viernes, 17 de septiembre de 2010

Una epopeya Argentina

El combate de la “Vuelta de Obligado” fue una gran epopeya argentina que aún espera su completa reivindicación. Haber propuesto el 20 de noviembre como feriado nacional es, sin duda, un avance en ese sentido. Las dos más grandes potencias económicas, políticas y bélicas de la época, Inglaterra y Francia, aliadas en sus apetencias imperiales, decidieron ampliar sus mercados más allá de lo marítimo y, a favor del invento de los barcos a vapor, pudieron internarse en los ríos en busca de mercados en el interior de los continentes.


Se propusieron navegar por el río Paraná para llegar hasta las provincias litorales argentinas, el Paraguay y el sur del Brasil. La evidencia de que sus propósitos supuestamente humanitarios encubrían la codicia comercial era que detrás de los barcos de guerra iban casi cien barcos mercantes.

Los europeos también tenían el propósito de segregar Misiones, Corrientes y Entre Ríos para dar nacimiento a un país independiente, la “República de la Mesopotamia”. Venían de conquistar China en la llamada “Guerra del opio” y sus naves estaban armadas con lo más avanzado de la época. La invasión contó con la colaboración de los unitarios exiliados en Montevideo y de los que constituían la “quinta columna” en Argentina.

Rosas tenía un elevado sentido del patriotismo y de la soberanía y se dispuso a darles batalla a pesar de la inmensa diferencia en armamento y en experiencia de sus combatientes. El jefe de las fuerzas argentinas fue Lucio N. Mansilla, quien dispuso que en el lugar más estrecho del Paraná, en la “Vuelta de Obligado”, se tendieran tres cadenas a lo ancho para impedir o dificultar el paso de la armada atacante y armó cuatro baterías con los cañoncitos y los escasos proyectiles de que disponía.

Los atacantes lograron trasponer las defensas en Obligado pero fueron acosados desde las orillas del río por los aguerridos defensores que les producen tantas bajas humanas y tantos deterioros en sus barcos que finalmente se ven obligados a capitular.

Un emocionado José de San Martín escribió entonces a Tomás Guido que Obligado “había sido tan importante como las jornadas de Mayo para nuestra independencia” y al morir legó su sable libertador a Rosas por su defensa de la soberanía.

Pacho O’Donnell escritor

http://www.clarin.com

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