecieron los Dinosaurios

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Acción y Reacción

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lunes, 9 de agosto de 2010

Belgrano, por Felipe Pigna

El historiador señaló a LA NACION LINE aspectos poco difundidos del prócer que lo pintan como un destacado político y un visionario.

Durante varios años, la figura de Manuel Belgrano quedó circunscripta únicamente a la creación de la bandera. Sin embargo, además de ser el inventor de la enseña que hoy flamea en todo mástil vernáculo, este abogado que en su lucha por la patria dejó salud y fortuna, es reconocido hoy por los historiadores como uno de los personajes más trascendentes en la construcción de la Argentina como nación.

En declaraciones a LA NACION LINE, el historiador Felipe Pigna recurrió a las palabras de José de San Martín, para destacar las cualidades del prócer. El santo de la espada sostenía que "si había un padre de la patria, ése era Belgrano".

Entre los aspectos que la historia oficial mantuvo en segundo plano durante casi dos siglos figuran las características visionarias de este líder que era experto en economía y política. Ya en 1794, en "Memoria del Consulado", escribía que si este país se dedicaba sólo a la ganadería estaba acabado, que había que fomentar las industrias y repartir mejor la riqueza.

Además, muchos juristas le reconocen la autoría del primer esbozo constitucional de la Argentina, en diciembre de 1810, en la Campaña al Paraguay. Entonces, redacta el "Reglamento para el pueblo de las misiones", que incluye 30 artículos donde reglamenta todo tipo de actividad y establece cómo debía organizarse la sociedad.

Pigna subraya también el lugar destacado que el prócer le dio a la educación. "Cuando Belgrano triunfa en las batallas de Salta y Tucumán, el Estado lo premia con 40 mil pesos, algo así como 120 millones de dólares actuales. El dona el dinero para la creación de cuatro escuelas, que nunca se construyeron."

Pero la pregunta entonces es por qué la historia le otorgó simplemente el rol de padre de la bandera a un hombre que, sin desmerecer la importancia de la creación del símbolo patrio, tuvo otros aspectos más trascendentes para el desarrollo de la nación.

Según Pigna, "el poder real de la época lo consideraba muy peligroso, por lo tanto era mejor mantenerlo alejado de la vida política y enviarlo a misiones militares imposibles de las que él no tenía ninguna intención de participar". Sin embargo, se calzó las espuelas y obtuvo varios triunfos importantes en pos de la independencia.

La desaprobación hacia ciertas conductas de Belgrano continuaron hasta su muerte, que lo alcanzó en la más absoluta miseria a pesar de que, al contrario de los funcionarios actuales, ingresó rico a la administración pública. Los diarios de la época evidencian este ostracismo, pues aquel 20 de junio de 1820 ningún medio de la Argentina publicó su fallecimiento.

La negativa a reconocer algunas ideas del letrado continuaron a lo largo de los años. "Pero, como los relatores oficiales no podían disimular al personaje porque lo tenían que mencionar de alguna manera, vieron la forma más inofensiva de recordarlo: como el creador de la bandera", opina el historiador.

En ese sentido, revela que esta versión reduccionista continuó hasta nuestros días porque "al poder actual tampoco le conviene reconocer que hace 200 años un prócer dijo que había que repartir mejor las tierras y las riquezas. No vaya a ser que a alguien se le ocurra hacer lo mismo".

Dicen que por sus obras habla el hombre, pero también por su carácter. Y parece que el de Belgrano era bastante enérgico. Para graficarlo, Pigna cuenta la siguiente anécdota. "Cuando el 24 de mayo el virrey Cisneros crea una junta absolutamente impopular, liderada por él, en una reunión, Belgrano se refiere a la situación de esta manera: ‘Si a las 3 de la tarde el virrey no renuncia, juro a mis compañeros que lo arrojaré por la ventana’".No hubo necesidad de tirarlo, porque el representante del rey renunció.

Pigna concluye su semblanza señalando: "Alguien que viniendo de una familia con mucha fortuna y teniendo la vida resuelta se compromete para resolverle la vida a los demás, y en esa lucha pierde su salud, su fortuna y su vida, es alguien extraordinario."

Constanza Longarte

Viernes 20 de junio de 2003