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martes, 15 de octubre de 2019

Antiguos camposantos de nuestros barrios - Parte 2


Aunque desde fines del siglo diecinueve el cementerio ya no estaba, el lugar siguió ofreciendo un triste aspecto. Allá por 1920 se podían observar restos de bóvedas abandonadas, arbustos, bancos rotos y la derruida cerca primitiva. Era un paso obligado cuando se deseaba llegar al barrio de Belgrano, no muy poblado y falto de iluminación, proclive a la presencia de algún asaltante y un buen número de perros sueltos. Por disposición del intendente José Luis Cantilo, con fecha 28 de noviembre de 1919 se había proyectado la instalación de una plaza pública.

En 1921 se comenzaron a demoler los restos de las bóvedas del antiguo cementerio. Pasaron todavía unos cuantos años y recién en 1946 surgió la Plaza “Marcos Sastre”, que hoy nos permite tomar un descanso mientras juegan los niños. Se tejieron diversas leyendas relacionadas con el antiguo destino de esa manzana, pero el imaginario colectivo es así. Sólo podemos agregar que es muy grato contar con un espacio público que nos regala árboles, senderos y césped.

La última morada animal

En la década del 70, en el extremo oeste del barrio de Saavedra, en el inmenso predio comprendido entre las avenidas General Paz, Galván y Del Tejar (actualmente Ricardo Balbín) por un lado y la calle Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde) por el otro, se encontraba el entonces Vivero Municipal. Ostentaba la particular característica de poseer ejemplares de alcanfor, un árbol que iba desapareciendo en el mundo. Asimismo, quedaba libre una gran extensión que en varias oportunidades las autoridades comunales imaginaron como sede del Zoológico Municipal; uno de los proyectos contemplaba, con las debidas precauciones, dejar a algunos ejemplares de animales en libertad.

Se forjaron diversos fines para estos terrenos de enorme extensión, hasta que finalmente se concedió una buena parte de los mismos para la construcción de la Embajada de China y el Parque Sarmiento, un excelente lugar de esparcimiento para los habitantes de la ciudad que incluía juegos, piletas de natación, canchas para diversos deportes, mesas, bancos y parrillas, hoy en decadencia. Además se cedieron en concesión terrenos para el Club Atlético Platense, la Unión Argentina de Rugby y el Club Sirio Libanés.

Pero además existió algo sumamente curioso: sobre la calle Republiquetas (hoy Crisólogo Larralde) se veía un portón y a su costado un cartel de reducidas proporciones con la leyenda “Sociedad Cooperativa El Refugio”, sin ninguna otra inscripción o dibujo que pudiera atraer la atención del transeúnte. Si uno atravesaba el portoncito veía un angosto sendero entre yuyales que, luego de caminar más o menos media cuadra, llegaba a un espacio abierto y despejado. Insólitamente, era un cementerio. Se veían tumbas minúsculas, y observando mejor, uno caía en la cuenta de que se trataba de un cementerio de mascotas. Salvando la distancia, podría describirse como una pequeña necrópolis. Se observaban sepulturas más bien modestas, pero aparte de éstas y de aquellas que sólo eran de tierra había también pequeños monumentos funerarios similares a los de un cementerio común. 

Se desprendía de ellos la voluntad del homenaje y del recuerdo, como una herramienta de acercamiento de esos seres irracionales a un mundo trascendente.

Transitar por ese cementerio en miniatura sobrecogía el ánimo y producía una congoja difícil de explicar. Las lápidas estaban cargadas con palabras de elocuente dolor y presentaban hasta la fotografía, esmaltada y enmarcada con adornos de bronce, del perrito fallecido. Con el transcurrir del tiempo, y ya puestos en marcha algunos de los proyectos creados para esa vasta extensión de terreno, las topadoras derribaron alambradas y cercos. El lugar que ocupaba el cementerio de animales había desaparecido y en su lugar se podía observar escasa vegetación, escombros y restos de mampostería esparcidos por doquier.

BIBLIOGRAFÍA
Del Pino, Diego A. Villa Urquiza. Barrio centenario 1887-1987. Buenos Aires, Ediciones Marymar, 1987, 224 p., ils.
Colección Barrios Porteños.
Mayochi, Enrique M. Belgrano. 1855 -Del pueblo al barrio- 1993. 2da. edición. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston, 1993, 142 p., ils.
Colección Cuadernos del Aguila.
Tenembaum, León. Buenos Aires. Un museo al aire libre. Buenos Aires, Fundación Banco de Boston, 1987, 254 p.


Antiguos camposantos de nuestros barrios - Parte 1




Hasta fines del siglo XIX, cuando un vecino de Villa Urquiza fallecía era enterrado en Monroe y Miller. Sí, en el predio de la Plaza Marcos Sastre funcionó una pequeña necrópolis entre 1875 y 1898. Pero eso no es todo: en Crisólogo Larralde y Galván, donde se construye el Polo Educativo Saavedra, existía un cementerio de mascotas.

El pueblo de Belgrano tuvo su primer cementerio en el terreno encuadrado dentro de las actuales calles Monroe, Ricardo Balbín, Blanco Encalada y Zapiola; fue clausurado en 1875. El 5 de julio de 1874 se constituyó en el Municipio de Belgrano una comisión que estudiaría la instalación de un nuevo cementerio para el pueblo y sus aledaños. 

Integraban esa comisión el Pbro. Diego Millar, cura párroco del Municipio; el Dr. Antonio Tarnassi, los señores Policarpo Mom y Vicente Pardo y el arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, quien sería el director de las obras. Se eligió para tales fines el solar formado por las calles Miller, Monroe, Valdenegro y las vías del Ferrocarril Nacional “Bartolomé Mitre”.
Cerca de la estación

La construcción de la necrópolis se hizo de acuerdo con las características edilicias que presentaban por entonces los camposantos pueblerinos. El lugar era un descampado a la vera de un camino, en este caso la actual calle Monroe, y no se hallaba distante del ancho camino que ahora lleva el nombre de Alvarez Thomas. 

Una valla de mampostería conformaba el contorno del cementerio; una entrada importante con gruesos pilares y una sólida puerta de hierro, con frente a Monroe. Destaquemos que esta calle comunicaba al Municipio de Belgrano con el de Villa Catalinas (Villa Urquiza).

Del portón de entrada salía un amplio sendero principal, con frondosos árboles a la vera. A los costados se encontraban las bóvedas de varias familias notables de la zona y construcciones de sencilla planta, entre ellas las pertenecientes a las familias Agrelo,Lambruschini, Saravia, Roland y Sagasta Isla. En esta última se encontraban depositados los restos de Marcos Sastre, autor de un libro famoso: El tempe argentino. El escritor fue un importante vecino de Belgrano; vivía en una quinta ubicada en las calles Blanco Encalada y Arribeños.

Poco a poco la zona se fue poblando y en un momento dado los avecindados en las cercanías del Cementerio de Belgrano formularon gestiones para que se clausurara, teniendo en cuenta que su ubicación frente la calle Monroe producía inconvenientes en el desarrollo del sector. Finalmente, en 1898 se procedió al cierre del camposanto, que coincidió con la instalación del Cementerio de la Chacarita. 

La mayoría de los restos inhumados en el de Monroe y Miller fueron trasladados -con pocas excepciones- al establecido en la calle Guzmán. Los restos de Marcos Sastre pasaron a la bóveda de la familia Sagasti Isla en Recoleta.

El predio donde se había instalado el Cementerio de Belgrano y alrededores pertenecía a la sucesión de Francisco Chas. Fue donado al Municipio por los señores Vicente y Joaquín Chas en 1910 con la expresa condición de que se instalara allí una plaza pública. Como detalle digno de destacar, enfrente del clausurado cementerio se encontraba la residencia del vecino Carlos Ferdrin, con su señorial aspecto de castillo.


sábado, 2 de agosto de 2014

Cementerios en Belgrano – Parte 2



El 5 de agosto de 1874 la Municipalidad del pueblo de Belgrano creó una comisión compuesta por el cura párroco Diego Miller, el doctor Tarnassi, el señor. Policarpo Mom, el arquitecto Buschiazzo y el señor Vicente Pardo con el fin de que se procediera a la construcción de un nuevo cementerio. Poco tiempo después, ésta cumplió su cometido y el cementerio fue establecido en el lugar donde se encuentra actualmente la plaza Marcos Sastre, delimitada por las calles Monroe, Miller, Valdenegro y las vías del  FF.CC.  Mitre.

Al mismo se ingresaba por un gran portón de hierro ubicado sobre la avenida Monroe; desde allí partía la calle central amplia y pavimentada  en cuyos fondos, junto a las vías del ferrocarril había un banco debajo de un ombú donde los concurrentes solían reposar bajo su sombra. A  ambos lados de la calle principal se levantaban las bóvedas que sumarían quince en total.

El 26 de marzo de 1898 por ordenanza municipal fue clausurado el cementerio de Belgrano; el mismo permaneció varios años semiabandonado hasta que, el 28 de noviembre de 1919, fue dispuesta su total desocupación, la cual finalizó en 1922.
Los propietarios de las bóvedas firmaron un convenio con la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires –ad referéndum– por el cual permutaban las sepulturas y sepulcros del cementerio de Belgrano por otras en el Cementerio del Oeste.

Años más tarde por decreto municipal Nº 5003/1946 la manzana que ocupaba el cementerio de Belgrano o cementerio De Miller, como familiarmente lo llamaban los vecinos, fue destinada a plaza pública denominada Marcos Sastre debido a que sus restos originariamente descansaron en la bóveda de la familia Sagasta Isla ubicada  en ese lugar.

Entrada al cementerio de Belgrano también llamado cementerio de Miller, ubicado en lo que hoy es la plaza Marcos Sastre.

Tomado del sitio diariodebelgrano.com
De Silvia Vardé




Cementerios en Belgrano – Parte 1


El 6 de diciembre de 1855, el gobierno de la provincia de Buenos Aires aprueba el proyecto del trazado del nuevo pueblo de Belgrano, que fuera presentado por el Departamento Topográfico y  realizado por el ingeniero Saturnino Salas.

En dicho proyecto figuraban la superficie de la población, las calles con sus respectivos nombres y otras importantes disposiciones para el futuro pueblo. Con respecto al cementerio, en un párrafo del documento establecía: “En cuanto al sitio en que deberá establecerse el Cementerio, que más adelante pueda llegar a ser muy necesario, proveerá ulteriormente la Municipalidad”.

La instalación del primer cementerio que tuvo el pueblo de Belgrano estuvo muy ligada a la construcción de la parroquia de la Inmaculada Concepción, ya que cuando la Comisión Municipal solicitó al Obispado de Buenos Aires la creación de la misma, debió cumplir uno de los requisitos necesarios que era la creación de un camposanto.

El 21 de enero de 1860 la Municipalidad comunicó al Obispado de Buenos Aires que ya había finalizado la construcción del cementerio y que éste estaba ubicado donde actualmente se halla la manzana de forma irregular delimitada por las actuales calles Blanco Encalada, Zapiola, Monroe y avenida Ricardo Balbín; cabe señalar que el mismo estuvo habilitado hasta 1875.

El 11 de marzo de 1871 con el objeto de instituir un nuevo cementerio, el gobierno de la provincia de Buenos Aires dispuso por decreto que el Juez de Paz de  Belgrano procediera a conceder los terrenos de la Chacarita de los Colegiales, que se hallaban bajo la jurisdicción de dicho partido.

El motivo de dicho pedido residía en la urgencia de habilitar un nuevo enterratorio ya que los existentes en la Ciudad de Buenos Aires habían sido clausurados por encontrarse colmados a raíz de la epidemia de fiebre amarilla que devastó a la ciudad en los primeros meses de ese año.


domingo, 22 de junio de 2014

La muerte como culto: el Cementerio de Chacarita por dentro - Parte 2

Simbolismos y tradiciones
Para quienes pertenecen a generaciones y tradiciones familiares en las que la muerte es casi un tema tabú, observar algunas esculturas y símbolos que cubren las paredes y techos de las bóvedas puede generar desconcierto e incluso temor.
Uno de estos ejemplos es el panteón de la Policía Federal, que en su entrada tiene unas oscuras estatuas de mujeres vestidas de negro, con un velo que cubre parte de su frente casi impidiendo la visión de sus ojos.
También en algunos rincones pueden observarse imágenes de medusas, ese personaje mitológico que convertía en piedra a quienes la miraban a los ojos. Según explica Vizzari, este tipo de imágenes buscaba de alguna manera poner un límite, una advertencia, un espacio de respeto para quienes quisieran acercarse a las tumbas con motivos distintos que el de ofrecer un voto de respeto al difunto.
Otros símbolos son tal vez más esperanzadores y menos amenazantes, como las antorchas. Estas representan el fuego de la vida más allá de la muerte, la esperanza de una luz encendida que traspasa la vida terrenal.
También suele encontrarse la Clepsidra, que es el reloj de agua. Tiene un valor simbólico, porque representa el fluir constante del tiempo.
Personalidades y personajes
En varios rincones del cementerio pueden encontrarse los restos de diferentes personalidades de la historia argentina. Entre ellas está la tumba de José Amalfitani, el reconocido dirgente de Vélez. También yacen aquí los restos de Aníbal Troilo, Adolfo Pedernera, Benito Quinquela Martin, Luis Sandrini, entre tantos otros. Además están Federico Moura y Norberto Napolitano (Pappo).
Quizás uno de los rincones que atrae a más visitantes es la esquina de Carlos Gardel. Allí, una estatua del "zorzal criollo" lo representa de pie, vestido con su trajecito, con una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo un llavero. A su lado, arrodillada y mirando el suelo, la mujer con la lira rota en sus manos, simbolizando el luto de la música por la pérdida del gran cantor. El lugar está repleto de placas y flores y mensajes al ídolo del tango.
Es muy común, cuenta Vizzari, que cada tanto pase un taxista, detenga su móvil frente a Gardel, ponga un tango a todo volumen y encienda un cigarrillo. Terminada la canción, el chofer suele bajarse y colocar lo que queda del pucho en la mano derecha del cantante y volver al trabajo.
Así transcurren los días en este cementerio, con algunos rincones muy visitados y otros tal vez olvidados en incluso abandonados, entre bóvedas que, escaleras abajo, aún guardan los restos de familias enteras que alguna vez habitaron el suelo argentino.
 Sol Amaya  |  LA NACION


La muerte como culto: el Cementerio de Chacarita por dentro - Parte 1


Cómo se rendía honor a los difuntos en el pasado; memorias de grandes personalidades cuyos restos descansan en este predio porteño; las tradiciones abandonadas
Algunos rincones oscuros y monstruosos, otras callecitas tristes y melancólicas, y uno que otro espacio anecdótico y hasta divertido. Aunque parezca contradictorio, todos estos condimentos forman parte de un mismo lugar: el mítico Cementerio de Chacarita. Emplazado en medio del barrio que le da el nombre, las 95 hectáreas de que fue en su origen el Cementerio del Oeste albergan historias, leyendas, mitos y recuerdos de miles de familias porteñas y de otros rincones de la Argentina y el mundo.
Por sus callecitas, que en algunos lugares se transforman en anchas "avenidas", el simbolismo del culto a la muerte y al honor de los difuntos va tomando diferentes formas.
Lo que tal vez genera más curiosidad es la zona de las bóvedas, donde la variedad de materiales, estilos arquitectónicos y símbolos recuerda épocas y costumbres hoy casi desaparecidas.
"Hasta los años 60, era una costumbre que los familiares vinieran a pasar el día visitando a sus difuntos. Se sentaban en el interior de las bóvedas, alrededor del cajón, tomaban mate, limpiaban el lugar, conversaban, cambiaban las flores", cuenta Hernan Santiago Vizzari, investigador histórico y autor de Cementerio de Chacarita, un sitio que recorre la historia del lugar.
Hoy el panorama es muy diferente. Muchas de las bóvedas están abandonadas y la mayoría de las personas opta por cremar a sus difuntos o enterrarlos. 
Un lugar histórico
La idea de hacer un cementerio en lo que hoy es el barrio de Chacarita surgió en 1871, con la epidemia de fiebre amarilla. Los lugares que ya existían comenzaron a quedarse sin espacios. Por eso se destinaron unas cinco hectáreas de lo que hoy es el Parque los Andes para lo que se conoció como el Cementerio Viejo. Allí llegaron a realizarse más de 500 inhumaciones en un solo día.
Luego comenzaron a realizarse las inhumaciones en lo que se denominó "Chacarita Nueva" y luego "Cementerio del Oeste", hacia 1896.
Dentro de este lugar histórico descansan los restos de personajes reconocidos de la historia del país, entre ellos, muchos protagonistas del tango. "Hay orquestas enteras de tango enterradas acá", dice Vizzari.
Su construcción generó de alguna manera una renovación del barrio y la apertura de nuevos negocios. Desde florerías hasta bares, sin dejar de contar las herrerías que realizaban los trabajos en las bóvedas.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Primeros cementerios de Flores - Parte 3


En mayo de 1867 varios vecinos del cuartel 2º se presentan a la Municipalidad de Flores pidiendo que interceda ante su colega de la Capital para que deje sin efecto el proyecto de establecer un denominado “Cementerio del Sur” en aquella vecindad, situación que motivó una enérgica protesta ante el gobierno, ya que la Municipalidad de Buenos Aires “no tenía jurisdicción en este municipio”. Pero a raíz de haberse aprobado el proyecto de ensanche de la Capital por las cámaras provinciales, el terreno del llamado cementerio del Sur, hoy Parque de los Patricios, se segregó del partido de Flores quedando fuera del alcance de la Municipalidad local.

Mientras tanto, la inmediación del cementerio de Flores con la zona urbanizada preocupaba seriamente a la municipalidad, que en diciembre de 1867, se dirigió al agrimensor Arana para que le informara sobre los terrenos de propiedad pública donde fuera posible la “plantación de un nuevo cementerio provisionalmente, por encontrarse el actual en muy malas condiciones higiénicas”. Arena eligió un terreno al Sur entre las chacras Zavala y Ramos de treinta mil varas cuadradas, pero no se llegó a ningún acuerdo sobre este asunto.

En marzo de 1869, los municipales autorizan al presidente para que se dirija al gobierno de la provincia, ofreciendo pagar el valor correspondiente, para establecer un nuevo cementerio en los terrenos de la Chacarita. Pero ello no pasó de un proyecto, entretanto se decidió instalarlos en los terrenos al sur, linderos con el bañado y arrendados hasta entonces al antiguo juez de paz Isidro Silva, inaugurándose en setiembre de 1871 y clausurando definitivamente el antiguo cementerio desde el 1º de enero de 1872. El artículo 4º de la ordenanza correspondiente disponía que:

“Las personas que quieran construir bóvedas en el nuevo cementerio, por razón de la inhabilitación de las que tengan en el viejo, lo solicitarán de la Municipalidad. La corporación dará el terreno gratis para la nueva construcción, con relación al local que hayan ocupado en el primero”.

En estas condiciones se trasladaron los restos del primitivo cementerio al actual. Allí están depositados, en la bóveda de Tomasa Millán de Pereyra, su hija, los despojos de Antonio Millán. Al frente de la puerta principal, a unos cien metros, se destaca la blanca bóveda de la familia de Flores, que tiene una interesante historia.

En 1867 se presentaron a la Municipalidad los herederos de Ramón Francisco Flores solicitando comprar un terreno en el cementerio para construir una bóveda con el fin de trasladar a ella los restos del general José María Flores y otros miembros de la familia. El presidente de la Municipalidad Gervasio Castro en sesión del 4 de octubre propuso se les donase el terreno que solicitaban en atención a que el fundador Flores “había hecho donaciones de varios terrenos en el pueblo, como eran para Plaza, Corrales, etc. y cuyos recomendables antecedentes son notorios en el partido”.

Los municipales acordaron por unanimidad: “Que se les hiciera saber de oficio a los herederos del fundador Flores: que la Municipalidad atendiendo al mérito de que había sido acreedor dicho finado había dispuesto destinar en el Cementerio de este Pueblo, un terreno de tres varas de frente por tres de fondo de los terrenos que se hallen desocupados, el cual servirá para los que fallecieren de sus familias”.

Luego de habérseles mostrado los terrenos vacantes, los Flores se mostraron disconformes, pretendiendo que se les concediese en la calle principal como correspondía al fundador del pueblo. Ello motivó “una larga discusión en que participaron todos los Señores Municipales”, quienes decidieron finalmente concederles el solar que pretendían comprometiéndose los Flores a su vez, a edificar una bóveda de gran valor para mayor adorno del cementerio.

Así surgió la bóveda actual que ostenta en lo alto la fecha 1868 y debajo, encima de la puerta de entrada, la siguiente inscripción:

“Aquí yacen los restos mortales de la familia Flores, fundadores de este pueblo”.

Fuente
Cunietti-Ferrando, Arnaldo J. – San José de Flores. El pueblo y el partido (1580-1880) – Buenos Aires (1977).
Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Primeros cementerios de Flores - Parte 2


“El 20 de Setiembre de 1832 fue bendecido el nuevo Cementerio por el cura que firma, autorizado por el ilustrísimo señor Obispo y Vicario Apostólico acompañado del Juez de Paz y vecindario y dos eclesiásticos más que solemnizaron la función habiendo sido cantada. Este edificio se ha construido con donativos del vecindario y del Gobierno de la Provincia. Martín Boneo”. (4)

En efecto, una circular de Rosas del 1º de junio de 1831 había dispuesto que los jueces de paz de la campaña entregaran los importes de las multas a beneficios de las iglesias. Terminada la de San José de Flores, este dinero se aplicó al cementerio del pueblo. Años después fue ampliado y refaccionado. El propio doctor Boneo consignó la noticia:

“El día 27 de octubre de 1850 se le dio doble extensión al Cementerio de esta Parroquia, refaccionando todo el antiguo y bendiciendo todo lo nuevo. Esta obra tuvo de costo 12.500 pesos de los fondos de la Iglesia”. (5)

Muchos antiguos vecinos de Flores fueron inhumados en esta necrópolis, contándose entre ellos algunas figuras destacadas de la sociedad porteña como Rafaela Aramburu de Lezica, esposa de Ambrosio Lezica, que fue sepultada el 14 de octubre de 1833; o los de don Joaquín Belgrano, que corrieron igual suerte el 14 de mayo de 1849. Este último había dispuesto en su testamento ser enterrado en Flores, y habiendo fallecido en la ciudad el 2 de julio de 1848, un año después se trasladaron sus restos del Cementerio del Norte al del pueblo. Allí descansaba su esposa Catalina Melián desde el 18 de febrero de 1832.

Pocos días después de la Batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) comenzaron a ser inhumados en Flores algunas víctimas de la batalla. El 1º de febrero, Juan Monsalvo, militar “que murió ayer herido de bala, en la acción de la Cañada de la Paja”, José Martínez, Francisco Toledo y Luis Gibes “heridos de bala en la batalla de Caseros” y también dos jóvenes que murieron “el 6 fusilados en Caseros”.

El 2 de febrero de 1856 se sepultó en el cementerio del pueblo el cadáver del infortunado general Gerónimo Costa, fusilado por orden del gobernador Obligado después de estar tres días en capilla. Su cuerpo había sido abandonado en el sitio de la ejecución después del fracaso de la sublevación que encabezara. Doña Mercedes Rosas de Rivera, hermana del Restaurador y esposa del doctor Miguel Rivera, uno de los médicos más caracterizados de Buenos Aires, se presentó al gobernador pidiendo autorización para retirar su cadáver, ya que “estaba persuadida que la mano de la autoridad no podía extenderse hasta la mansión de los muertos”. Así pudo ser inhumado en Flores, pueblo que al día siguiente se asoció con un solemne tedeum a los festejos por la derrota del propio Costa.

En abril de 1863, a pedido del cura párroco, se destinó un espacio del cementerio para sepultar a los protestantes y disidentes. El presidente de la Municipalidad entrevistó al señor Silveira “que ocupa un terreno a continuación del Cementerio para que lo cediese con este fin”, aunque personalmente consideraba inconveniente “aumentar más el Cementerio allí por lo inmediato ya a la población”. (6)

En el interín, la Municipalidad local dispuso que el cementerio pasase de la jurisdicción eclesiástica a propiedad pública, lo que se comunicó al padre Ramos y Otero por nota del 25 de julio de 1865, suscrita por el presidente de aquella corporación Bartolomé Vivot. No obstante, las partidas de defunción continuaron siendo asentadas en la iglesia.

(4) Libro 2º de Defunciones de la Iglesia de Flores. Folio 177 v.

(5) Libro 4º de Defunciones de la Iglesia de Flores. Folio 123 v.

(6) Archivo Histórico Municipal. Actas 1863. Legajo 3.






Primeros cementerios de Flores - Parte 1


El primer cementerio de Flores fue inaugurado el 2 de setiembre de 1807, inhumándose en esa fecha al vecino Pedro Ximénez, español, natural de Murcia. Hasta entonces, el párroco autorizaba los entierros en parroquias limítrofes, ya fueran Monserrat, la Piedad o la Recolección. Este primitivo cementerio estaba situado al Este de la iglesia, edificada entonces sobre la actual Rivera Indarte casi al llegar a Ramón L. Falcón. Enterratorio humilde, durante mucho tiempo sólo se inhumaron allí negros esclavos y alguno que otro vecino pobre. Las familias de distinción que tenían casa en Buenos Aires y quinta en Flores no lo utilizaban, prefiriendo sepultar a sus deudos en iglesias tradicionales.

Juan Pedro de Córdoba, propietario de Monte Castro, dispuso por testamento ser enterrado en San Francisco, y sólo si moría en su chacra y para evitar los gastos del traslado, debía serlo en Flores. No obstante, en ese cementerio se dio sepultura en octubre de 1829 al cadáver de Tomás Grigera, el famoso alcalde de las quintas y fundador del pueblo de Lomas de Zamora. El padre Nicolás Herrera así lo consigno: “El día veinte y cuatro di sepultura con misa de cuerpo presente al cadáver de don Nicolás Herrera, de setenta y cuatro años, viudo. (1)

Y el 31 de julio de 1830 ese camposanto albergó los restos mortales de Antonio Millán, el vecino fundador del pueblo. (2)

El constante crecimiento de la población de Flores y su ubicación en el corazón mismo del pueblo, movieron al gobierno para ordenar a la autoridad eclesiástica su traslado por decreto del 24 de mayo de 1830. El doctor Martín Boneo, en nota dirigida a Juan Manuel de Rosas el 17 de setiembre de 1832 señaló su cumplimiento, informando que el nuevo cementerio estaba ubicado:

“a proporcionada distancia de la población, por la parte del Sud, teniendo una extensión muy superior a la población actual de todo este partido, componiéndose de treinta y ocho varas de frente y setenta y ocho de fondo, todo cercado de pared sólida, con una sala de depósito y un osario. Se han gastado sólo tres mil pesos en esta obra –informados- la mayor parte de limosnas recaudadas del vecindario por el que escribe, lo restante de multas remitidas por el Juez de Paz y algunos ahorros de los fondos de fábrica que se han hecho con este fin. Los herederos del finado don Esteban Villanueva y don Norberto Quirno han cedido el derecho que creen tener al terreno en que ha sido construido este edificio, hasta de una extensión de media cuadra cuadrada”. (3)

Este terreno estaba ubicado entre las calles Varela, Culpina, Remedios y Tandil.

(1) Libro 2º de Defunciones de la Iglesia de Flores. Folio 104
(2) Idem. Folio 124
(3) Archivo General de la Nación, Sala X, 24-7-23

lunes, 7 de febrero de 2011

El cementerio de los disidentes

En las primeras décadas del siglo XIX Buenos Aires no era aún esa ciudad a la que años después algunos iban a llamar “la París de América del Sur”. Y todavía tenía rasgos de la gran aldea heredada de los tiempos de la Colonia. Por entonces muchos extranjeros la habían elegido como su lugar en el mundo. Y también muchos, que no profesaban la religión católica, morían aquí. Aquello fue lo que obligó a crear un cementerio para gente de otras confesiones, ya que los católicos eran sepultados en las iglesias y sus alrededores, mientras que los demás se enterraban cerca de las barrancas del río.

El primer cementerio para disidentes (como se los denominaba) estuvo en la zona de Retiro, cerca de la Iglesia del Socorro. Pero en 1833, cuando su capacidad quedó colmada, se decidió crear otro en un área más alejada. La opción fue un terreno al que conocían como “el hueco de los olivos” y que había pertenecido a la familia De la Serna. Hoy, en aquel “alejado” lugar del barrio de Balvanera, está la plaza Primero de Mayo.

Rodeado por las actuales calles Hipólito Yrigoyen, Pasco y Alsina, (el sector que da sobre la calle Pichincha está ocupado por edificios) aquel sitio se convirtió en un cementerio que administraba una comisión integrada por ingleses, alemanes y estadounidenses. Y también allí, desde 1870, se enterró a los primeros judíos que vivieron en Buenos Aires. Aquel segundo cementerio de disidentes se clausuró en septiembre de 1891, aunque hubo inhumaciones hasta principios de noviembre de ese mismo año. Los últimos traslados de restos sepultados en los que hoy es la plaza se hicieron en 1923. Pero no todos se retiraron. Algunos, porque nunca fueron reclamados; otros, porque nunca fueron encontrados.

Uno de estos últimos casos es el de Elizabeth Chitty Curling de Brown, quien fue la esposa del almirante Guillermo Brown. Nacida en 1787 en Inglaterra, la mujer había llegado a Buenos Aires en marzo de 1822, acompañada por “cuatro hijos y dos criados”. El 29 de julio de 1809, en Londres, ella se había casado con quien sería uno de nuestros héroes históricos. Y como era de origen protestante y su marido católico, habían acordado previamente que las hijas mujeres que nacieran de esa unión profesarían la religión materna y los varones, la del padre.

Elizabeth murió en 1868 y fue sepultada en ese cementerio. Luego, sus huesos nunca pudieron ser hallados. Hoy, en la plaza, una placa de bronce recuerda “a la virtuosa compañera de nuestro máximo prócer naval, cuyos restos hoy perdidos reposan en este solar”.

Por una ordenanza de abril de 1925 el predio fue bautizado como “Plaza Primero de Mayo”, en homenaje al Día Internacional de los Trabajadores. Y como tal fue inaugurado el 14 de abril de 1928. El monumento “Al Trabajo” que hoy está allí es obra del escultor Ernesto Soto Avendaño (1886-1969), ganador del primer premio de escultura en 1921. Al pie de la obra (un hombre que lleva sobre su hombro una pesada maza) un pequeño grabado menciona el lugar donde se realizó: “Fundición Trivium-Pueyrredón 372 -Bs. As.” También en el mástil que está en el centro de la plaza (obra del escultor Israel Hoffman y de los ingenieros Bernardo y Germán Joselovich) hay otra curiosidad: en un grabado de sus laterales se ve la imagen de dos hombres junto a un arado. Uno viste tradicionales ropas gauchescas; el otro, las típicas de los inmigrantes llegados de Oriente Medio.

Pero esa plaza no fue la única cuyos terrenos fueron camposanto. En Villa Urquiza, en lo que hoy es la plaza Marcos Sastre (Monroe y Miller) estuvo el Cementerio de Belgrano. Funcionó allí entre 1875 y 1898. El lugar lleva ese nombre porque allí descansaron los restos de ese naturalista y escritor. Pero esa es otra historia.

http://www.clarin.com

jueves, 21 de enero de 2010

El Tranvía Fúnebre

La Porteña, nuestra primera locomotora, estuvo afectada al servicio de “Tranvía Fúnebre” que partía de la estación Bermejo, ubicada en Corrientes y Ecuador, y transportaba las cajas de madera hasta la actual Av. Dorrego.




Medalla de LA PORTEÑA

30 de Agosto de 1857

- Leyenda del reverso 50 Aniversario -

30 de Agosto de 1907

Grabador: J. Gottuzzo y CA.

Cobre. Cobre Plateado; 60.5mm


http://www.cementeriochacarita.com.ar/historia.htm


martes, 22 de diciembre de 2009

Se agrandó Chacarita

Esquicio elaborado por el señor Jorge Alfonsín - 1992

Fuente: Cementerios Disidentes Protestantes en la Cuidad de Buenos Aires - Mayo 1996

Junta de Estudios Históricos del Barrio de Villa Ortuzar



Ubicación de distintos enterratorios que se hallaron o aún se hallan instalados en los barrio de Chacarita y La Paternal.

Esquicio elaborado resumiendo información del trabajo "Un Camposanto y Seis Cementerios" (Oct. 1995)


Referencias


1- Camposanto Jesuita (1614-1767 aprox.)

2- Cementerio Viejo (1867-1871 aprox.)

3- Chacarita, antes Del Oeste (1871 a la fecha) público.

4- Disidente, protestante, en Chacarita (1892-1914) privado.

5- Alemán (1914 a la fecha) privado.

6- Británico (1914 a la fecha)


http://www.cementeriochacarita.com.ar