lunes, 21 de marzo de 2011

LA EXPLORACION DE ESTANISLAO ZEBALLOS – parte 3

“El valle, seguido hasta Malló Lauquén, corre al sudoeste para echarse a Salinas Grandes, en la forma ya de un arroyo, mientras que avanzando la caravana por los médanos, muy pronto llegamos al borde de una profunda depresión del terreno, tipo verdadero de “olla pampeana”, limitada al norte por dunas empinadas y al sur por colinas cuaternarias, de superficie arenosa, que alimentan bosques de algarrobo (prosopis spe); mientras que al sur se divisan las quebradas violentas, y las arboledas tupidas y añosas, que rodean a la laguna principal, que hasta hoy se denomina Salinas Grandes”.

“Parado en el centro de esta preciosa reliquia de hidrografía cuaternaria, el círculo del horizonte se cerraba a todos los vientos, con la silueta de las colinas, de los médanos y de los árboles frondosos. Levántase en el mismo centro un islote, sobre el cual existe un fortín para refugio de la descubierta de Carhué y corredores de campo que llegan hasta aquí”.

 
“Al oeste de la olla, al pié de los médanos que lo limitan, se conserva todavía una vasta superficie con agua permanente, a cuyo depósito llaman los indios, como a toda la olla, “Atreucó”, de Atreu, fría y có, agua”.
“El fortín de Atreucó estaba guarnecido por cuarenta soldados a las órdenes del teniente Faustino Bustamante, que hacía de descubierta o vanguardia de la división de Carhué. Este asilo en medio del desierto, la última población civilizada que hallaba a mi paso, es un túmulo de tierra, rodeado de fosos (…). Sobre el túmulo hay una pobrísima choza, donde Bustamante residía, mientras la tropa se albergaba en ramadas a su alrededor. Hacia la falda del islote levantábanse los toldos de los indios de Uñainché, que debía acompañarme tierra adentro. Como el fortín carecía de nombre y se le daba el de la laguna Atreucó, yo lo denominé “Villar”, en honor al coronel jefe del 6º Regimiento de caballería de línea, que lo ha dirigido en la última campaña del desierto”.

Del relato de Zeballos surge que sólo el fortín Atreucó se había conservado, de aquellos que había ordenado construir Nicolás Levalle. No conocemos que sucedió posteriormente con el fortín ni tampoco su ubicación exacta. También rescata Zeballos el topónimo Luú-Loó, que significa “Médano de la Nutria” (Luú: nutria). “Este roedor (Myopotumus coypus) es común en todas las lagunas y arroyos barrancosos de las comarcas recorridas”. De aquí recibiría la legua de Rolón su primer nombre, esto es “la legua de la Nutria”.

 
En Viaje al país de los araucanos, por Estanislao Zeballos, estudio preliminar de Andrés R. Allende,
Ediciones Solar, Buenos Aires, 1994.
Fragmento del plano principal de “Viaje al país de los araucanos” de Estanislao Zeballos




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