sábado, 20 de junio de 2009

La Muerte de Belgrano (crónicas) - 4

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Durante unos instantes se calló, sacando punta al palito, pensando. Después prosiguió:

-Pero allí no jue nada al lao de lo que pasó dispués. El general se puso muy grave y no había un techo donde pudiera cobijarse bien. Así que se dispuso ir a Capilla El Pilar, a unas nueve leguaj e Córdoba. El dotor inglés que estaba siempre con él, el mesmo, que lo ha tráido hasta acá, el dotor Rejé que se llama, lo prisionaba pa que siguiera viaje hasta Güenoj Aires. Porque asigún decía, su salú no daba más y no se lo podía curar en aquelloj andurriales. Pero el general determinó esperar la llegada de su segundo, el coronel don Francisco de la Cruz. Pero sucedió que demientraj esperaba hubo una sublevación sin concencia ni honor. El coronel Feliciano e la Mata jue herío e un bayonetazo, y el coronel Domingo Soriano Arévalo jue hecho prisionero. Y entonces un capitán oriental con l'alma más negra qu'el infierno, dentro en la pieza donde estaba el general en su cama. El dotor quiso interponerse ante esa gente armada, pero el general le dijo no dotor, nada puede hacer uste, si es necesaria mi vida aquí está mi pecho. Avergonzaos loj infames se quedaron sin saber qué hacer y entonces el oriental ordenó que le pusieran una barra e grillos remachada. El dotor gritó pero no ven cómo tiene las piernas, que ni la ropa puede aguantar, así que aquel judas ordenó que quedara un centinela de vista en la puerta.

El cabo volvió a callarse, mientras seguía con el palito, sacándole punta, probablemente seguía tratando de comprender la clave que explica y ordena ese conjunto de traiciones, injusticias, oprobios, infamias y muertes que marca el curso de una vida humana.

-Sí, señores, el hombre que había libertado tuito el norte del páis, el hombre que había dado los cuarenta mil pesos que le regaló el gobierno pa jundar escuelas.

Escupió pensativamente, en medio del silencio general y después continuó, con una especie de empecinamiento en el relato de las sucesivas injurias, como si tratara de confirmar alguna oscura teoría suya sobre la vida y los hombres y sus miserias.

-Así quedó el general, en medio e sus sufrimientos, abandonao, sin un riál. Agatas si lo visitaba alguno qui otro amigo, el dotor inglés y yo, que le servía lo que podía servirse. El dotor le golvió a decir que debía bajar cuanto antes a Güenoj Aires, pero el general le contestaba con qué dotor. Había pedío al gobierno el Tucumán unos pesos pal traslado, pero le rispondieron que no tenían un cobre. Y un señor le quiso emprestar el dinero, pero el general se negaba a acetarlo, pero entoncej el dotor Rejé l'obligó a acetarlo y él dijo que a su muerte se lo devolverían con los sueldos que le debía el gobierno. Así llegamos hasta Córdoba, donde emprincipió la mesma historia: el general pidiendo al gobierno que le diera unos pesos pa llegar a Güenoj Aires y el gobierno diciéndole que no tenía un cobre. Y yo le oí cómó le decía al dotor Rejó que como ya no tenía esperanzas, al menos quería morir en Güenoj Aires, en la casa donde había nació. Y esto lo dijo con una voz que nunca se la habla óido antes, pues ya estaba vencío y demasiado triste y quería al menos ver de nuevo la casa donde había sio niño y donde sindudamente había sido feliz con su madre. Así que aunque tenía poco tiempo e vida, áura estaba maj empeñao que nunca en llegar a Güenoj Aires.

Entonces, un señor Balbín, un hombre qu' había vendío pañoj y otros menesteres pal ejército del norte y que rispetaba mucho al general, le dijo que no había que desagerar y que tenía que acetar el dinero que él quería emprestarle, si no él se ofendería pa siempre, que era un pecao en la situación en que estaba el general, y no sé cuántaj otras cosas le dijo. Pero risulta qui al general áura li hablan dentrao dudas sobre si el gobierno le pagarla sus sueldos que le debía una vez muerto, y tenía miedo que el señor Balbin se clavara, pero tanto hicieron con el dotor Rejé qui al final acetó unos pesos, lo justo pa llegar hasta Güenoj Aires, ni un peso mas, y jue así como pudimos hacer l'última parte el viaje. Viaje que jue una iniquidá: habla que bajarlo en andas, y en una posta, habiendo quedao solo en su catre y necesitando agua, se la pidió al maistro e posta y este desálmao le rispondió vaya usté a buscarla. Y yo que desde el patio habla óido las palabras de este hombre sin entrañas me le fuí encima y no lo maté porque el general me vido y me gritó que me sosegara. Y así seguimos viaje al otro día y llegamos por fin a la Guardia de Luján. Allí nos anoticiamos lo que pasaba acá, las luchas y ambiciones, y entonces el general le dijo al dotor Rejé y para esto hemos hecho la regolución y hemos combatió en el Paraguay, en Chile y en el Alto Perú, y se quedo muy triste y ya no quiso hablar más.

(De: Crónicas del pasado; Jorge Alvarez Editor; 1965)
http://www.portaldesalta.gov.ar/muertebelgrano.htm

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