lunes, 4 de febrero de 2019

Hipólito Yrigoyen ante la condición humana - Parte 3



14Para Yrigoyen la Política es Ética, y la Ética es Política: la simbiosis es absoluta, y por lo tanto no se plantea la contradicción teoría-praxis, o, en términos de Max Weber, una ética de las ideas en contraposición a una ética de las responsabilidades. La ética yrigoyeneana, por otra parte, es de índole social, emanada naturalmente de una moralidad individual, a la que trasciende. Por eso Yrigoyen, al anunciar la pérdida de su propia autonomía, la sublima en función de una liberación colectiva. Pero no se trata de exigir a todos esa renuncia: la idea de semejante sacrificio es un deber del dirigente, que asume esa obligación apostolar y de quienes lo acompañan en la Unión Cívica Radical. En períodos revolucionarios, la intransigencia es una disciplina severa, que obliga a quienes participan y se comprometen con la acción revolucionaria de la “Causa” contra el “Régimen”. Es muy difícil ser radical, advierte Yrigoyen a sus correligionarios.

15La Causa y el Régimen: he ahí una dualidad conceptual que es central en la política yrigoyeneana. Proviene de la visión romántica que atraviesa desde las luchas independentistas, todo el siglo XIX en la política argentina. Revolución o quedantismo, independencia o colonia, unidad centralista y federalismo descentralizador, institucionalidad democrática o autoritarismo oligárquico, son los términos de las tensiones entre las dos argentinas, una dicotomía de exclusiones y enfrentamientos.

16Yrigoyen opta, en esa interpretación de nuestra historia a fines del siglo XIX, por la idea de la revolución democrática de las instituciones propias del Estado de Derecho; por el igualitarismo contra el privilegio, por la personería de la Nación frente a la dependencia internacional. La reparación de una Argentina verdadera, degradada circunstancialmente en sus concepciones morales y en su deformación institucional, conlleva el reemplazo del Régimen, “falaz y descreído, por un orden de cosas enteramente nuevo”. Será el logro de la Nación soberana en lo interior y en lo exterior. Los componentes del régimen -“una descomposición de mercaderes donde nada se agita por ideal alguno de propósito saludable sino por móviles siempre menguados” (Carta al Dr. Pedro C. Molina -preliminares de la polémica- DHY, pág. 67)- podrán retardar su caída, “imponiendo cada vez más sacrificios, pero al fin se precipitarán obedeciendo a una lógica de la historia ineludible” (Primera Carta... DHY pág. 82.). Porque sus bases son absolutamente falsas y atentatorias, así fatalmente caerá. Por eso, la Causa tiene una razón y un destino revolucionario: “Ningún esfuerzo bien dirigido y encaminado, ha dejado de ser fructífero, y siempre ha dado al hombre y a las sociedades mayor conciencia de sí mismos” (DHY, pág. 83).

17Hay en esta hermenéutica de la realidad argentina un cierto optimismo panteísta, un regeneracionismo histórico que la conduce y alimenta. Partiendo de las fuentes raigales, en búsqueda de lo profundo, de lo inmutable, el retorno de las fuerzas populares y nacionales a las luchas políticas implica mucho más que la restauración constitucional, cuyo formalismo decía el régimen oligárquico cumplimentar. La que se incorpora a la lucha política en la reivindicación radical, es, en cambio, una renovación ética fundamental, un espíritu nuevo, una nueva vida, que va más allá del restablecimiento de las ideas primordiales de 1810: es la realización plena de la personalidad argentina a través de un movimiento colectivo de liberación.

18La Unión Cívica Radical era el partido que representaba ese movimiento. Dice Yrigoyen, que es “numen y fuente originaria, surgida para cumplir sacrosantos deberes, y asumió todas las pruebas, como la entidad simbólica que fijó su ruta marcando modalidades antagónicas irreductibles entre épocas y tendencias” (Memorial a la Corte Suprema de Justicia, escrita desde la Isla Martín García, donde estaba preso, en agosto de 1931, DHY, pág. 470-471). Por eso, afirma en el mismo escrito, la Unión Cívica Radical así por sus majestuosas enseñanzas, la religión cívica de la Nación adonde las generaciones sucesivas puedan acudir en busca de nobles inspiraciones” (DHY.Pág. 474) y su causa es la de la Nación misma, y su representación la del Poder Público que sólo lo es cuando está encuadrado en el Estado de Derecho, el de la Constitución y la ley.

V

19Las Ideas de Nación, de Patria y de Pueblo, palabras y conceptos que invoca reiteradamente en sus escritos, tienen particulares connotaciones en el pensamiento y en la acción política de Yrigoyen. Su léxico ha sido motivo de apreciaciones generalmente peyorativas, vinculadas a su construcción muchas veces basada en neologismos, a un presunto significado oscuro. Todavía no ha sido trabajado un estudio más penetrante, objetivo y abarcador, siendo, como lo es el lenguaje irigoyeneano, de ricas y creativas posibilidades interpretativas.

20Yrigoyen era un hombre político, no un académico de la filosofía, aunque había ejercido la cátedra en el Colegio Normal de Buenos Aires por casi diez años. Sin embargo, pocas veces en la historia se encuentra una conjugación tan trascendente y armoniosa entre teoría política, conducta ética existencial, y praxis en la vida pública. Por ello, los textos yrigoyeneanos deben ser interpretados no sólo en sí mismos, sino en su activa concreción política, en la práctica de jefe revolucionario, fundador y conductor de un partido político y de un movimiento popular, y como ejecutor de una profunda transformación democrática y modernizadora en la vida Argentina desde la Presidencia de la República.


Hipólito Yrigoyen ante la condición humana - Parte 2



6Desde el punto de vista de la historia de las ideas políticas y de la filosofía social en Latinoamérica, Yrigoyen es el político krausista por excelencia y el ejemplo más característico de esa corriente reformista y democrática. Su pensamiento y los modos de su conducta pública y privada, su personalidad y, en fin, su estilo humano, tienen los rasgos, en forma y sustancia, del krausismo como filosofía ética y modalidad de vida, tal cual se desenvolvió en la España del Siglo XIX. “Los krausistas vestían sobriamente, por lo común de negro, y componían el semblante, pareciendo impasible y severo; caminando con aire ensimismado, cultivaban la taciturnidad; y cuando hablaban, lo hacían con voz queda y pausada, sazonando sus frases con expresiones sentenciosas, a menudo obscuras; rehuían las diversiones frívolas y frecuentaban poco los cafés y los teatros” escribe José López Morillas (El krausismo español, pág. 54-55). Pero más allá de estos rasgos exteriores, que parecen pintar la figura del “Peludo”, como lo llamaban a Yrigoyen sus contemporáneos, el krausismo fue sobre todo, dice el mismo López Morillas en el libro citado, un “estilo de vida, una cierta manera de preocuparse por la vida y ocuparse de ella, de pensarla y de vivirla” (pág. 208).

7Pero la gran vocación de Yrigoyen no es la contemplación filosófica, la escritura de tratados o ensayos, ni la ensoñación teórica alejada de la vida real. Es la política, como pensamiento conducente, y sobre todo la política como práctica. Ese proyecto político, que lo absorbe durante toda su trayectoria vital, no se limita ni se guía para adquirir, acrecentar o permanecer en el “poder” –palabra excluida del lenguaje yrigoyeneano–. Se funda, en todo caso, en una suerte de panteísmo democrático participativo, en la que el pueblo, conjugación armoniosa de individuos-ciudadanos libres, se gobierna a sí mismo completando su plena soberanía.

8La dedicación política yrigoyeneana se asimila al apostolado, concebido como civismo de pedagogía social. Cuando sale de su recogimiento, en el período de peculiar monasticismo laico de los años ochenta, Yrigoyen define esa actitud: “Hace veinte años, salí de mi recogimiento a la convocatoria de la opinión pública nacional, y desde entonces, no me ha dado volver todavía a la normalidad y a la regularidad de mi vida” (segunda Carta a Pedro C. Molina, DHY, pág.89, en noviembre de 1909). De hecho, su existencia prosigue estrictamente en los hechos con una consistencia infrecuente ese camino de “sacrificio”, en el que “se confunde su autonomía con la de los demás, asumiendo y aceptando juicios y responsabilidades comunes” según el mismo lo confiesa en el mismo documento (pág.89).

9Esa consagración a una “causa” emancipadora, de trascendencia ética, es conscientemente un camino a la autorrealización de su personalidad, a través de un intenso cuestionamiento interno, de reflexión racional y maduración conceptual. En los recogimientos “acentuados se forma el justo y levantado criterio, libre de todo prejuicio, y se acumulan las fuerzas morales y reales, que venciendo todos los obstáculos, concluyen por implantar transiciones superiores”, escribe Yrigoyen en la Primera Carta a Pedro C. Molina (DHY, pág. 81). Así se va conformando naturalmente, en los ejercicios de autodisciplina, una vocación política misional, o mejor, utilizando palabras de Yrigoyen, de “superior iluminación apostolar” (DHY pág. 79).


10La circulación de la convocatoria yrigoyeneana, en los momentos de mayor expansión persuasiva, apenas cuenta con textos escritos, y casi sin apariciones públicas del jefe radical. Su difusión, en los tiempos de la lucha desde el llano, no se producía sino muy parcialmente, por los canales propios de la época: diarios, periódicos, producción teatral o los libros. Tampoco por los actos de la tribuna, la arenga y la actuación parlamentaria. Todos esos instrumentos los tuvo cuando la UCR accede al gobierno, aunque Yrigoyen persistió en su conducta silenciosa, casi sin apariciones públicas. La circulación social de la “política” de Yrigoyen se realizaba más como efecto de las prácticas políticas que de una fundamentación escrita de carácter teórico. Se expresaba, entonces, a través de los “documentos” de la Unión Cívica Radical, emitidos luego de las reuniones de sus órganos estatutarios, que estaban apenas difundidos por los medios de la época. Yrigoyen condenó severamente esa prensa venal y sometida a los poderes de turno. Ese carácter documental que registra y sostiene la escritura de Yrigoyen, en términos de pronunciamientos solemnes, van fijando posición doctrinaria y testimonian “los oprobios del Régimen” para el presente y para el futuro.

11El “documento” de Yrigoyen sería así un género de fuerte incidencia retórica, de tono declarativo y prescriptivo, grave y severo, que describe, y sobre todo interpreta, las realidades sociales, económicas o políticas desde una mirada con fundamentos éticos. Difunde, pues, ya por los medios de prensa partidarios, ya por el folleto o el volante, los textos con que se expresa institucionalmente su pensamiento político. Esos textos son de escritura densa. Es un discurso racional con enunciados apodícticos, generalmente largos y con derivados sucesivos. A veces, son de compleja comprensión, sobre todo si no se penetra en la lógica de sus estructuras filosóficas, las que, como queda dicho, provienen del idealismo romántico alemán a través de sus epígonos españoles. Es a esos textos y a los mensajes presidenciales oficiales -que denotan el particular estilo de la expresión lingüística de Yrigoyen- a los que debemos recurrir, pues, para el estudio y la interpretación del pensamiento político de Hipólito Yrigoyen. Deberemos utilizar, igualmente, el léxico y el estilo de composición del propio Yrigoyen para definir ese ideario, porque es irremplazable.

12Una parte importante, la más sustantiva del pensamiento yrigoyeneano, ha sido incorporada a las ideas políticas argentinas, y por lo tanto está vigente y aceptada, y cuentan con lo que podríamos denominar un consenso implícito de la teoría democrática. Lo que en su tiempo era innovador y revolucionario, hoy no tiene obviamente el mismo eco trasgresor y alternativo. Aun cuando deba ser considerada y valorada en el contexto de la historia de las ideas y, en ese marco, su ubicación en tiempo y lugar, encontrando influencias, cruces ideológicos, y eventualmente quiebres y continuidades, el mensaje de Yrigoyen ostenta el carácter de lo clásico, y por lo mismo, resulta imprescindible.

13Sin embargo, una lectura crítica más profunda y más cuidadosa, encuentra rasgos originales, que adquieren hoy renovado interés y actualidad, a la luz de las transformaciones que los procesos de globalización, la crisis del estado nación y las nuevas problemáticas en torno a las así llamadas identidades nacionales.


domingo, 3 de febrero de 2019

Hipólito Yrigoyen ante la condición humana - Parte 1


Osvaldo Álvarez nos entrega en este texto un perfil de quien fue Presidente de la Argentina y pensador político, Hipólito Yrigoyen. Aquí se rescatan los elementos fundamentales de su pensamiento filosófico, social y político. Fundador de la Unión Cívica Radical, Yrigoyen representa lo mejor de una generación que intentó reformar profundamente la sociedad argentina a partir de un fuerte compromiso con la nación, la democracia el cambio social y le ética en los asuntos públicos. Inspirado en el pensamiento krausista y el modelo democrático de la III república francesa, Yrigoyen surge como la figura del hombre político austero y comprometido con el desarrollo de su país en un contexto de cooperación internacional propio de los ideales del internacionalismo del siglo XIX.


1Hipólito Yrigoyen, bautizado Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen, nació en Buenos Aires el 13 de julio de 1852. Era hijo de Martín Yrigoyen, un vasco francés carrero y cuidador de caballos, y de doña Marcelina Alem, hermana de Leandro Alem, el fundador de la Unión Cívica Radical y revolucionario caudillo federal y popular. Criado en un hogar sencillo, tuvo una cuidada educación en colegios de clérigos franceses y españoles. Era el mayor de los cinco hijos del matrimonio Yrigoyen-Alem, con dos hermanos –Roque y Martín–, y dos hermanas –Amalia y Marcelina–. Ayudaba a su padre en sus trabajos de cuarteador y carrero, en los suburbios porteños, y allí se conformó un carácter voluntarioso y disciplinado. Adolescente, trabajó como empleado en un comercio de tenderos, como conductor de tranvías, y ya estudiando derecho, en un estudio jurídico. Siguiendo a su tío Leandro, actuó políticamente en el autonomismo populista de Adolfo Alsina, que sería Vicepresidente de Domingo Faustino Sarmiento. Fue durante la Administración de éste último, que Yrigoyen fue designado comisario en la Parroquia de Balvanera, a los 20 años.

2Finalizó sus estudios de abogado a los 25 años, asumió como diputado en la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires en 1877. En 1880, fue administrador General de Patentes y Sellos de la Nación por pocos meses, y luego será elegido diputado Nacional, por el partido del General Julio A. Roca. Al finalizar su mandato, decepcionado por la política pequeña de intrigas y acuerdos de conveniencia que vivió en la Legislatura, no volvió a ocupar cargos públicos. En esa década de 1880 a 1890, Yrigoyen realiza su etapa de recogimiento, retirándose de la vida pública, mientras ejerce la docencia en la Escuela Normal de Señoritas, y se dedica al estudio, la reflexión y las ocupaciones de campo.

3Su reaparición es explosiva, porque participa como uno de los protagonistas en la Revolución de 1890. Y poco después, junto con Leandro Alem, funda la Unión Cívica Radical, el 2 de julio de 1891. A la muerte de Alem, asume la conducción de su partido. Es intransigente con el régimen de gobierno, al que juzga oligárquico, corrupto y fraudulento. Esa intransigencia lo conduce a la abstención electoral y al levantamiento armado de carácter revolucionario. Es en particular importante la Revolución de 1905, cuando Yrigoyen define el sentido y orientación de la “reparación fundamental” de la Nación, según sus propios términos; en esa oportunidad organiza un partido aguerrido y fuertemente conexionado en la abstención electoral y la resistencia armada.

4Su empeño y coherencia, su honradez e inteligencia, lo convierten en un gran caudillo popular de la democracia. Gran organizador, incansable militante, misterioso conspirador, su figura va adquiriendo en las masas populares caracteres míticos: de palabra parca pero convincente, siempre referida a muy altos ideales, generoso y desprendido en el trato personal. Sus correligionarios lo admiran e idolatran; los enemigos lo respetan y lo temen por su intransigencia insobornable. Finalmente, como jefe de la oposición, la presión revolucionaria, la obstinada abstención de la intransigencia, obtiene del Presidente Roque Sáenz Peña en 1910 la sanción de la ley de sufragio universal y secreto, que lo llevaría a la Presidencia en 1916.

5Luego del periodo constitucional del también radical Marcelo de Alvear, es nuevamente electo Presidente con amplísimo apoyo popular en 1928. El 6 de setiembre de 1930 es derrocado por un golpe militar, de tendencia fascista. Preso en la Isla de Martín García por disposición de la Dictadura, es absuelto y regresa a Buenos Aires, ya muy enfermo. Muere el 3 de julio de 1933, en medio de la congoja popular. Una multitud lo despide.


viernes, 1 de febrero de 2019

Hipólito Yrigoyen - 1928 - Parte 2


La Nación Argentina, que os tributó los homenajes merecidos a vuestra personalidad con la civilidad propia de su cultura, tan deferentemente calificada por V. E., exteriorizando los amistosos sentimientos que siempre abrigó hacia el pueblo norteamericano, ha recibido vuestras sentidas apreciaciones con la más justificada satisfacción.

Puedo aseguraros, Señor, que vuestro inolvidable paso por la República deja tras de sí, una armoniosa cordialidad que sólo resulta de la mutua inteligencia de los pueblos y de la comprensión absoluta de que sus destinos en la historia se rigen por análogos preceptos morales y están conducidos por idénticos ideales de elevada espiritualidad.

Por ello abrigamos el convencimiento de que ha sido feliz la oportunidad de compartir con V. E., en recíproca compenetración de idénticas preocupaciones ideológicas y políticas, la consideración de cuestiones de evidente interés para el desenvolvimiento concordante de las inmensas posibilidades de perfeccionamiento que la Providenciaha discernido a los pueblos de América.

Participo así, de la halagadora certidumbre de que las relaciones y orientaciones comunes en orden a la solución de aquellos problemas que afectan por igual a los países del continente, ha de ser fecunda en bienes para la realización de todos ellos y afianzarán las condiciones de paz, cultura y prosperidad que caracterizarán en los tiempos venideros el desarrollo de las comunidades señaladas por el destino, para llevar contribuciones propias a la civilización del mundo.

Las leyes inmanentes que rigen el desenvolvimiento de las sociedades humanas, fijan las inmutables bases de justicia sobre las cuales ha de sustentarse su estabilidad definitiva.

Los principios democráticos incorporados a las constituciones de nuestros pueblos, fueron conquistas de la filosofía política traducidas en la realidad del derecho público, que renovaron los fundamentos de la ciencia del gobierno, haciendo reposar la autoridad del Estado sobre el consentimiento espontáneo de las entidades organizadas, bajo los auspicios de la igualdad. De la misma manera confiando en., el mejoramiento consecutivo de los ideales humanos y do las aptitudes para trasladarlos a los escenarios de. la vida, debe esperarse el advenimiento de una era de concordia entre las naciones, inspirada en los más nobles sentimientos de solidaridad y fundada en una íntima colaboración de los pueblos, unidos para alcanzar esa altura constantemente anhelada por la humanidad a través de las vicisitudes de su Historia.

Tengo la convicción profunda de que una nueva edad histórica que vislumbro, acaso más cercana de lo que puede deducirse del espectáculo incierto y desconcertante ofrecido por las inquietudes y zozobras reinantes en el mundo, habrá de surgir como un nuevo evangelio enseñado en la verdad viviente del ejemplo en el seno de las naciones que pueblan los continentes de América, expandiéndose en el plano de igualdad de sus libres soberanías e identificadas por la aspiración perenne de cimentar sus múltiples progresos, en la armonía imperturbable de una fraternal cooperación.

Con estos juicios y con los mejores recuerdos de nuestras entrevistas, recibid, ilustre amigo, mis más cordiales salutaciones extensivas a vuestra respetable esposa y distinguidos acompañantes.

H. YRIGOYEN

Fuente: “Ley 12839. Documentos de Hipólito Yrigoyen. Apostolado Cívico – Obra de Gobierno – Defensa ante la Corte”, Talleres Gráficos de la Dirección General de Institutos Penales, Bs. As 1949.-



Hipólito Yrigoyen - 1928 - Parte 1






«Discurso en el banquete ofrecido a Mr. Hoover, Presidente Electo de los Estados Unidos de Norteamérica»

Excelentísimo Señor Presidente electo:
Habéis tenido a bien comprender a la República Argentina, entre los países de Sud América que os propusisteis visitar; y ésta, valorando debidamente vuestra cortesía, os ha tributado su más caluroso homenaje, al par que el Gobierno, seguro intérprete de los sentimientos y aspiraciones nacionales, os brinda en este momento su efusivo saludo. 

Vinculados a los Estados Unidos de Norteamérica por lazos amistosos, que se remontan a los albores de nuestra vida independiente —pues en el ejemplo de los ilustres fundadores de vuestra República recogimos las primeras lecciones de democracia, y la sabiduría de vuestra ley constitucional fijó la arquitectura de nuestras instituciones federativas—, no dudamos de que vuestra espontánea visita ha de intensificar las relaciones establecidas de pueblo a pueblo y mantenidas armoniosamente por un espacio de tiempo ya secular.


La Argentina — ¿por qué no decir la América y el mundo ?—, espera que vuestra Nación, ya en el cenit de su engrandecimiento, en la cumbre misma de su pujanza y de su expansión, irradie altos valores espirituales y pacifistas, como el que llevara a vuestro insigne, Presidente, desaparecido, a convocar en Ginebra —después de la trágica hecatombe de la civilización contemporánea—, a todos los pueblos, para que, como bajo el santuario de una solemne basílica, reafirmaran para las naciones, el precepto eterno y luminoso que el Divino Maestro promulgó: «Amaos los unos a los otros».

Tales son los anhelos de los pueblos sudamericanos, los cuales aspiran a avanzar siempre por el sendero de su perfeccionamiento hacia la misión que en la Historia le han deparado los designios de la Providencia; realizándose como entidades regidas por normas éticas tan elevadas, que su poderío no pueda ser un riesgo para la justicia, ni siquiera una sombra proyectada sobre la soberanía de los demás Estados.

Con la inspiración de estos votos sagrados, levanto mi copa para desearos, Señor, un gratísimo retorno al seno de vuestra ilustre y grandiosa patria.

YRIGOYEN

Saludo de despedida

Buenos Aires, diciembre 22 de 1928.
A S. E., el Señor Presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica, Mr. Herbert Clark Hoover.

Al alejaros de las Naciones que acabáis de visitar, de retorno a vuestro gran país, me es muy grato expresaros nuestro reconocimiento por vuestros eminentes y generosos mensajes; el contenido en vuestros telegramas y el que posteriormente me transmitiera el Embajador de los Estados Unidos.

Esas comunicaciones han acentuado intensamente en mi espíritu las impresiones experimentadas en las horas que convivimos, bajo el efusivo ambiente con que os rodeó el pueblo argentino y en las cuales dilucidamos en plena identificación del pensamiento, conceptos y propósitos relacionados con la soberanía de los pueblos.