La historia es la única rama del conocimiento que nos puede decir qué fuimos en el pasado, qué somos en el presente y qué seremos en el futuro.
martes, 9 de febrero de 2021
lunes, 8 de febrero de 2021
PALACIO PIRIA - PUNTA LARA - BUENOS AIRES
El Palacio Piria fue una antigua residencia de estilo italiano de principios del siglo XX, ubicado en la localidad de Punta Lara, partido de Ensenada, provincia de Buenos Aires. En 1907 comienza la edificación del Palacio que fue inaugurado en 1910. El rematador uruguayo Francisco Piria lo adquiere en 1925 con el propósito de transformar la zona en un importante balneario. Vivió ahí hasta fines de los años ´30. Al no poder concretar su objetivo, regresa a su país. En 1947, el Palacio y las 141 hectáreas que lo rodean pasan a manos del Gobierno Provincial por donación de la familia Piria, para uso residencial de los gobernadores.
Esto no se concretó. Durante algunos años funcionó una colonia de vacaciones
para niños huérfanos. Fue cedido a la Municipalidad de Ensenada, que perdió sus
derechos por no poder hacerse cargo de su recuperación. Por Ley 12.955 de la
provincia de Buenos Aires fue declarado Monumento Histórico y bien incorporado
al Patrimonio Cultural de la Provincia.
domingo, 7 de febrero de 2021
El Palacio Piria, un sueño abandonado entre el bosque y el río en Punta Lara - Parte 2
El alquimista
Pasaron los años y la región donde se ubica el Palacio cambió, y de zona exclusiva para la alta sociedad porteña empezó a ser vista como zona apta para turismo. El primer hotel fue inaugurado en 1922. Comenzaba a gestarse una Punta Lara diferente. A este escenario llegó el segundo protagonista de esta historia: el magnate uruguayo Francisco Piria.
Piria había nacido en 1847 en Montevideo. De cuna pobre, comenzó vendiendo baratijas en el mercado y más tarde se afincó como martillero. Nacarate, Amor y Aldazábal cuentan que "antes de cumplir los 27 años, ya había comenzado a incursionar en la venta de terrenos a plazos, que fue el verdadero origen de su inmensa fortuna. Lo novedoso de su idea consistió en fraccionar tierras, crear barrios nuevos y vender a las personas de bajos y poca capacidad de ahorro, a largos años". Fundó el balneario Piriápolis, pero también creó cientos de barrios en otras partes del país vecino.
Ya era un anciano de 80 años cuando se fijó en Punta Lara. Compró la estancia con su Palacio, que ya estaba semi abandonado, y le hizo algunas reformas, entre ellas el emplazamiento de un "salón de los espejos" en la sala central de la casa. Además, construyó una capilla en la terraza en la que los vitrales incluían los signos del Zodíaco: Piria era un estudioso de las ciencias ocultas y practicaba la alquimia en un cuarto secreto.
"A partir de ahí el edificio comenzó a llamarse Palacio Piria", continúa relatando vía Zoom la arquitecta Nacarate. "Él le presentó al Gobierno un proyecto turístico. Había levantado un apeadero para el ferrocarril en la puerta del Palacio y pretendía crear un sistema de caminos para llegar a Punta Lara desde otras localidades. Pero no tuvo la respuesta que esperaba y terminó volviéndose a Uruguay a fines de la década de 1920".
Piria donó el Palacio al Gobierno provincial, pero "el Estado nunca supo qué hacer con ese edificio". Estuvo bajo la órbita del Servicio Penitenciario y del Ministerio de Acción Social. Fue centro comunitario para la tercera edad, instituto de menores y colonia de niños huérfanos. Hoy en día pertenece al Ministerio de Economía.
Destrucción y reconstrucción
En la actualidad el Palacio se ha transformado en una ruina que corre peligro de derrumbe. Nacarate cuenta que una funcionaria tuvo la idea de "restaurar" las aberturas mediante el expeditivo procedimiento de sacar puertas y ventanas para enviarlas a un taller en Melchor Romero, donde aún deben estar. Con el edificio completamente abierto empezaron los robos. "Esto no es una ruina romántica, acá hubo un desguace", asegura.
La arquitecta está empeñada en lograr la restauración del Palacio. Durante años realizó visitas guiadas en el lugar junto a su grupo, con lo que le dieron difusión al asunto. Ahora asegura que una reconstrucción es posible: "Lo primero que hay que hacer poner un andamiaje para detener el avance del deterioro y empezar a investigar cuáles son las situaciones más comprometidas".
"El Palacio es una referencia en el barrio: hay un club de fútbol Piria, un almacén Piria, un centro de jubilados Piria... Para la zona tiene un valor muy fuerte y sueñan con verlo recuperado. Por eso queremos reconstruirlo y darle un uso público: un museo, un centro cultural, un sitio para talleres y exposiciones", cierra con esperanza Nacarate. Quién sabe: tal vez dentro de unos años estos sueños se hagan realidad y aquel cuento de hadas del principio tenga, por fin, un final feliz. (DIB) MM
Por Marcelo Metayer, de la redacción de DIB
sábado, 6 de febrero de 2021
El Palacio Piria, un sueño abandonado entre el bosque y el río en Punta Lara - Parte 1
Lo construyó el empresario que fundó
Villa Elisa, pero no lo vio terminado. Luego lo compró un millonario uruguayo
que le dio su nombre. Perteneció por muchos años a la Provincia. Hoy es una
maravilla en ruinas y un grupo de expertos está empeñado en su restauración.
Había una vez un millonario estanciero que caminaba por la orilla del Río de la Plata. Pisaba arena blanquísima. A su lado se levantaba un denso bosque. El rumor de las aguas lo hizo soñar. Y soñó con un enorme palacio en el bosque, junto al río. Un lugar para vivir junto a su amada esposa y sus futuros hijos, para celebrar fiestas y bailar hasta el amanecer. Un siglo después, el río está oscuro y revuelto, gran parte del bosque fue talado y el palacio se convirtió en ruinas.
El millonario que soñó todo se llamaba Luis Castells. El sitio es Punta Lara, en el partido bonaerense de Ensenada. Y la mansión terminó conociéndose con el nombre de la persona que se lo compró a sus herederos, Francisco Piria. En este momento, el cuento del Palacio Piria se convierte en una incógnita triple: quién fue Castells, quién fue Piria y por qué la majestuosa construcción terminó abandonada.
"Hay que hacer un gran ejercicio de imaginación para darse
cuenta de por qué Castells construyó este palacio en una zona que hoy aparece
degradada", cuenta a DIB Marcela Nacarate, arquitecta y especialista en
patrimonio. Ella es la persona ideal para buscar respuestas a los enigmas del
Palacio Piria: desde hace años está detrás de un proyecto de difusión y
restauración del edificio.
Nacarate relata que "Castells era un empresario catalán que
vino de España con una gran fortuna. Cuando llegó a Argentina, a principios de
la década de 1880, se acomodó en la aristocracia porteña. Además, era una persona
muy solidaria y donó el edificio que terminó siendo el Casal de Cataluña en
Buenos Aires. La cuestión es que se hizo muy amigo de Francisco Uriburu y se
casó con su hija, Elisa. Compró unas tierras cerca de donde Francisco tenía un
gran Palacio hoy demolido, en donde ahora se encuentra el camping del Sindicato
de Luz y Fuerza. Luego donó gran parte de las tierras y fundó el pueblo de
Villa Elisa, por su mujer".
El "Chalet"
El catalán continuó mirando terrenos en la zona, cercanos a
donde por esos momentos se levantaba pujante la nueva capital bonaerense, y se
fijó en Punta Lara, "donde encontró un bosque de arenas blancas, que le
pareció un lugar ideal para criar sus caballos pura sangre. Terminó comprando
casi 5.000 hectáreas de la Estancia Punta Lara, y allí construyó su Palacio,
que al principio se conocía como el 'Chalet de Castell'". El empresario
nunca pudo verlo terminado, ya que falleció en 1907.
La construcción del Palacio fue concluida por su hijo, Luis
Castells Uriburu, y se inauguró en 1910. En un trabajo de investigación firmado
por Nacarate, la arquitecta Mariela Amor y Ezequiel Aldazábal se mencionan
detalles del "Chalet de Castell": "Caracterizado por una mezcla
de estilos renacentistas, el Palacio de 1.500 m² emplazado frente a la actual
Avenida Costanera Almirante Brown entre las calles 26 y 40, destaca desde su
nacimiento por la belleza de sus 40 columnas corintias, su recepción central en
semicírculo rodeado por suntuosas escaleras de mármol blanco traído de Carrara,
sus tres plantas, sus puntillosos y coloridos trabajos en venecitas y una
amplia proliferación de balaustres, fuentes y estatuas. También contaba con
puertas y marcos trabajados en pinotea traída de España".
lunes, 7 de diciembre de 2015
Parque Avellaneda
domingo, 4 de septiembre de 2011
“ La Pulpería “El Puentecito” – Barracas"
martes, 16 de marzo de 2010
Las Bóvedas de Uspallata - parte 4
San Lorenzo mártir
Por aquellos tiempos el Santo de Uspallata era San Lorenzo mártir y constaba en varias actas como el Valle de San Lorenzo de Uspallata.
En el año 258 Lorenzo era Protodiácono de la Iglesia de Roma, asistente del Papa Sixto y el principal encargado de socorrer a los pobres y administrar las temporalidades de la Iglesia.
Hacia el siglo III, el Estado codiciaba aún más que la plebe estas riquezas. Para su administración, la Iglesia había constituido el cuerpo de los diáconos, siete en total. Lorenzo era su jefe.
Cierto día, el Emperador Valeriano, después de mandar a matar al Papa, le pide a Lorenzo que le entregue todos los tesoros de la Iglesia. El Santo le pide un plazo de 3 días durante los cuales se encarga de repartir todas las riquezas entre los pobres. Luego, llama a todos los lisiados, ciegos, enfermos y vagabundos y se presenta con ellos al emperador. Cuando éste le pregunta por los tesoros, él le dice, señalando a los enfermos: “Estos son los tesoros y las riquezas de la Iglesia, aliméntalos, cuídalos, lava sus pies”
El Emperador consideró la respuesta como un insulto y lo manda a torturar. Le extendieron en una especie de parrilla de hierro encendido al rojo; debajo de ellas tendieron un lecho de rescoldo, que de cuando en cuando iban fomentando con carbones, para que fuese más vivo y prolongado el dolor. Estaba Lorenzo en aquella cama de fuego con tanta serenidad, con gozo tan manifiesto, que muchos de los circunstantes se convirtieron a la verdadera fe, reconociendo en aquel valor una fuerza muy superior a la humana.
Los Jesuitas traen su imagen al valle de Uspallata como el Santo Protector de los Fogoneros. La réplica del Santo que se halla en el Museo de las Bóvedas fue realizada por un artista mendocino.
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Las Bóvedas de Uspallata - 3

Asimismo, luego de la conquista en manos del español, con la fundación en la Capitanía General de Chile, de Santiago del Nuevo Extremo en 1541, se iniciaron las ondas colonizadoras que afectaron esta zona de la cordillera, una de las cuales fundó la ciudad de Mendoza en 1561
El valle de Uspallata era el lugar de paso obligado de las avanzadas españolas, donde vivían pacíficos grupos de indígenas, que desarrollaban una economía de subsistencia que consistía en la práctica de de una rudimentaria agricultura, principalmente maíz, recolección de frutos y pastoreo de la llama.
En 1562 se estableció una encomienda en el lugar para hacer trabajar a los indios más dóciles.
El descubrimiento de la abundancia de las minas de plata de los alrededores
Convirtió esta zona en un destacado lugar de circulación y provisión entre Mendoza y Chile. Desde fines del S. XVII y durante el S.XVIII se caracterizó por la explotación de las minas y la fundición del mineral realizadas por los indios y organizados por religiosos que tenían a su cargo la catequización de los mismos. Políticamente, durante la mayor parte de este período, Mendoza, como el resto de Cuyo estuvo incluida dentro de la juridicción de la Capitanía Gral. De Chile, dependiente del Virreinato del Perú. Recién en 1776, cuando se creó el Virreinato del Río de la Plata, Cuyo pasó a formar parte de la nueva estructura , y la cordillera adquirió carácter de frontera política entre Chile y Argentina. El Valle de Uspallata conservó el mismo valor estratégico.
Por M. Eugenia Cepparo y Rosario Vargas
Las Bóvedas de Uspallata - parte 2
Varias maquetas ilustran el paso de la columna al mando del Gral. Las Heras por el paso de Uspallata quien acompañado por Fray Luis Beltran, estuvo aproximadamente 9 días en Uspallata.

Contrariamente a lo que suele decirse, la fundición de las armas no se realizó en las Bóvedas de Uspallata sino en la ciudad de Mendoza y en realidad no se fundieron armas sino municiones, trabas, engranajes, etc.
En la sala principal hay uniformes que son réplicas de los originales que muestran los distintos cuerpos del Ejército Libertador: artillería, infantería y los tamboriles. Los tamboriles eran en su mayor parte huérfanos, iban adelante llevando el ritmo de las tropas y solían ser los primeros en morir porque estaban mas expuestos.
La sala de mineralogía contiene muestras de los minerales que hay en Uspallata, plomo, crisocola, cuarzo, talco, galena que es una composición de plata y plomo, que antes se usaba para las radios. Hay hierro y esquisto bituminoso, que se usaba como combustible para calentar los hornos de fundición. También hay fósiles, restos de araucarias petrificadas, algunas piedras semipreciosas como amatistas, ópalo de la zona de Paramillos y mina San Jorge. Cuarzos, helechos petrificados, amonites, corales petrificados, semillas de araucaria y troncos del Parque Darwin, caracoles y conchillas petrificadas.
Hay una antigua escalera minera que muestra que algunos socavones eran tan estrechos que el indígena tenía que volver sobre sus pasos para poder salir.
La sala cultural indígena muestra vestigios de la cultura huarpe. Restos de puntas de flecha, un pequeño mortero que seguramente usaban para moler hierbas, morteros grandes donde molían granos, especialmente la vaina del algarrobo para hacer el patay. Bateas de algarrobo, piedras con acanaladuras que seguramente utilizaban para afilar sus herramientas. Cacharros y vasijas de alfarería gruesa donde conservaban el agua.
En la sala de fundición hay restos de herramientas fundidas en aquella época: hachas, clavos, mazas, martillos, herraduras, parte de tijeras. Restos de cerámica europea de los mineros europeos que llegaron a Paramillos a fines del siglo XVIII.
Las Bóvedas de Uspallata - parte 1

Las Bóvedas es uno de los pocos edificios que se conservan de la época colonial y se relaciona con la Orden de la Compañía de Jesús en Mendoza, quienes usaban ese tipo de construcciones abovedadas.
Las Bóvedas de Uspallata datan de los años 1600 y se construyeron con el fin de fundir oro y plata que se traía de las minas de Paramillos. Se cree que fue hecho por los jesuitas con mano de obra huarpe. Se calcula que tardaron aproximadamente ocho años para construirla.
Las cúpulas eran las chimeneas cuyos orificios fueron tapados para protección y tenían esa forma para preservar las temperaturas por mas tiempo. El calor se mantenía en la parte superior y el hombre podía trabajar con los crisoles, los fuelles, las fraguas, para la fundición de estos minerales. Después el fundido era llevado a Uspallata, luego hacia Chile y de Chile hacia España en barco.
Aún se conserva el molino trapiche hidráulico que era donde hacían la molienda de los minerales, había un pequeño horno de fundición de menor temperatura donde se fundían otros metales para fabricar herramientas de trabajo.
Al lado de la escalera principal, se encuentran los restos de lo que se cree eran pabellones de depósito y dormitorios de los trabajadores huarpes. En la sala de moldes o sala de maestranzas se forjaban las herramientas de trabajo y las planchuelas de oro y plata
Había otra sala donde estaba la capilla que fue llevada hace mucho tiempo por un aluvión y fue reconstruido en el 94 como habitación. Las paredes están hechas con base de piedra y arriba adobe, que armaban como ladrillos. Las bóvedas fueron construidas con el sistema de espiral. Es un estilo de arquitectura moro-árabe. La construcción de pircas es por influencia del inca que antes de la conquista tenía al aborigen huarpe como súbdito. Su influencia fue cultural, no mediante la fuerza como el español.
En las salas principales estaban los hornos de fundición, donde antiguamente se fundían los minerales. Ahora es una sala histórica donde se relata la historia de la campaña libertadora.



