miércoles, 24 de junio de 2020

La Revista Ariel (1918): El arielismo reformista en Santiago del Estero

 La Revista Ariel (1918): El arielismo reformista en Santiago del Estero

por Daniel Guzmán

Una cronología de las revistas Ariel en nuestro país, o mejor dicho del arielismo, nos lleva a que la nuestra fue una de las primeras. Según los datos de Lafleur, Provenzano, y Alonso, la primera surgió en 1914 en Buenos Aires, donde colaboro Carlos Schaefer Gallo, santiagueño radicado en la citada ciudad, y el propio “Rodó” (2006:80), con lo que nos indica que fue la publicación arielista señera en la Argentina. Natalia Bustelo ha estudiado esta revista, y los intelectuales que la impulsaron subrayando la “difusión de la cultura” (2013:10), como una idea fuerza que movilizo su acción.

Hubo una en 1926 en La Pampa, de neto “contenido social” (Prieto, 2004:485), y que nos refiere a los distintos usos que tuvo el pensamiento de Rodó, en las primeras décadas del siglo XX en la Argentina. En el resto de América para la misma época, el arielismo siguió siendo un faro de militancia para la juventud reformista, y vanguardista, en Chile en 1925 surge una Ariel, que se convierte en vocero de una generación que se une a las “redes” (Lizama, 2008:242) del continente. Y estas fueron exitosas en la tarea de difundir las distintas prácticas de la Reforma, la “Ariel” (Bergel, y Mazzola, 2010:135) de Montevideo fundada en 1919, reprodujo la acción en Lima de las Universidades Populares, y así la red arielista sea mantuvo conectada por toda América.

Nuestra Ariel

El que nos da noticia de su existencia es José F. L. Castiglione en su libro de 1941, donde la ubica como “revista semanal ilustrada” (1941:61), y que estaba dedicada a la historia, sociología, literatura, y actualidades, es decir tenía el mismo rótulo que la revista Proteo su hermana en 1918. Dos años después “Luis Ledesma Medina” (1943:12), la vuelve a citar en razón de hablar de su hermano Andrés Figueroa, y vuelve a quedar claro que sólo duró unos meses y sólo saco nueve números, siendo las fechas de inicio y final divergentes con Castiglione, y es que ambos no pudieron consultar todos los números, y eso trajo la confusión de su nacimiento y final. Después fue olvidada, y se ubico a Figueroa como un integrante más de Los Inmortales, dejando en silencio la actividad del ala reformista del citado grupo.

Entre todas las revistas reformistas que aparecieron en Santiago del Estero, hubo un medio que intento unirse a la red arielista que se había formado a nivel nacional. Salió Ariel formando un frente revistas reformistas que se constituyeron en 1918, la contra de de esta estrategia, era que no había en la provincia un número abundante de lectores, por lo que era mucha la oferta, y poca la demanda. Su primer número salió el tres de enero de 1918, y alcanzó los nueve, siendo el último en octubre del citado año. Se puede afirmar que 1918 es la edad de oro para las revistas culturales en nuestra provincia, Proteo, y Ariel, reforzaron la emergencia de espacios para el movimiento reformista, que estuvo intentando generar un sistema alternativo al conservadorismo, que era hegemónico en los centros culturales capitalinos (Colegio Nacional, y Sociedad Sarmiento).

Marcos Figueroa su director había liderado el movimiento reformista desde un primer momento, encabezando marchas, y alentando a los estudiantes del Colegio Nacional. Su decisión de sacar una revista, tenía el fin de acompañar a Proteo, en la campaña arielista que se estaba desarrollando en Santiago del Estero. Ariel como Proteo se erigieron como defensoras del liberalismo, que creían amenazado por la reacción. Aunque ser liberal para Ariel, era ser también patriota, que era ser miembro de Boy Scouts, o la Asociación Pro patria.

El programa de Ariel decía lo siguiente:

Nuestra actividad está encaminada hacia la exaltación de los intereses superiores de la vida de la juventud, a propender la difusión del conocimiento de nuestra provincia fuera de los propios límites y a ofrecer una buena ocasión al elemento intelectual con que cuenta esta sociedad para que exponga sus ideas y aporte de progreso material al acervo común (Figueroa, 1918:1).

Marcos Figueroa autor de este manifiesto, apuntaba que la publicación fuese un espacio para la juventud reformista que estaba constituyendo una serie de estrategias para la difusión de sus ideas. Esta publicación reunió a la facción más nacionalista de la tendencia reformista local, y por ello fue hecha en la imprenta Grandi Hermanos, que publicaba a autores cercanos a esa línea de pensamiento.

Por el cuidado y selección de los textos, el medio que estudiamos se destacó de los análogos que circularon en Santiago del Estero, y esto porque su director tomo el modelo de las revistas ilustradas metropolitanas que eran masivas y llegaban a la provincia. Desde esta perspectiva se entiende, que se busco no sólo al lector universitario, sino también al femenino, que era el sector más lector de este tipo de bienes culturales.

Ariel fue acompañado por intelectuales que provenían del grupo los Inmortales, como Horacio Maldonado, Arturo Helman, Alejandro Gancedo (h), y Mílciades Rodríguez, y otros ajenos a este grupo, pero que militaban en la Reforma Universitaria, como Alfredo Gargaro, Bernardo Canal Feijóo, y Andrés Figueroa.

Este último publico la “Expedición contra los indios” (Figueroa, 1918:5), donde expone una visión negativa de las campañas de Ibarra contra las poblaciones nativas de la frontera del Salado. Este indigenismo de Figueroa, quebraba la perspectiva hispanista de los historiadores locales, que tenía relación con el americanismo que la Reforma impulso en las provincias.

Ariel fue comentada en medios locales como Proteo, El Liberal, y El Fígaro, la primera revista reformista, y los diarios citados que apoyaron desde el primer momento al reformismo en la provincia. A nivel nacional comentada por el Hogar, un espacio donde compartió referencias con los Cuadernos Novecentistas, la obra de Saul Taborda en Córdoba, Ideas del Ateneo Universitario, y autores que colaboraron en las revistas reformistas de Santiago del Estero. Esta referencia le dio un prestigio que la ubico en el centro de la ofensiva liberal en la citada provincia.

Sí esta revista era leía en Buenos Aires, era gracias a la red de corresponsales, y los intercambios de ejemplares que hubo entre las publicaciones de todo el país. La revista reunió noticias, e ideas de los grupos novecentistas, y del Ateneo Universitario, que era lo que más leían los reformistas, que junto a Rodó, conformaron el armazón ideológico de la reforma en Santiago del Estero.

Ariel funciono con suscripciones, y sólo tuvo 120 abonados, frente a los mil ejemplares que era su tirada. De parte de su director hubo una desmedida lectura del exiguo mercado editorial local. Por lo que su rápida desaparición tuvo que ver con problemas económicos, que llevo a la imprenta a detener su salida a la calle.

El director en sus cartas al editor habla de ventas de ejemplares en “cantidad apreciable” (Carta de M. Figueroa, 20/10/1918), esto porque la red de venta cubría a distintas localidades del interior, si la lista de suscriptores, nos indica que en Capital, y Banda, estaba el grueso de los mismos.

Pero a la vez Grandi nos refiere que para que sobreviva semejante empresa, hacía falta 360 “abonados” (Carta de Grandi, 20/10/18) por lo menos. Este debate sacaba a la luz, que las deudas que fue acumulándose, terminó erosionando la existencia de Ariel.

Notas Finales

Esta revista muestra el alcance de la red arielista en nuestra provincia, y como configuro a una parte importante del movimiento reformista en el norte argentino, llevando adelante varios proyectos de una facción de jóvenes universitarios que lograron establecer un discurso renovador que daría resultados inesperados en la educación y en la cultural santiagueña. Marcos Figueroa su director ligado a la Nueva Generación, al cerrarse este proyecto editorial, se centro en apoyar a los centros de estudiantes reformistas en la Capital, y comenzar a pensar la identidad provinciana.

 

Héctor Daniel Guzmán. Licenciado en Historia. Magister en Estudios Sociales para América Latina. Profesor e investigador en Proyectos Universitarios de la UNSE y de la UNC. Autor de varios libros. Presidente de la Biblioteca Popular Sarmiento.

Bibliografía

Bergel, Martín, y Mazzola, Ricardo (2010), América Latina como práctica. Modos de socia- bilidad intelectual de los reformistas universi- tarios 1918-1930, en Altamirano, Carlos (Dir.), Historia de los intelectuales en América Latina, Avatares de la ciudad letrada en el siglo XX, Katz, Buenos Aires, pp.119-145.

Bustelo,Natalia (2013), La juventud universitaria de Buenos Aires y su vínculo con las izquierdas en los inicios de la Reforma Universitaria 1914-1922, en http://www.izquierdas.cl, No16, Santiago del Chile, pp. 1-30.

Castiglione, José (1941), El periodismo en Santiago del Estero, Yussem, Santiago del Estero.

Lafleur, Héctor, Provenzano, Sergio, y Alonso, Fernando (2006), Las revistas literarias argentinas, El octavo Loco ediciones, Buenos Aires.

Ledesma Medina, Luis (1943), Adición a la Bibliografía de Andrés Figueroa, Peuser, Buenos Aires.

Lizama, Patricio (2008), La revista Ariel : manifiesto y voces de la vanguardia, en Revista de literatura chilena No72, Santiago de Chile, pp. 235-254.

Prieto, Osvaldo (2004), Arielismo y socialis- mo en el interior pampeano, en Biagini, Hugo, Roig, Arturo (Dir.) El pensamniento alternativo en la Argentina del siglo XX Tomo 1, Identidad, utopía, integración 1900-1930, Biblos, Buenos Aires, pp.483-494.

Fuentes

Figueroa, Marcos (1918), Programa, en Ariel No1, Santiago del Estero, 1.

Figueroa, Andrés (1918), Expedición contra los indios, en Ariel No5, Santiago del Estero, p.5.

Epistolario

Carta de Marcos Figueroa a Constanzo Grandi, Santiago del Estero, 20/10/18.

Carta de Constanzo Grandi a Marcos Figueroa, Santiago del Estero, 20/10/18.

 

https://revistaparletre.wordpress.com/2017/04/06/la-revista-ariel-1918-el-arielismo-reformista-en-santiago-del-estero/

 

 


martes, 10 de marzo de 2020

La Ar­gen­ti­na a co­mien­zos del si­glo XX - Parte 4

Huel­ga de In­qui­li­nos. Plie­go de con­di­cio­nes del Co­mi­té del Nor­te. Co­mi­té Pro Re­ba­ja de Al­qui­le­res. Oc­tu­bre de 1907

1. Abo­li­ción del in­ter­me­dia­rio con­tra­tis­ta.
2. Re­ba­jar el 30 % de los al­qui­le­res vi­gen­tes.
3. No po­drá exi­gir­se co­mo ga­ran­tía de la pie­za a ocu­par, más que un mes ade­lan­ta­do.
4. No po­drá el pro­pie­ta­rio, en ca­so que se de­so­cu­pa­ra una pie­za, al­te­rar el pre­cio del al­qui­ler con la co­rres­pon­dien­te re­ba­ja al nue­vo in­qui­li­no que la ocu­pa­ra.
5. No po­drá im­pe­dir que ocu­pe las ha­bi­ta­cio­nes que de­sea­ran a to­das aque­llas fa­mi­lias que ten­gan hi­jos, por ser es­ta me­di­da aten­ta­to­ria a las ne­ce­si­da­des del ho­gar pro­le­ta­rio.
6. No po­drá ser de­man­da­do y, por en­de, de­sa­lo­ja­do nin­gún in­qui­li­no fue­ra que me­dia­ra la fal­ta de pa­go.
7. De acuer­do con el pre­sen­te plie­go de con­di­cio­nes, los in­qui­li­nos más aba­jo fir­ma­dos de­cla­ra­mos que es­ta­mos dis­pues­tos a ha­cer efec­ti­va nues­tra pro­tes­ta en la for­ma que el co­mi­té ha acor­da­do, has­ta tan­to el pro­pie­ta­rio no co­mu­ni­que su con­for­mi­dad a la di­rec­ción de es­te Co­mi­té.

Es­ti­man­do una ne­ce­si­dad es­te plie­go con las pre­sen­tes re­for­mas, pa­ra tra­tar al res­pec­to, in­vi­ta­mos a to­dos los co­mi­tés lo­ca­li­za­dos en es­ta ciu­dad, a fin de cam­biar ideas, en­víen un de­le­ga­do es­ta no­che pa­ra mar­car un ver­da­de­ro de­rro­te­ro a la lu­cha em­pe­ña­da en­tre los pro­pie­ta­rios de ca­sas y los in­qui­li­nos, a la ca­lle Pa­ra­ná 774.
El se­cre­ta­rio

Fuen­te: La Pro­tes­ta, Bue­nos Ai­res, 4 de oc­tu­bre de 1907, p. 1.

Es la Cor­po­ra­ción de pro­pie­ta­rios y arren­da­ta­rios —por su par­te— la que reu­ni­da ba­jo la pre­si­den­cia de Ra­fael Ma­llo, ex­pre­sa sus pun­tos de vis­ta y pro­cu­ra con­tra­rres­tar los efec­tos de la huel­ga. A prin­ci­pios de di­ciem­bre, la aso­cia­ción res­pon­de a los huel­guis­tas con sus con­di­cio­nes. En­tre las me­di­das pro­pues­tas fi­gu­ran: cons­ti­tuir co­mi­sio­nes pa­ra pe­ti­cio­nar an­te las au­to­ri­da­des de la Ca­pi­tal; ini­ciar o pro­se­guir con la eje­cu­ción de los de­sa­lo­jos ya pe­di­dos so­li­ci­tan­do el au­xi­lio de la fuer­za pú­bli­ca; pu­bli­car fo­lle­tos so­bre la cues­tión e ins­cri­bir­se en el pa­drón mu­ni­ci­pal. Se bus­ca la con­ci­lia­ción an­te la an­gus­tio­sa si­tua­ción en que vi­ven los sec­to­res tra­ba­ja­do­res, cu­yos suel­dos re­co­no­cen co­mo in­su­fi­cien­tes pa­ra afron­tar los gas­tos de vi­vien­da y pa­ra su­fra­gar las ne­ce­si­da­des ele­men­ta­les. La pro­pues­ta se ba­sa en­ton­ces en un re­cla­mo a las au­to­ri­da­des pa­ra que se su­pri­man los im­pues­tos a las ca­sas de in­qui­li­na­to, ar­gu­men­tan­do que po­día ex­ten­der­se el be­ne­fi­cio de que go­zan por en­ton­ces “las ca­sas eco­nó­mi­cas”, cu­ya cons­truc­ción se pro­yec­ta. Al mis­mo tiem­po, los pro­pie­ta­rios no aban­do­nan su pro­pues­ta de re­for­zar las ga­ran­tías que se de­ben exi­gir a los in­qui­li­nos.18

Ma­ni­fies­to de la Aso­cia­ción de Pro­pie­ta­rios fren­te a la huel­ga de in­qui­li­nos (1907). Con­di­cio­nes de al­qui­ler
1. Exi­gir dos me­ses en de­pó­si­to o en su de­fec­to una fian­za per­so­nal a su sa­tis­fac­ción.
2. Al ha­cer el re­ci­bo co­mo de­pó­si­to ten­drá que pre­sen­tar los tres an­te­rio­res al úl­ti­mo, pa­ra con­tro­lar si son au­tén­ti­cos don­de fue in­qui­li­no has­ta la fe­cha que de­sea mu­dar­se. No sien­do así no de­be al­qui­lár­se­le.
3. Al es­tar de con­for­mi­dad en al­qui­lár­se­le de­be ha­cer las ave­ri­gua­cio­nes que cre­ye­se con­ve­nien­te se­gún cons­ta el do­mi­ci­lio en los re­ci­bos que pre­sen­ta­ron pa­ra más sa­tis­fac­ción del lo­ca­dor.
4. Al mis­mo tiem­po ro­ga­mos a Vd. to­da vez que se mu­da de su ca­sa un mal in­qui­li­no da­rá avi­so a es­ta se­cre­ta­ría pa­ra ano­tar­le en los re­gis­tros y po­ner­lo en co­no­ci­mien­to de los so­cios.
La Co­mi­sión, Bue­nos Ai­res, 1º de di­ciem­bre de 1907
Fuen­te: El Tiem­po, Bue­nos Ai­res, 4 de di­ciem­bre de 1907, p. 1.

Las au­to­ri­da­des, sin con­tem­pla­cio­nes, re­suel­ven de­sa­lo­jar a to­do aquél que se nie­gue a pa­gar el al­qui­ler y de po­co sir­ve la in­ter­me­dia­ción del In­ten­den­te pa­ra alo­jar a los ex­pul­sa­dos en el Ho­tel de In­mi­gran­tes, ya que el Mi­nis­tro del In­te­rior no es­tá dis­pues­to a se­cun­dar la me­di­da.
En to­do el mes de oc­tu­bre la huel­ga se tor­na más fir­me y se quie­bra la re­sis­ten­cia pa­cí­fi­ca de los in­qui­li­nos, en mo­men­tos en que los anar­quis­tas y las fuer­zas po­li­cia­les pro­ta­go­ni­zan los ya men­cio­na­dos en­fren­ta­mien­tos de inu­sual vio­len­cia.

Huel­ga de in­qui­li­nos. Or­den de de­sa­lo­jo
Se­ño­res su­bin­qui­li­nos de las ca­sas de ca­lle Cu­yo nú­me­ros 1417 a 1423 y 1431 a 1433:
Ha­go sa­ber a Vds. que en el jui­cio se­gui­do por Don Jo­sé Agus­tín No­va­ro, Ni­la Ba­li­ño de Gra­ci y sus hi­jos me­no­res con­tra Don An­to­nio Mau­ro so­bre de­sa­lo­jo, el se­ñor Juez de la Ins­tan­cia en lo Ci­vil, Dr. Emi­lio Gi­mé­nez Za­pio­la, ha pro­veí­do lo si­guien­te.

Bue­nos Ai­res, Oc­tu­bre 15 de 1907.

Au­tos y vis­tos: Aten­to al re­co­no­ci­mien­to de la de­man­da que ins­tru­ye el jui­cio ver­bal pre­ce­den­te y de acuer­do con lo dis­pues­to en el art. 589 del Có­di­go de Pro­ce­di­mien­to, con­cé­de­se al de­man­da­do el tér­mi­no de diez días pa­ra efec­tuar el de­sa­lo­jo, de­bien­do no­ti­fi­car­se es­te tér­mi­no a los sub-in­qui­li­nos de la pro­pie­dad lo­ca­da. No­ti­fi­que al em­plea­do Cam­pos.- E. Gi­mé­nez Za­pio­la. An­te mí: M. J. Are­cha­va­la.
Lo que no­ti­fi­ca a us­ted a sus efec­tos.
M. J. Are­cha­va­la. Bue­nos Ai­res, oc­tu­bre 16/1907.
Fuen­te: La Pro­tes­ta, Bue­nos Ai­res,
20 de oc­tu­bre de 1907, p. 2.

Re­cién en las úl­ti­mas se­ma­nas de no­viem­bre el mo­vi­mien­to pier­de vi­ru­len­cia. En al­gu­nos con­ven­ti­llos se acep­tan las de­man­das de los in­qui­li­nos, mien­tras otros ad­mi­ten la de­rro­ta al no ser acep­ta­das sus exi­gen­cias. A me­dia­dos de di­ciem­bre de 1907 el mo­vi­mien­to se da por fi­na­li­za­do, cuan­do mu­chos ve­ci­nos no quie­ren ver­se en­vuel­tos en el vio­len­to ac­cio­nar anar­quis­ta.

De to­dos mo­dos, la vic­to­ria de los huel­guis­tas es mo­men­tá­nea, ya que pron­to los al­qui­le­res au­men­tan y cuan­do en 1908 se pro­mue­ve un nue­vo mo­vi­mien­to huel­guís­ti­co en­tre los in­qui­li­nos, la fuer­za del mis­mo no se equi­pa­ra a la de 1907 y la pro­pues­ta fra­ca­sa. Re­cién 15 años des­pués se pro­du­ci­rá una huel­ga de in­qui­li­nos equi­va­len­te a la de 1907.

A mo­do de re­fle­xión fi­nal
La huel­ga de in­qui­li­nos de 1907 es —sin du­da— uno de los mo­vi­mien­tos so­cia­les más im­por­tan­tes de los al­bo­res del si­glo XX, ya que en ella par­ti­ci­paron unos 2.000 con­ven­ti­llos de la ciu­dad de Bue­nos Ai­res; a los que se su­man unos 300 de Ro­sa­rio y un nú­me­ro no de­ter­mi­na­do en Ba­hía Blan­ca y otros ciu­da­des bo­nae­ren­ses.
Con­for­me a las es­ta­dís­ti­cas del De­par­ta­men­to Na­cio­nal de Tra­ba­jo es po­si­ble sa­ber que del mo­vi­mien­to, lle­gan a par­ti­ci­par unas 140.000 per­so­nas en to­do el país y en Bue­nos Ai­res unas 120.000 per­so­nas, es de­cir, al­re­de­dor de un 10% de la po­bla­ción de la ciu­dad.
La huel­ga se con­vier­te en un mo­vi­mien­to de ri­be­tes po­pu­la­res que al­can­za re­per­cu­sión en los ám­bi­tos po­lí­ti­cos y en to­dos los sec­to­res so­cia­les.
Las mu­je­res, por el im­por­tan­te pa­pel que jue­gan en la or­ga­ni­za­ción fa­mi­liar, tie­nen una inu­sual par­ti­ci­pa­ción. La so­li­da­ri­dad en­tre los in­qui­li­nos es no­ta­ble y se tra­du­ce en el he­cho de que ca­si el 80 % de los con­ven­ti­llos de la ciu­dad se su­man al mo­vi­mien­to.19
Con res­pec­to a la ac­ción des­ple­ga­da por las au­to­ri­da­des —tan­to na­cio­na­les co­mo mu­ni­ci­pa­les— es in­te­re­san­te des­ta­car su ac­ti­tud dual. Por un la­do re­co­no­cen la le­gi­ti­mi­dad de los re­cla­mos, pe­ro por otra, apli­can la ley con to­do ri­gor pa­ra man­te­ner el or­den y de­fen­der los de­re­chos de los pro­pie­ta­rios y arren­da­ta­rios de las ca­sas de in­qui­li­na­to.
Con ex­cep­ción de una or­de­nan­za que re­gla­men­ta la cons­truc­ción de ca­sas en la ciudad de Bue­nos Ai­res, sus au­to­ri­da­des po­co ha­cen por fa­vo­re­cer a los in­qui­li­nos, una vez que se dio por ter­mi­na­da la huel­ga de los mismos.
El pro­ble­ma ha­bi­ta­cio­nal se­gui­rá sien­do por mu­chos años una cues­tión a re­sol­ver, que seguiría afec­tando a am­plios sec­to­res de la po­bla­ción, especialmente los de menos recursos.

Notas
1 REC­CHI­NI de LAT­TES, Zul­ma y LAT­TES, Al­fre­do, La po­bla­ción de Ar­gen­ti­na, Bue­nos Ai­res, CI­CRED Se­ries, 1974, p. 131.
2 TORN­QUIST, Er­nes­to, El de­sa­rro­llo eco­nó­mi­co de la Re­pú­bli­ca Ar­gen­ti­na en los úl­ti­mos cin­cuen­ta años, Bue­nos Ai­res, 1920, p. 9.
3 SCO­BIE, Ja­mes R., Bue­nos Ai­res, del cen­tro a los ba­rrios. 1870-1910, Bue­nos Ai­res, So­lar­/Ha­chet­te, 1977, p. 204.
4 Cen­so Ge­ne­ral de la Ciu­dad de Bue­nos Ai­res, 16 y 24 de oc­tu­bre de 1909, Bue­nos Ai­res, 1910, t. I, pp. V y ss. PA­NET­TIE­RI, Jo­sé, Los tra­ba­ja­do­res en tiem­pos de la in­mi­gra­ción ma­si­va en Ar­gen­ti­na 1870.1910, La Pla­ta , Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de La Pla­ta, 1965, p. 44.
5 SCO­BIE, Ja­mes R., Bue­nos Ai­res, del cen­tro …, op. cit., p. 199.
6 DE­PAR­TA­MEN­TO NA­CIO­NAL DE TRA­BA­JO, Bo­le­tín 5, 1908, p. 231.
7 El Tiem­po, Bue­nos Ai­res, 21 de ene­ro de 1903, p. 2.
8 SIL­VA, Do­min­go, “La ha­bi­ta­ción hi­gié­ni­ca pa­ra el obre­ro”, en Re­vis­ta Mu­ni­ci­pal 46, 5 de di­ciem­bre de 1904, pp. 1-3.
9 SPAL­DING, Ho­bart, La cla­se tra­ba­ja­do­ra ar­gen­ti­na. (Do­cu­men­tos pa­ra su his­to­ria 1890 /1912), Bue­nos Ai­res, Edi­to­rial Ga­ler­na, 1970, pp. 449-450.
10 SCO­BIE, Ja­mes R., Bue­nos Ai­res, del cen­tro…, op. cit., pp. 200-201.
11 SPAL­DING, Ho­bart, La cla­se tra­ba­ja­do­ra …, op­.cit., pp. 450-451.
12 La Voz de la Igle­sia, Bue­nos Ai­res, 3 de ju­nio de 1893, p. 1 y 21 de ju­nio de 1893, p. 1.
13 La Voz de la Igle­sia, Bue­nos Ai­res, 5 de no­viem­bre de 1894, p. 1.
14 La Pro­tes­ta, Bue­nos Ai­res, 5 de agos­to de 1906, p. 1; 9 de no­viem­bre de 1906, p. 2; 19 de no­viem­bre de 1906, p. 2.
15 Ca­ras y Ca­re­tas 468, Bue­nos Ai­res, 21 de se­tiem­bre de 1907, p. sin nu­me­rar. SCO­BIE, Ja­mes R., Bue­nos Ai­res, del cen­tro… op. cit., p. 201.
16 La Na­ción, Bue­nos Ai­res, 19 de se­tiem­bre de 1907, p. 8.
17 La Pren­sa, Bue­nos Ai­res, 23 de oc­tu­bre de 1907, p. 5; 24 de oc­tu­bre de 1907, p. 9 y 28 de oc­tu­bre de 1907, p. 7. Ca­ras y Ca­re­tas 474, Bue­nos Ai­res, 2 de no­viem­bre de 1907, p. sin nu­me­rar.
18 La Na­ción, Bue­nos Ai­res, 4 de oc­tu­bre de 1907, p. 7.
19 SPAL­DING, Ho­bart, La cla­se tra­ba­ja­do­ra… op.cit., pp. 453-454.

Información adicional

HISTORIAS DE LA CIUDAD. Una revista de Buenos Aires
Declarada de “Interés de la Ciudad de Buenos Aires” por la Legislatura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Año I – N° 5 – 2da. reimpr. – Mayo de 2009
I.S.S.N.: 1514-8793
Registro de la Propiedad Intelectual N° 100.991

Categorías: TEMA SOCIAL, Conventillos, Vivienda, Costumbres, Inmigración, Popular
Palabras claves: piezas, inquilinos, desalojos, huelga

Año de referencia del artículo: 1910

Historias de la Ciudad. Año 1 Nro5

https://buenosaireshistoria.org/juntas/la-huelga-de-inquilinos-de-1907/