Lic. Sebastián Miranda
injustamente olvidada, fue una de las batallas más importantes libradas en la Historia de América del Sur
Después de la victoria de la escuadra de la Confederación Argentina[1] sobre la flota riverista en Costa Brava (ver DeySeg Nº 27) quedó allanado el camino para que el ejército federal comandado por Manuel Oribe penetrara en Entre Ríos como paso previo al avance sobre la Banda Oriental.
Las gestiones dieron resultado, pues el 30 de agosto de 1842 las potencias enviaron una nota a Rosas ofreciéndole una nueva mediación. Recordemos que Rosas ya había rechazado una propuesta anterior, pues la misma no contemplaba el reconocimiento de Manuel Oribe como presidente de la Banda Oriental. Para la Confederación Argentina la presencia de Rivera en la Banda Oriental implicaba un serio riesgo para su integridad territorial, pues como hemos visto este – además de apoyar las coaliciones extranjeras contra nuestro territorio – tenía entre sus principales proyectos la anexión de la Mesopotamia. En estas circunstancias Juan Manuel de Rosas como encargado de las relaciones exteriores de la Confederación no podía nunca aceptar a Rivera como presidente. A ello debemos sumar que el presidente legítimo era Oribe y que la presencia unitaria en la Banda Oriental atentaba contra el sistema económico proteccionista adoptado por Buenos Aires.
General Fructuoso Rivera
El 18 de octubre Rosas, por medio Felipe Arana, contestó a Francia y Gran Bretaña rechazando la mediación. Explicó que aceptarla implicaba reconocer a Rivera como gobernante legítimo de la Banda Oriental, cuando era en realidad un caudillo alzado en armas que además de deponer a Oribe había fomentado las agresiones contra nuestro territorio poniendo en riesgo su integridad territorial. El 26 de noviembre los “mediadores” mostraron claramente sus verdaderas intenciones, diciendo por medio de un comunicado que sus gobiernos tendrán: “el deber de recurrir a otras medidas con el fin de remover los obstáculos que interrumpen por ahora la pacífica navegación de los ríos” [8]. El documento es contundente y anticipa lo que ocurrirá dos años después: la intervención armada de Gran Bretaña y Francia contra la Confederación. Esta no sería ni por los derechos humanos, ni para derribar una supuesta tiranía, ni por razones humanitarias. Sería para forzar la navegación de los ríos interiores e inundar de mercaderías importadas nuestro territorio. El sistema económico proteccionista de la Confederación les impedía la expansión de su comercio.