miércoles, 12 de junio de 2019

Existen algunos síntomas sobre el gobierno que haría Arturo Illía - Parte 2

Uno de los problemas "procesales'' que deberá encarar Arturo Illía es el de la formación de sus equipos de gobierno. En ese aspecto, quizá, la cuestión más delicada es la formación del gabinete militar (y algunos vaticinaban que sobre ese tema ya se habían iniciado conversaciones, en las que fue gestor importante el ex ministro de Defensa Nacional, doctor José Luis Cantilo). La teoría que le atribuían sus adversarios frentistas indicaba que Illía trataría de cubrir las carteras militares con "azules moderados" y "conciliacionistas", al estilo del general Loza. Pero, posibles problemas castrenses aparte, lo que definirá primordialmente el rumbo de la gestión de Illía es la integración de su equipo político, de su equipo económico-social y de sus equipos técnicos.

Un periodista allegado a los radicales del Pueblo vaticinaba que en un gobierno de Illía habría neto predominio de la línea de los subsecretarios, al estilo de lo que ocurrió durante el primer gobierno de Hipólito Yrigoyen. La tesis, aquí, sería la siguiente: para la designación de ministros se deben tomar en cuenta complejas motivaciones políticas y no menos complejas relaciones de "public relations"; la designación de subsecretarios por el presidente es siempre "más libre" y con mayores posibilidades de espontaneidad. Además, Illía tratará de dar una "fachada de lujo" a su ministerio, colocando allí a varias personalidades representativas, con antecedentes políticos destacables desde el punto de vista publicitario. Pero a los jóvenes y dinámicos hombres de los equipos técnicos de Illía les pueden estar reservadas importantes subsecretarías y direcciones en los ministerios-claves.

Como en el proceso que culminó con el triunfo de Frondizi (aunque la propaganda desarrolló menos el tema), los equipos de trabajo tuvieron importancia en la campaña electoral de Illía y su labor se vio, muchas veces, obstaculizada por los celos de la estricta estructura partidaria. "Nosotros —dice Pablo Valle— creemos que los comités cumplen una tarea importante como contacto directo con el pueblo, pero también creemos que no están capacitados para desarrollar funciones técnicas específicas." Pablo Valle, un universitario de alrededor de 30 años, periodista, con alguna actuación anterior en la Federación Universitaria de Buenos Aires, es uno de los hombres que coordinó los enlaces entre el candidato Illía, los periodistas y los equipos de trabajo. 
Queda ahora por ver si en el gobierno de Illía los "equipos" tendrán la vigencia que tuvieron sus similares ucristas durante la primera etapa del gobierno de Frondizi.

A los equipos que trabajaron con Frondizi se les atribuyó determinada concepción político - ideológica. Los observadores se preguntan cuáles son las tesis principales de los asesores de Illía que se agruparon, básicamente, en la "Junta Promotora Illía-Perette". Esa junta, por tener su sede en la calle L. N. Alem 1074, es llamada generalmente, en la jerga partidaria, el "grupo Alem". Curiosamente, Frondizi tuvo también su "grupo Alem" durante la campaña electoral (que estaba a cargo de Isidro J. Odena y funcionaba en L. N. Alem al 400).

La mentalidad del "grupo Alem" (el de Illía) puede ser extraída, en gran parte, de una revista radical que algunos de esos equipos editaban: "Definición". Algunas tapas, tomadas al azar de la colección, nos presentan la primera imagen: una manifestación obrera; una villa miseria con la siguiente inscripción: "Oligarquías latifundistas, ejércitos pretorianos, atraso, miseria y barbarie" (el texto alude luego, genéricamente, a América latina); una fotografía de Crisólogo Larralde; otra tapa compuesta con recortes de diarios que aluden a la difícil situación económico-social. En "Definición" colaboran Germán López, ex presidente de FUBA, ex director nacional de Trabajo durante la Revolución Libertadora, un típico liberal nacionalista de izquierda); Bernardo Grinspun (asesor del bloque de senadores de la UCRP de la provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Alende, que se define a si mismo como un "nacionalista popular"); Félix Elizalde (subsecretario de Hacienda del doctor Blanco, cuando éste fue ministro del general Aramburu, observador por el partido —junto con el doctor Grinspun— en la reciente reunión de la CEPAL); J. J. Alfredo Concepción, Alberto J. Chueke y Roberto Pena (diputado electo por la provincia de Buenos Aires). Este grupo formó parte del "equipo de Germán López" que estuvo asesorando en cuestiones económicas al doctor Balbín como presidente del partido y que, durante la campaña electoral, pasaron a trabajar directamente con Illía. Son los que elaboraron la parte económica de la plataforma radical del Pueblo. También con ese equipo trabajó Luis Schvartzer, que asesoró a Illía en respuestas a los reportajes económicos.


Existen algunos síntomas sobre el gobierno que haría Arturo Illía - Parte 1




Política Nacional


En la semana pasada, en que recrudeció la acción psicológica contra la fórmula Illia-Perette basada esencialmente en un presunto izquierdismo y estatismo de su programa de gobierno, los conservadores tradicionales de la Federación de Partidos de Centro anunciaban que votarían en los Colegios Electorales a los candidatos presidenciales de la UCR del Pueblo. Este hecho demostraba una vez más que "las usinas de acción psicológica", como son llamadas en la jerga militar, tendrán que crear respecto de Illía y Perette métodos y argumentos distintos a los que dieron muy buen resultado en el caso de Frondizi: la UCR del Pueblo se presenta como un partido al cual por ahora resulta difícil calificar de peligroso o catastrófico para el país por encubrir planes secretos e inconfesables.

Para los observadores atentos e imparciales de la situación, parecía evidente que Illía había ganado dos elecciones: la primera el 7 de julio, en las urnas; la segunda, a partir del 8 de julio, en la opinión pública. Si bien la consagración de su presidencia deberá producirse mediante la negociación de posiciones provinciales con los demás partidos políticos, existe consenso unánime que esto es lo lógico y natural; pero el mismo consenso existe en suponer que si una negociación, similar la realizan Aramburu o Alende, la opinión pública se sentiría defraudada y un gobierno de cualquiera de estas dos figuras tendría siempre un interrogante sobre su legitimidad.

Sin embargo, es en la esfera militar donde más preocupan los interrogantes sobre las posibles actitudes de Illia desde la presidencia de la Nación. Interrogantes sobre la relación que establecerá con las Fuerzas Armadas. El doctor Luis Caeiro, íntimo colaborador de Illía. aseguraba el viernes último a un oficial de la Secretaría de Guerra que;
•Illía seguiría respecto del Ejército la política que ha fijado el general Onganía. 
•Illía y Onganía son caracteres muy similares que se llevarán muy bien.
•Illía designará un secretario de Guerra en consulta directa con Onganía.

Por su parte, el doctor Caeiro comprendió que el temor mayor del Ejército es que el gobierno Illía, asesorado por el doctor Zavala Ortiz, intente introducir en sus filas el espíritu deliberativo que los mandos denominan toranzismo. El colaborador de Illía se enteró también de que en el Ejército se adjudicaba a Zavala Ortiz haber asegurado que el próximo secretario de Guerra sería el teniente general Carlos Severo Toranzo Montero.

Hasta ahora, un hecho parece indudablemente cierto, sin embargo: el doctor Illía no ha ofrecido aún ninguna cartera ministerial y parece verosímil que no lo haga en un futuro inmediato. No sería menos cierto que ha recibido enorme cantidad de sugerencias sobre quiénes podrían integrar su equipo ministerial. Para los allegados a Illía resultaba seguro, a fines de semana, que el gabinete sería una verdadera sorpresa para los medios políticos, así como para su propio partido. Convencido de que necesitará en el Parlamento la colaboración de legisladores de otros partidos, Illía intentará algo que hasta ahora parecía ser la antítesis del radicalismo del Pueblo: colocarse por encima de la estructura netamente partidaria. O, en caso de recurrir a su partido, buscar hombres que no signifiquen por su trayectoria un aislamiento de los sectores diversos en que se dividirá el Parlamento. Con esta argumentación, uno de sus colaboradores desechó la idea de un Zavala Ortiz ministro, y aceptó la sugerencia de un Zavala Ortiz embajador. Probablemente, en esta ubicación del veterano dirigente radica la esencia de las intenciones de Illía. 

Equipo

Arturo Illía: Algunos vaticinan que gobernarán los subsecretarios
En la última semana, jóvenes asesores del candidato radical del Pueblo — Arturo Illía— eludían definiciones, descripción de antecedentes personales y planes para el futuro. También evitaban hablar sobre la posible composición del gabinete, aunque todos coincidían en algunas seguridades negativas ("Hay candidatos inventados por los diarios, como Zavala Ortiz o Eugenio Blanco para Economía. No se dará nada de eso"). La extrema cautela radical se debía, obviamente, a la proximidad de la reunión de los Colegios Electorales: "Un solo dato indiscreto puede crear problemas gravísimos". Muchos recordaban que más de una revolución había fracasado porque sus jefes se apresuraron a formar "gabinetes" y a sumar, así, resistencias antes de tiempo. Coincidían, de ese modo, en que la mejor estrategia era obligar a los enemigos de la consagración de Illía en los Colegios Electorales a pelear contra un programa, suficientemente genérico como para ser explicado de distintas maneras, y no contra personajes o procedimientos concretos, que siempre movilizan más resistencia.


martes, 11 de junio de 2019

Vicealmirante Francisco José Seguí





Francisco José Seguí nació en Buenos Aires el 12 de noviembre de 1794, y fueron sus padres Andrés Seguí y María Ignacia Bermúdez, natural de Buenos Aires. Transcurrida la infancia en el hogar porteño fue enviado a España a proseguir la carrera naval. Egresado Guardiamarina regresó más tarde a Buenos Aires, y pasó a prestar servicios el 7 de febrero de 1814 en la escuadra que formaba Brown para abatir el poderío español en el Río de la Plata.

Destacado como jefe de la cañonera "Americana”, se batió en el ataque a Martín García y formó parte de la escuadrilla de Nother en el combate del Arroyo de la China. Concurrió a la caída de Montevideo y el 23 de junio de 1814 llevó a bordo al General Alvear con su Estado Mayor cuando se dirigió a tomar posesión de la plaza rendida. La participación en esta campaña lo hizo acreedor a la medalla por el combate de Montevideo.

Su actuación constante en la lucha que Buenos Aires mantenía contra López y Ramírez lo contaron en la acción del 1º de enero de 1820 en la cual, la escuadrilla de Hubac bloqueó el puerto de Santa Fe.

Declarada la guerra contra el Imperio del Brasil, le tocó al subteniente Seguí actuar en el bergantín "Balcarce", de catorce cañones, comandado por el capitán Bartolomé Ceretti.

Al frente de sus naves Brown penetró en el río Uruguay el 28 de diciembre de 1826. En esta oportunidad Seguí era el Comandante del bergantín "Balcarce. El combate se reanudó con violencia e intrepidez el día nueve. Los tres barcos mayores de nuestra escuadra: la "Sarandí" comandada por Brown, la "Maldonado" por Drummond y el "Balcarce" por Seguí, acosaron al enemigo sin darle tregua. Como consecuencia de esta acción el gobierno le confirmó en el grado de Capitán el 23 de marzo de 1827, y el 18 de septiembre del mismo año, se le confirió el de Sargento Mayor Graduado.

Combatiente en Punta Lara el 8 de junio de 1828, sufrió heridas a consecuencia de una explosión de pólvora. Fue promovido a Coronel. Graduado el 16 de agosto del mismo año, destacó definitivamente y alcanzó el grado de coronel, el 27 de julio de 1829. Colocado a los treinta y tres años de edad en la plana de inactividad del ejército, hizo súbitas apariciones en algunos cargos de significación tales como el de la Ayudantía del Puerto en 1833 y el de la plana mayor del Ejército el 21 de octubre de 1834.
Borrado por Rosas del escalafón militar como otros distinguidos jefes por el decreto del 16 de abril de 1835, su destino quedó sellado, y optó por emigrar a la Banda Oriental donde luchó en favor de la causa unitaria.


Solicitado por Brown, Seguí volvió al suelo natal en 1850 y Rosas lo dio de alta con el grado de Coronel, confiándosele el mando de la corbeta "25 de Mayo" para que ejerciera la vigilancia del puerto.

Fue Jefe de Martín García y miembro más tarde de la Junta Consultiva Militar alcanzó en los instantes de la organización nacional la Capitanía General del Puerto de Buenos Aires, que desempeñó desde 1855 hasta 1868, y en años posteriores la de San Fernando, Tigre y San Isidro.

Incluido en la nómina de los Guerreros de la Independencia, Seguí falleció en Buenos Aires el 19 de mayo de 1877 a los ochenta y tres años de edad. Siendo modernamente como homenaje póstumo ascendido a Contraalmirante y declarada su tumba en la Recoleta, sepulcro histórico.

Dos buques de la Armada Argentina llevaron su nombre: Aviso (1923), Destructor (1972).




sábado, 8 de junio de 2019

Coronel de Marina Juan Bautista Azopardo





Nació en la población de Senglia, en la isla de Malta, el 20 de febrero de 1772 y siendo aún un niño sus padres lo enviaron a estudiar construcciones navales en el arsenal francés de Tolón, donde permaneció varios años. En momentos que Francia se hallaba en guerra con la mayoría de las naciones europeas, Azopardo obtuvo patente de corso con el objeto de desbaratar el comercio naval del enemigo.

Al comenzar el siglo XIX, llegó al Río de la Plata realizando numerosos viajes entre Montevideo y Buenos Aires. 

Al producirse la primera invasión inglesa en junio de 1806, Azopardo que era Segundo Comandante del navío corsario "Dromedario", tomó parte en las acciones al mando de Liniers. Su experiencia como artillero, unida al valor personal que poseía, hizo que su actuación fuera destacada. Ello se repite durante las acciones de la defensa de Buenos Aires que tuvieron lugar en el año 18O7. 

En la "Segunda Invasión Inglesa", no solamente Liniers elogió ampliamente el coraje y la pericia de Azopardo, sino también el gobierno español que le confirió los despachos de "Teniente Coronel de las Milicias Urbanas". Cuando se produjo la Revolución de Mayo, Azopardo se puso de parte de los patriotas criollos y poco después el gobierno patrio lo repuso en el grado que le había retirado el Virrey. 

Luego de producidos los hechos revolucionarios de 1810, con mucho sacrificio el gobierno patrio pudo alistar una pequeña flotilla compuesta por la goleta "Invencible", el bergantín "25 de Mayo" y la balandra "Americana" que fueron tripuladas con hombres no muy adiestrados en la vida marinera. Al frente de esa fuerza naval fue puesto Azopardo y el Segundo Comandante fue el Capitán Hipólito Bouchard. A fines de febrero de1811 la flotilla zarpó de Buenos Aires y remontó las aguas del río Paraná. El día 2 de marzo de 1811 se enfrentó en San Nicolás de los Arroyos con una fuerza naval española, comandada por el Capitán de Navío Jacinto de Romarate, compuesta por dos bergantines y dos faluchos. Ese combate, el primero librado por fuerzas navales argentinas, sirvió para demostrar el coraje y patriotismo de nuestros hombres, que sólo debieron ceder ante la superioridad de fuego del enemigo y la pericia de sus muy experimentadas tripulaciones. Azopardo fue hecho prisionero cuando pretendía hacer volar su buque incendiando la santabárbara. Fue trasladado a Montevideo donde se le instruyó un sumario por delito de alta traición y de allí fue remitido a España donde permaneció prisionero durante nueve años.

En 1820 debido a una insurrección que estalló en la península, fue liberado y pudo regresar a Buenos Aires, puerto al que arribó el 26 de agosto de 1820. El gobierno lo reincorporó al servicio con el grado de Teniente Coronel. En esa época Buenos Aires se hallaba en lucha contra el caudillo entrerriano Francisco Ramírez y dispuso el envío de una escuadrilla compuesta por ocho naves, al mando del Coronel Zapiola; Azopardo era el Segundo Comandante de esa fuerza. El 26 de julio de 1821 se libró un combate en la boca del río Colastiné contra las naves de Ramírez, y nuevamente, Azopardo tuvo principalísima actuación para volcar la victoria hacia las fuerzas de Buenos Aires. Posteriormente Azopardo fue designado en el cargo de Capitán del Puerto de Buenos Aires y Jefe de Matrículas. Como tenía grandes conocimientos en todo lo referente a la navegación y al comercio marítimo y fluvial, aportó interesantes iniciativas que redundaron en beneficio de la repartición a su cargo. En ejercicio del mismo le fueron extendidos los despachos de Coronel (7 de mayo de 1824). A fines de 1825, el Imperio del Brasil le declara la guerra a nuestro país, que en ese momento prácticamente carecía de poder naval. En forma apresurada y venciendo muchas dificultades es alistada una escuadra que es puesta a las órdenes del Almirante Brown. Azopardo es el segundo jefe de la misma y a la vez comanda el bergantín ''General Belgrano".

El 9 de febrero de 1826, Brown enfrenta por primera vez en la guerra a las fuerzas navales brasileñas, y en la acción toma parte Azopardo. Debido a una mala interpretación de señales Azopardo no puede apoyar con su nave al buque de Brown, y el Almirante aprecia que hubo debilidad en parte de los comandantes de las naves de su escuadra, entre las cuales se cuenta Azopardo. Pasa un parte al gobierno censurando la actitud de aquellos subordinados que él estima que prácticamente lo habían abandonado en el combate. A raíz de esta situación, se inicia un sumario, finalizando el procedimiento mediante una resolución del Presidente de la República Bernardino Rivadavia, dictada el 20 de diciembre de1826, por la cual se archivan las actuaciones sin afectar el buen nombre y honor de los inculpados. No obstante, Azopardo no quiso continuar en servicio y el 3 de febrero de 1827 solicitó y obtuvo el retiro.

Sin contar con muchos medios financieros, debió vivir en Buenos Aires llevando una existencia de sacrificios y privaciones, en compañía de su esposa María S. de Pérez Rico.

Falleció el 23 de octubre de 1848 Azopardo fue considerado como "el primer jefe de la Escuadra Naval".

Cuatro buques de la Armada Argentina llevaron su nombre: Remolcador y Transporte (1885), Remolcador (1923), Fragata (1958), Guardacosta (1962).




martes, 4 de junio de 2019

Los amores de Belgrano






Sus enemigos lanzaron y lograron instalar la versión que lo “acusaba” de homosexual. Pero la verdad histórica es diferente.
Manuel Belgrano sigue despertando, a casi dos siglos de su muerte, la admiración de los que lo conocen y el desprecio de quienes siguen viendo en él a un denunciante de las injusticias, las inequidades y el atraso nacional provocados por los que él llamaba “partidarios de sí mismos”.

Estos lanzaron y lograron instalar la versión que “acusaba” a Belgrano de ser homosexual. En sus machistas mentes aquel hecho lograba descalificar su obra.

Afortunadamente vivimos tiempos más racionales y menos hipócritas. De todas maneras podemos afirmar, por apego a la verdad histórica, que Belgrano era heterosexual y que tuvo dos amores. Uno de ellos fue con María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación Ezcurra, la futura esposa de Juan Manuel de Rosas.

María Josefa acompañaba a su padre, Ignacio de Ezcurra, al Consulado dirigido por Belgrano y allí se enamoraron en 1802, cuando Manuel tenía 32 años y Josefa, 17.

Al año siguiente la muchacha contrajo matrimonio, según la voluntad de sus padres, que no era la suya, con un primo venido de Pamplona llamado Juan E. Ezcurra. Alérgico a las revoluciones, tras el triunfo de la de Mayo volvió a la Península.

María Josefa se sentía libre y cuando Belgrano se hizo cargo del Ejército del Norte, decidió acompañarlo. En marzo de 1812 tomó la “mensajería de Tucumán”, una diligencia que tardaba 30 días en llegar a la ciudad norteña. Cuando llegó a San Miguel de Tucumán, el general estaba en Jujuy y hacia allí fue la joven porteña.

A fines de abril llegó a San Salvador, donde pudo reencontrarse con su amado Manuel y acompañarlo en el frente de batalla, donde siempre quedaba un ratito para el amor. El 30 de julio de 1813 nació, en Santa Fe, Juan, que fue adoptado por los recién casados Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra y creció con el nombre de Pedro Rosas y Belgrano.

En 1837, don Juan Manuel cumplió con su promesa de contarle a aquel hombre de 24 años, que ya era un estanciero y acababa de ser nombrado juez de paz de Azul, su verdadero origen familiar. Pedro se casó en 1851 en la iglesia de Azul con Juana Rodríguez. 

La madrina de la boda fue su madre, María Josefa Ezcurra.

El otro amor de Belgrano fue la tucumana María Dolores Helguera, con quien vivió un romance marcado por la guerra. Los padres obligaron a María Dolores a casarse con otro hombre, al que ella no amaba, que al poco tiempo la abandonó. Belgrano y su amada volvieron a verse, pero no pudieron casarse porque, a los efectos legales, Dolores seguía casada con su ex marido.

El 4 mayo de 1819 nació Manuela Mónica, pero la convivencia duró poco. Tiempo después debió dejar la comandancia por motivos de salud y trasladarse a Buenos Aires. Si bien no menciona en su testamento a Manuela como hija legítima, le pidió a su hermano y albacea, Domingo Estanislao, “que secretamente, pagadas todas sus deudas, aplicase el remanente de sus bienes a favor de una hija natural llamada Manuela Mónica que de poco más de un año había dejado en Tucumán”.

De acuerdo a los deseos de su padre, cuando Manuela había cumplido 5 años, fue llevada a Buenos Aires y vivió junto a su tía Juana Belgrano de Chas. Aprendió inglés y francés y desarrolló una amplia cultura general. Juan Bautista Alberdi se enamoró de ella, pero el romance no prosperó. Se casó en 1853 con Manuel Vega y Belgrano, su sobrino político, con quien tuvo tres hijos. Tras la muerte de su hija Pepita, Manuela entró en una profunda depresión y murió dos años después que la niña, el 5 de febrero de 1866.

Autor: Felipe Pigna.