sábado, 12 de febrero de 2011

BATALLA DE HUAQUI - 20 de junio de 1811 – parte 3


El triunfo de Suipacha tuvo un fuerte efecto moral, que se vio reflejado en el pronunciamiento de las ciudades de Potosí el 10 de noviembre, Chuquisaca, La Paz y Cochabamba (en donde Esteban Arze consiguió el triunfo de Aroma el 14 de noviembre) en favor de la Junta de mayo.

Castelli que estaba en Yavi en el momento de la batalla, el 8 de noviembre informa a Buenos Aires sobre la victoria – parte de guerra que luego terminaría en Tupiza el 10 de noviembre. En el mismo, convenientemente, omite resaltar la importancia de las fuerzas gauchas salto-jujeñas-tarijeñas y sólo les confiere un papel secundario en la importante victoria.

Ante este agravio, las fuerzas comandadas por Güemes se retiran del Ejército del Norte. La falta de reconocimiento a estos hombres será una de las causas que decidirá la suerte de la campaña ya que el ejército expedicionario perdería milicias importantes, conocedoras del terreno, afines a las personas y soldadesca que se iba sumando y fundamentalmente el espíritu aguerrido del hombre que pelea en su territorio, en defensa de su tierra.

De aquí en más el camino hasta el momento cúlmine, Hoaqui, será una cadena de hechos desafortunados, desaciertos y acciones irresponsables que irán forjando un final desastroso e irremediable:

- Cumpliendo órdenes de Buenos Aires y como castigo por la represión de 1809 en las rebeliones de Chuquisaca y La Paz, los jefes realistas José de Córdoba, Vicente Nieto y Francisco de Paula Sanz fueron capturados en Potosí y ejecutados, crueldad que inmediatamente se consideró innecesaria y mal visto por la población local indecisa con respecto a qué bando elegir.

- El segundo acto perturbador fue que Castelli confiscó el rico contenido de las reales cajas de Potosí y los caudales encontrados en Chuquisaca. No es difícil imaginarse que las ciudades al verse privadas súbitamente de sus presupuestos, sin duda se resintieron en todos los órdenes de su administración, con la consiguiente disconformidad de los habitantes, quienes debieron alternar su fervor independentista, con el perjuicio y desorden que éste empezaba a acarrearles.

- Otro acto imperdonable fue la autorización a la soldadesca patria de lanzarse al pillaje en perjuicio de la población civil. En este sentido nuestras tropas ya no eran libertarias sino una brutal fuerza invasora.

- Otro de los errores que se considera lamentable fue que, llegados a la Paz, las fuerzas armadas revolucionarias hicieron su entrada en la ciudad en medio de las festividades de uno de los días de la Semana Santa, con lo cual, la impresión de impiedad y desinterés religioso que produjeron fue tremenda, en una comunidad donde estos sentimientos eran casi todo, y que llevó a que no pocos ciudadanos paceños se preguntaran preocupados qué clase de cambios produciría finalmente esta revolución desprovista de algunos valores que ellos consideraban como fundamentales.

- Otra cuestión a tener en cuenta fue el modo de pensar de los oficiales de Buenos Aires que provenían de ambientes culturales que habían absorbido con intensidad diversos aspectos de la filosofía volteriana, provenientes de la revolución francesa que había roto con no pocas de las viejas estructuras de pensamiento de Europa. Esta forma de pensar chocó con las más antiguas tradiciones de las ciudades de provincia donde se encontraban ahora, a las cuales, las ideas revolucionarias recién empezaban a llegar, y sin duda sintieron el golpe súbito de toda una ola cultural, para la que no estaban totalmente preparados.

- Por otro lado, la permanencia inactiva de las tropas patriotas en Potosí durante meses relajó la disciplina y el espíritu de combate. Además algunos oficiales se dieron a la vida licenciosa, emborrachándose por las noches y causando disturbios y grescas que muchas veces tomaba vidas entre los lugareños.

Ya el 20 de abril de 1811 Castelli sufre un levantamiento contrarevolucionario en Potosí organizado por dos marinos venidos con Córdoba desde España de nombres Miguel Goñi y Pedro Lobo. El levantamiento fue reprimido y sus impulsores fueron enviados encadenados a Salta para ser juzgados.

Era tan grande la desorientación de los hombres de Buenos Aires que un suceso poco conocido nos ilustra inmejorablemente:

Este suceso transcurrió el 25 de Mayo de 1811 en Tiahuanaco para celebrar el aniversario de la Revolución de Mayo, pero paso a transcribirles a Frías :

".... Eligió así Castelli lugar tan imponente para lograr más grandes los efectos en el acto que meditaba realizar; porque allí revivían las grandes tradiciones, y la opresión sería sentida mas hiriente con la ternura de los recuerdos, viendo aquellos pueblos, congregados allí en asamblea, como se ligaban dos épocas de su historia, aquella de una patria antes poderosa y libre, y ésta otra del reinado de la igualdad, cuya rosada aurora parecía amanecer, al fin, en el seno de aquellas ruinas veneradas, de aquella ciudad santa; sede que en otrora había sido del esplendor, del poder y de la gloria de sus antepasados. Hasta la misma cercanía del sagrado lago Titicaca, en el seno de cuyas aguas había engendrado el sol, según la leyenda, a Manco Capac, primer rey y padre civilizador del pueblo peruano, daba motivos para que se rodeara el espectáculo de sublime y melancólica grandeza.

Castelli allí, subiendo a ocupar aquella majestuosa tribuna, en medio de los pueblos de indios congregados a propósito, hizo la solemne proclamación de sus derechos en nombre de la Junta de Buenos Aires; pintándoles al terminar, en lenguaje estudiado y vehementísimo, cuáles eran los abusos y las crueldades del despotismo que ya conocían, y cuales los beneficios de la libertad que él venía a traerles; y es fama que hecho lo cual, les preguntó, aguardando proclamaran por unanimidad sus banderas democráticas:

"Ya habéis visto los males y los bienes que os ofrecen el uno y el otro sistema; pues bien, ahora decidme vosotros : ¿qué quereis?". Y la indiada, a coro, le respondió en su mala jerga y recordando lo que tenía costumbre de que se le diera en todas sus fiestas y reuniones: "¡Abarrente, tatay!" (Aguardiente, señor)". ¡¡El ilustrado revolucionario, que sin duda lo fue, no había logrado entender ni hacerse entender por los desposeídos!!” y mientras realizaba ese imponente y patético acto, Goyeneche se rearmaba y como un tigre agazapado esperaba el momento decisivo.

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