domingo, 25 de noviembre de 2018

BATALLA DE LA TABLADA - 22 de junio de 1829 - Parte 7


"Algunos de los oficiales tucumanos que iban al flanco derecho de nuesta columna de camino, pues íbamos a cuatro de frente, se habían alejado un poco sobre dicho costado, para reconocer los muchos cadáveres que se descubrían en el campo de batalla, cuando uno de los oficiales descubre a los novecientos infantes que Quiroga había dejado en el pueblo, formados en batalla, un poco más adelante, a vanguardia del flanco derecho de los tucumanos'.

"Dicho oficial, en vez de dar aviso al gobernador del descubrimiento que acaba de hacer, corre a mí y me dice:

¡Mi coronel, vea usted la línea de la infantería de Quiroga! y me la indica con su mano; fíjome bien, pues no estaba bien aclarado el día, y reconozco en realidad la línea enemiga".

"Adviértase que cuando esto sucedía la mitad de nuestro ejército o algo más, había descendido al bajo del río, por el noroeste del pueblo. Mi ayudante parte a escape en alcance del general con dicho aviso, cuando dispáranos Quiroga dos cañonazos a bala y hace dar un fuerte viva a sí mismo por toda la línea. Fue tal la sorpresa que los cañonazos y los vivas a Quiroga produjo en los tucumanos, que se precipitaron todos sobre la cerca que llevábamos a la izquierda y se pusieron en fuga".

Mientras Lamadrid trata de contener a sus soldados en fuga, el general Paz advierte que la cola de su columna es atacada y que, en el caso de ser derrotada, envuelta y en desorden como se encuentra, se precipita sobre el resto de la columna, los arrastrará a todos a una caída inevitable, pues "el camino estaba bordeado de cercos por ambos lados y era un verdadero callejón que no dejaba otra escapatoria a los que quisieran huir del enemigo".

Facundo está casi triunfante, después de su tremenda derrota del día anterior, pero, en última instancia, todo depende de que el general Paz no tenga tiempo de tomar algún desesperado dispositivo de defensa.

Frente a cualquier otro adversario, Facundo habría triunfado. No frente a un táctico y estratega de la capacidad luminosa de Paz, quien no vacila un instante frente al peligro:

"Ordené al coronel Pedernera que siguiese con su regimiento hasta salir de lo más estrecho del desfiladero y encontrar un lugar donde pudiese medianamente maniobrar y esperar allí; y a los batallones de infantería 29 y 59 que rompiesen el cerco de la izquierda, entrasen en el cercado, desmontasen y formasen, dejando expedito el camino"...


BATALLA DE LA TABLADA - 22 de junio de 1829 - Parte 6



Nadie puede predecir, en este momento, cuál será el curso futuro de los sucesos, pues una tremenda confusión impera en el ánimo de todos, con la sola excepción, quizá, del general Paz, quien parece haber previsto y calculado lo que va a suceder.

Lo que sí puede apreciarse, en términos generales, es que la situación de Quiroga parece debilitarse en la misma medida en que la de Paz se consolida. Pero ésta es una simple apreciación, cuyo proceso posterior está pendiente de infinidad de circunstancias, muchas de ellas de carácter psicológico.

La retirada de Quiroga tiene todos los síntomas de un principio de derrota. Pero, ¿quién puede asegurar que este singular caudillo no sea capaz de rehacerse para volver a la carga? El que no acepta, el que no puede creer que aquella reacción se produzca, es el jefe unitario, quien procede de acuerdo con esta apreciación suya, respecto del futuro del combate. 


Se reanuda la lucha en la Tablada



Gral.Gregorio A. de Lamadrid.    


Al ver que Quiroga, con las pocas fuerzas de caballería que le quedan, se interna en un espeso monte, Paz lo considera definitivamente vencido y ordena que sus tropas marchen sobre la ciudad de Córdoba, donde están la infantería y la artillería de aquél, para retomarla. Pero Facundo aún no se considera vencido, y pronto va a dar pruebas de ello.

En horas de la noche, mientras los soldados del general Paz festejan una victoria que aún no lograron por completo, Quiroga abandona el bosque con su caballería, manda salir la artillería y la infantería que tiene en la ciudad, se coloca al frente de todos los efectivos y se dispone a librar una batalla en cuyo éxito nadie puede creer, razonablemente.

Hablando de esta maniobra militar, el general Paz, indiscutible autoridad en la materia, comenta:

"No trepido en decir que es la operación militar más arrojada de que he sido testigo o actor en mi larga carrera. Para apreciarla debidamente ha de suponerse un ejército completamente batido unas horas antes, al que sólo había quedado una fracción que no ha participado de la derrota. Cualquiera creería, y yo mismo participé de esta opinión, que no sería capaz de tomar la ofensiva y buscar al vencedor en el mismo campo de la gloria, para arrebatarle el triunfo por una acción desesperada. Mas fue al contrario y el general Quiroga tuvo bastante audacia y bastante ascendiente sobre sus soldados para traerlos a buscar nuevos peligros y un sacrificio completo. Efectivamente, la posición en que los colocó no podía ser más decisiva y era necesario que venciesen o que quedasen todos a discreción del enemigo".

En la madrugada del 23 de junio, el ejército del general Paz avanza lentamente hacia la ciudad de, Córdoba, sin imaginarse la sorpresa que le espera, descendiendo lentamente por la pendiente que, desde el campo de la Tablada, conduce al río. Avanza en una columna, porque las características del angosto desfiladero no permiten otra cosa, y también porque la falta de luz impide ver bien. Las tropas de caballería, el regimiento 2 dé dicha arma, que es el que lleva la vanguardia y con el cual va el propio general Paz, está ya en el bajo del río. Lo siguen, aun dentro del desfiladero, la artillería y la infantería, cerrando la marcha los milicianos de Tucumán y Córdoba, los cuales, ubicados en el extremo más elevado del desfiladero, aún no dan comienzo al descenso.

De pronto se escucha el ruido de un disparo de cañón; después otro, cuyo proyectil cae cerca de la caballería de Paz.¿Qué ocurre? ¿Es la propia caballería unitaria que cañonea a un grupo cualquiera del enemigo ya disperso? No. Es Facundo, que habiendo comprendido finalmente que no bastan las cargas de caballería para ganar las batallas, usa la artillería que acaba de sacar de la ciudad de Córdoba. El coronel Lamadrid, cuyas tropas reciben el primer impacto en la arremetida de Quiroga, recuerda el episodio en esta forma:


sábado, 24 de noviembre de 2018

BATALLA DE LA TABLADA - 22 de junio de 1829 - Parte 5


Se suceden los choques vigorosos y las cargas resueltas, hasta que las fuerzas de Quiroga se paran, arrolladas pero no vencidas del todo. Ceden terreno, se repliegan en desorden sobre las reservas, pero no huyen decididamente. Aún tienen esperanzas, porque las últimas reservas no ceden. 
El general Paz las ve desde lejos y las describe en esta forma: "formaban un compacto grupo de más de mil hombres que su terrible jefe (era allí ,donde estaba Quiroga) hacía esfuerzos sobrehumanos para reorganizar y traer otra vez al combate. Los momentos eran preciosos y era preciso aprovecharlos para no darle tiempo y consumar su derrota. Quiroga era el alma y el nervio de su ejército, y era allí, donde él estaba, el punto esencial y decisivo del combate".

Desde que descubre el lugar donde se encuentra Facundo, Paz deja el control de todo el resto de la lucha en manos de su jefe de Estado Mayor, y se contrae a la atención de aquél. Sólo tiene un propósito: derrotar al enemigo antes de que Quiroga logre reorganizar al grupo que lo rodea. Animado por este pensamiento, convencido de que aquí se libra en definitiva la suerte del combate, reúne cuanto escuadrón encuentra a su paso. Pero el total de hombres así logrado no pasa de trescientos, y entonces, ¿cómo lanzarlos sobre los mil jinetes que Quiroga manda en persona?

Paz no puede cometer un error semejante, por mucho que de su acción dependa el resultado de la lucha entablada. Ve que nuevas partidas van reuniéndose al grupo central de la caballería enemiga, y comprende que sólo le queda un camino: hostilizarlos para que tengan que continuar su retirada, sin tiempo para reorganizarse.

"Nuestros escuadrones -dice Paz explicando sus maniobras- eran sencillos, es decir, formaban una sola fila para suplir la escasez del personal y pude medio arreglar cuatro o seis, formando escalones, ya por la izquierda, ya por la derecha, amagando uno u otro costado del enemigo, logrando que aquel que amenazaba cargar volvía caras y se ponía lentamente en retirada. Entonces se hacía la maniobra de un modo inverso, y se conseguía hacer retroceder a los que habían quedado firmes".

Era lucha del ingenio, quizá del genio militar , contra el coraje, contra la fiereza. No se trata de valor, sino de dominio de las tácticas militares, pues la figura de Facundo continúa dominando el campo, como su propio enemigo lo reconoce:

"Era fácil conocer el punto que personalmente ocupaba Quiroga, pues allí se contenían los que iban en retirada, y daban frente a los que los perseguían, pero mientras volvían a otro punto, mediante los continuos amagos de nuestros escuadrones, volvían a continuar la retirada. Allí fue donde aquel caudillo atravesó con su terrible lanza a algunos que fueron menos dóciles a su mandato. En cuanto a mí, era seguro que si yo me desorganizaba, aunque no fuese enteramente, y si permitía que el enemigo volviese sobre sí, era peligrosa mi situación".

Durante dos horas, aquel duelo entre Facundo y Paz se realiza en medio de cargas y más cargas de caballería, siempre con armas blancas, sin que se escuche siquiera un disparo. Se alejan hasta dos leguas del campo de batalla, como si el de ellos fuese un pleito ajeno al que están tratando de resolver los otros. Al cabo de ese tiempo, Paz, que no ha dejado de enviar mensajes pidiendo recursos, comienza a comprender que si tardan en llegar, está perdido. Mas cuando todo va encaminándose en tal dirección, llegan los refuerzos pedidos: doscientos hombres del batallón número 5, con dos piezas de artillería.

Cuando los cañones comienzan con sus disparos, y la caballería carga protegida por el fuego de ellos, las fuerzas de Quiroga que aún tratan de hacerse fuertes en el linde de un bosque, no tienen más remedio que penetrar en él, en el momento en que entrando ya las sombras de la noche, se interrumpe el combate.


BATALLA DE LA TABLADA - 22 de junio de 1829 - Parte 4


Comienza la batalla de la Tablada

El 22 de junio de 1829, las fuerzas de Paz y Quiroga se disponen para dar comienzo a la batalla de la Tablada. El primero de ellos encierra a sus tropas en un gran corral con espesos cercos, en el que manda abrir tres grandes brechas. El segundo espera con sus fuerzas tendidas en línea de batalla, en campo abierto.

Tan pronto como Facundo se convence de que el enemigo está dispuesto a librar batalla, se mueve con la vertiginosa rapidez y violencia que le son características y, aprovechando la superioridad numérica de que dispone, despliega su línea, envolviendo a la de Paz en toda su extensión y por ambos costados.

Es la iniciativa y la resolución del jugador la que actúa. Todo o nada. Es la apuesta integral; absoluta. Un claro y terminante grito, digno de Facundo "¡Copo la banca!"

En un momento, el ala derecha del ejército de Paz, que está al mando del coronel Lamadrid, es arrollada y perseguida hasta el sitio mismo en que se encuentran la artillería y la infantería. La caballería de Facundo resulta incontenible. Se lanza inclusive sobre los cañones, los enlaza y los arrastra.

La batalla de la Tablada parece haberse resuelto en esta primera carga. Pero, en realidad, recién comienza. Los milicianos ubicados en el ala derecha de Paz, que son los que reciben el fuerte golpe inicial, se desbandan, abandonan el campo de batalla y propalan a los cuatro vientos que se pierde todo.

El general Paz, que por algo tiene fama de ser el militar con mayor capacidad técnica de su época, vislumbra el peligro, y manda que se adelanten las reservas. Eso no basta, y el propio Paz tiene que mezclarse con sus tropas, para tratar de contenerlas.

"Pero venían mezclados con los enemigos -escribirá posteriormente él mismo , y llegué a verme personalmente comprometido; mis ayudantes casi me arrastraron para hacerme seguir el movimiento general, hasta que, habiéndonos aproximado a la infantería, mandé con toda mi fuerza que hicieran fuego sobre los fugitivos".

La orden del general Paz no llega a cumplirse, pero surte efectos y los que no han logrado alejarse se reúnen en torno a él para apoyar el movimiento de la reserva.

En un momento, la presencia de ánimo del general Paz y la resolución de algunos jefes veteranos de las guerras de la Independencia, comienzan a estabilizar un frente de batalla roto en el instante mismo de comenzar el encuentro. El coronel Pedernera se adelanta sobre el flanco enemigo y manda a la carga a un escuadrón del 2 de caballería a las órdenes del comandante Pringles. Esta carga, llevada a término con la resolución peculiar de quien la encabeza, restablece el equilibrio del combate y proporciona los elementos necesarios para que se vuelque a favor de las tropas del general Paz.


BATALLA DE LA TABLADA - 22 de junio de 1829 - Parte 3


El general Bustos, como militar de carrera que es, le previene sobre los riesgos que corre al desprenderse de la artillería, pero Facundo no lo atiende. El no es partidario de los cañones. Asegura que no los necesita. Le bastan sus jinetes, con los cuales ya ha derrotado anteriormente a los veteranos del Regimiento l° de los Andes, y al coronel Lamadrid.

En momentos en que Facundo está con todas sus disposiciones tomadas, llega al lugar el jefe unitario. Y cuál no ha de ser su sorpresa, cuando se encuentra con que Córdoba está ya en poder de Quiroga. Su desconcierto es enorme, especialmente porque sus planes no tienen ya aplicación práctica. El mismo lo confiesa:


"A las siete de la noche nos hallamos en los arrabales de Córdoba, junto a los Mataderos. ¿Se creerá que me hallaba a pocas cuadras de la plaza, después de haber descendido de los altos que la circuyen, desde los que se distinguía una muy extensa línea de fogones en el campo de La Tablada que indicaban el campo enemigo, y al mismo nivel que ella, sin saber si se había o no rendido?"

Hasta este momento, el plan del general Paz consiste "en meter víveres en la plaza, a cuyo efecto traía una buena tropa de ganado, reforzarla con igual número de infantes al que traía desmontado", dejar una de las piezas de artillería que lleva y salir al encuentro de Quiroga, teniendo a la ciudad de su parte.

Ahora, con la ciudad en poder de aquél, y con sus tropas formadas en batalla sobre el campo de La Tablada, la situación cambia fundamentalmente.

A la mañana siguiente, después de una consulta con su Estado Mayor, y ante la evidencia de que Quiroga lleva la ventaja de la iniciativa, Paz trata de encontrar medios adecuados para contrarrestarla.

Existe una confesión del general Paz, que constituye algo así como el punto clave para estimar sus temores con relación a las posibilidades de triunfar de Quiroga.

"Iba, pues -dice Paz- , a entablar el combate por la tarde, pero con el presentimiento de que si lograba al anochecer desorganizar la masa de caballería enemiga, le sería imposible al general Quiroga, cuya influencia personal era mucha, el reunirla y aun contenerla".

Evidentemente, el general Paz, gran conocedor de hombres, está en lo cierto cuando hace la apreciación anterior, porque en la batalla que se aproxima, él no va a combatir solamente contra el ejército de Facundo Quiroga, sino también contra la influencia personal que el riojano ejerce sobre su gente. Desorganizar a Quiroga mentalmente, desorientándolo en el momento en que vayan a tener comienzo formal las operaciones militares, tiene que ser, por lo tanto, y lo es, uno de los principales objetivos que persigue Paz.

Todo está listo para la batalla que se aproxima, y ya no será posible que ninguno de los protagonistas de este episodio acumule a su favor otros factores que no sean los de carácter psicológico o, simplemente, los vinculados a las oportunidades en que han de ser llevados a la realidad los planes esbozados.