domingo, 7 de abril de 2013

DARDO ROCHA 'EL PADRE DE LA PLATA' – parte 4



El Dr. Rocha gustaba asociar los logros de hombre versado en asuntos de estado con fechas relacionadas con sus afectos familiares. Todo lo coordinó para que la Fundación ocurriera el 23 de octubre, día del cumpleaños de su señora esposa y compañera de todos los momentos Doña Paula Arana. Pero algo inesperado dispuso las cosas de otro modo.

Había llovido muchísimo en el lugar donde se demarcó en un principio para colocar la Piedra Fundacional (calles 43 y 11), ese lugar, se asemejaba a un cañadón lleno de agua y poblado de gallaretas que al menor movimiento levantaban vuelo rasante en forma de nube. ¡Eso era tremendo!, los adversarios comentaban que la Nueva Capital se fundaría sobre un bañado. De inmediato, el Dr. Rocha ordenó la remarcación de la planta urbana y eligió el 19 de noviembre (día de San Ponciano) y fecha de cumpleaños de su segundo hijo Dardo Melchor Ponciano. El tercer nombre se perpetuó como Patrono de la Ciudad y designó a la primera iglesia platense (San Ponciano fue Papa y Mártir romano del siglo III).
Al notable fundador, dotado de una pertinaz constancia para terminar la obra soñada, en aquellas primeras horas de labor, dentro de un escenario de materiales dispersos, de carros y chatas, de carpas diseminadas y múltiples elementos de trabajo alguien lo vio ocupado en descargar una vagoneta; es que no podía detenerse hasta que 10.000 casas cubrieran campos y rastrojos de la heredad de los Iraola.
¡Qué de gratos y emotivos recuerdos habrían tenido los familiares del Fundador! Como cuando dada la orden de colocar la Piedra Fundamental, indicó a su hijo mayor Carlos Dardo Rocha para que ayudara a engancharla en el aparejo y así descendiera al foso. O cuando Doña Paula Arana, tomando la cuchara de albañil ricamente enjoyada inició el sellado de la Piedra Basal.
Doña Paula Arana, esposa del Dr. Rocha, con el que tuvo 5 hijos, era de tez mate, contextura robusta y gustaba lucir elegante vestuario para acompañarlo a toda celebración, desfile, viaje y reunión social que aconteciera.

En este aspecto tan provechoso, sin desmerecer el valor histórico de la Fundación, de haber sido un verdadero prodigio creador de trabajo y de ciencia, ya que su traza mereció medalla de oro en la Exposición Universal de París, junto a la Torre Eiffel, hoy como ayer, sufre la gravitación negativa de la cercanía con la Capital Federal. Porque le absorbe su actividad comercial, entorpece la radicación de industrias, le quita población en busca de mejores ofertas laborales. Le retardó lo que sostenía el Dr. Joaquín V. González: ..."que La Plata debía ser como Oxford, el más propicio hogar de la cultura Universitaria argentina".

Un viejo carruaje tomado en Tolosa, se abre paso entre los cardales, terrenos arados y cruzando arroyos. Se mueven sus ocupantes como "zapallos en un carro". Alguien de la comitiva, temeroso de que no se pudieran concretar las obras fantásticas que iba proyectando el Dr. Rocha, como ser el Observatorio Astronómico; dándole a entender sus dudas se limitó a contestar:

- Amigo, querer es poder. Y yo quiero, siempre quiero y firmemente quiero.

¿Qué soñaba en voz alta el fundador?... Ver la Ciudad con sus largas calle edificadas, sus jardines y sus monumentos que desde sus torres y sus altos pisos se vieran los mástiles de los barcos anclados en el puerto. Entorno al desarrollo del puerto giraron muchos anhelos, ya que Rocha sostenía que:
-"descargadas las cargas de los atiborrados barcos en espera del puerto de Buenos Aires, en el de Ensenada, con media hora de tren, estarían en el de la Capital Federal...". ¡Ni soñando!, los porteños jamás compartirían la aduana. Con el tiempo fue nacionalizado y al utilizarlo como puerto petrolero, quedó prácticamente destruido. 

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