martes, 5 de mayo de 2009

El día en que Salk se inoculó su vacuna y venció la poliomielitis


El 13 de marzo de 1953 Jonas Salk decidió inocularse la primera vacuna antipolio que acababa de inventar. Fue todo un éxito y dos años después su creación se distribuyó en todo el mundo.

Hace medio siglo, un joven médico estadounidense llamado Jonas Salk decidió inocularse la primera vacuna antipolio que acababa de inventar, porque, explicó, "no se debería querer para los demás lo que no se quiere para uno mismo".
En esos momentos, sólo en Estados Unidos se registraban ya 60 mil casos y el símbolo en aquella batalla era el mismísimo presidente Franklin Delano Roosevelt: vencedor del nazismo, había sucumbido ante la polio y se hallaba en silla de ruedas. Salk eligió el 13 de marzo de 1953, fecha del cumpleaños de Roosevelt, para probar sobre sí mismo la vacuna inyectable. Fue exitosa y dos años después su invento comenzó a distribuirse en todo el mundo.Por eso, a partir de ese día, el joven médico fue perfilándose como héroe nacional y acabó consagrándose definitivamente a nivel mundial cuando su descubrimiento logró parar la epidemia, instalada también en Asia, Europa y América Latina, con centenares de miles de víctimas. Sus investigaciones habían comenzado en 1947, con la ayuda de la Fundación Nacional para la Parálisis Infantil y aquel 13 de marzo, cuando se inoculó, culminó la legitimación de un gran sueño.

Un sueño al que además contribuyeron su mujer, Donna Lindsay, y sus tres hijos, de 5, 8 y 11 años, al servir también de conejitos de Indias. "Necesitaba el coraje suficiente como para defender mis convicciones", comentó sobre aquella prueba pionera, cuando dos años después inició la primera vacunación masiva para dos millones de personas. Salk donó el descubrimiento y el método para producir la vacuna a los Estados Unidos. "No hay patente. ¿Acaso alguien podría patentar el Sol?", le dijo a los periodistas.Una famosa cadena de tiendas de los Estados Unidos llegó a ofrecerle por entonces una fortuna, que él rechazó, para que le permitiera vender pijamas para niños con la inscripción "Tank you, Dr.Salk". Con su vacuna, los pulmotores empezaron a ser relegados, como símbolo de una pesadilla que atacaba las piernitas y brazos de cientos de miles de chicos en el mundo, cuando no todo su cuerpo.

En la Argentina, por ejemplo, la epidemia de polio que se desató en 1956 -cuando la vacuna Salk aun no había llegado- atacó a unos cuatro mil chicos, de los cuales murieron tres mil. Como se desconocía el origen de la enfermedad y el modo de transmisión, la población argentina se limitaba a modo de prevención, a pintar con cal los árboles y cordones de las calles de cada pueblo y ciudad o a colgar del cuello de los escolares una bolsita con alcanfor, con la creencia de que esta sustancia evitaba el contagio."La naturaleza está regida por una suerte de magia que, a su vez, es guiada por una lógica que no comprendemos", dijo Salk de aquellos momentos.(Télam)

"Experiencia inolvidable"


Salk explicó que "cuando se vacuna a una persona, su organismo jamás olvida esta experiencia". "Años más tarde, no importa cuántos, al aparecer el verdadero enemigo, el organismo tiene la capacidad de reaccionar diciendo `yo a usted lo conozco'. Bueno, mi gran obsesión a esta altura de la vida es entender los secretos de ese mecanismo", detalló. Pese a aquel gigantesco paso en bien de la humanidad, muchos de sus colegas no encontraron méritos suficientes para destacar a Salk.

Por el contrario, aquellos científicos, muy acartonados todavía, llegaron a considerar que el vencedor de la polio había recibido más elogios de los que merecía. Nunca le dieron el Premio Nobel. Ni lo incorporaron a la Academia Nacional de Ciencias de su país. Muchos de sus colegas, por el contrario, no le perdonaban salir en las tapas de las revistas Life o Time, en su laboratorio, rodeado de alambiques.

En forma paralela, Salk mantuvo una enconada rivalidad con su colega Albert Sabin, cuya vacuna oral antipoliomielítica fue aceptada masivamente a partir de 1960, porque resultaba más económica y de más fácil aplicación que la de Salk. Murió en 1993 cuando investigaba seguro de que "se va a encontrar una respuesta para el sida". Tenía 86 años.

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“No quiero que mi contribución al bienestar de la humanidad sea pagado con dinero”.


Albert Sabin, un microbiólogo polaco de origen judío que emigró hacia EEUU por el hostigamiento nazi, revolucionó a finales de la década de 1950 la medicina al descubrir la vacuna contra un mal que cobraba la vida de millones de personas: la poliomielitis.

El descubrimiento de la vacuna oral para combatir la polio ha permitido erradicar del planeta prácticamente ese mal, considerado desde la antigüedad como una lacra de la humanidad.
El 26 de agosto 2006, se cumplieron cien años del nacimiento del científico estadounidense de origen polaco.
Desde su descubrimiento, la incidencia de esta enfermedad en el mundo se ha reducido en más del 99 por ciento y se ha erradicado de occidente.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirmó que en 2005 la poliomielitis afectó a 1.951 personas en todo el mundo.

Los países más afectados fueron Nigeria, con 802 nuevos casos; Yemen, con 478; Indonesia, con 303 y Bangladesh con 185.

La OMS lanzó en 1988 una campaña mundial de erradicación de la polio que pretendía acabar con la enfermedad para el año 2000.

Desde entonces, el número de países afectados ha pasado de más de 125, en aquel momento, a 16, en 2005.
La poliomielitis es una enfermedad viral, que se contagia entre las personas a través de sustancias contaminadas con excrementos humanos, que históricamente ha causado estragos en la población mundial.

El virus de la polio ataca el sistema nervioso y puede causar parálisis temporal o permanente e incluso la muerte, y especialmente se ceba en niños, mujeres embarazadas y ancianos.
La importante reducción en las tasas de polio de las últimas décadas ha sido consecuencia directa de la vacuna oral descubierta a finales de la década de 1950 por el microbiólogo Sabin, que se comenzó a impartir a los niños diluida en un terrón de azúcar.

Nacido en Byalistok (Polonia) el 26 de agosto de 1906 y de origen judío, se vio obligado a huir de su país por el antisemitismo en 1921, año en que emigró con su familia a Estados Unidos.
Nueve años después obtuvo la nacionalidad estadounidense y en 1931 se licenció en Medicina por la Universidad de Nueva York. Fue en sus años universitarios cuando comenzó a investigar sobre la polio.
Entre 1935 y 1937 trabajó como profesor asociado en el Instituto Rockefeller y a partir de 1939 se convirtió en profesor pediátrico en la Universidad de Cincinnati. Sus investigaciones tomaron como punto de partida el trabajo desarrollado por el científico Jonas Edward Salk, quien, tras cultivar en su laboratorio los tres tipos de virus de polio conocidos, desarrolló una vacuna inyectable y a base de virus muertos, que se convirtió en la primera vacuna antipoliomielítica.

Sabin echó abajo la teoría que sostenía que el virus infecta el cuerpo humano por medio de las fosas nasales al demostrar que éste lo hace a través del sistema gastrointestinal para después extenderse por la sangre.
Por este motivo desarrolló una vacuna oral con virus vivos debilitados que resultó ser más eficaz que la vacuna inyectable de virus muertos de Salk, pues permitía la inmunidad durante un período de tiempo más largo.

La vacuna oral de Sabin fue probada con éxito por la OMS desde 1957 en niños de Rusia, Holanda, Chile y Japón.
En 1963 sustituyó a la vacuna de Salk, que había comenzado a emplearse en 1955, si bien su difusión en el mercado estadounidense no llegó hasta 1961.

El científico, nombrado profesor emérito de la Universidad de Cincinnati en 1971, renunció a sus derechos de patente con el fin de facilitar la difusión mundial de su descubrimiento lo antes posible.
Fallecido en 1993, nunca recibió el Premio Nobel de Medicina, que en 1954 fue otorgado por estudios vinculados a la poliomielitis a John Enders, Thomas Weller y Frederick Robbins.

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lunes, 4 de mayo de 2009

Renuncia de Urquiza como Director Provisorio


Renuncia de Urquiza como Director Provisorio ante el Congreso Constituyente de santa Fe, con motivo de los sucesos de Buenos Aires a raíz el sitio impuesto por el Coronel Hilario Lagos. (1853)

He practicado cuanto es posible hacer para adelantar y afianzar la organización del país; he tenido que conquistar cada paso de los que a este objeto conducían a fuerza de pesares y disgustos que no es dado a un hombre sobrellevar por mucho tiempo: y cuando el congreso había dotado al país de una constitución, que nos es trazada para la talla de un tirano, que contiene todas las garantías del derecho público y privado que hasta el día ha conquistado la humanidad, que en la estructura de los poderes contrapesados, se abre un campo legal para que todas las opiniones, todos los partidos, todas las ambiciones pudieran ejercer su acción legítima. Cuando esta constitución aparecía con la aurora de libertad, de felicidad y de orden sobre los pueblos Argentinos, la guerra civil se presenta de nuevo amenazadora, para impedir, como otras veces, que estos desgraciados pueblos entren en el goce de un bien que tan ardientemente desean y necesita.

En este estado, he meditado si algún sacrificio me queda que ofrecer a mi país, y creo que aún puedo hacer uno, que, siendo el más leve para mi corazón, no debo privarme de la modesta gloria que puede darme. Mi nombre está unido a la Constitución de la Confederación Argentina y pasará ligado con ella a la posteridad. Me confío a su juicio y me libro sin temor a su fallo. Pero la Constitución no es un hecho histórico que ha pasado ya. Los pueblos la han jurado con deliberación y es probable que se adhieran a ella con perseverancia.

En tal caso, si fuese necesario para que la Constitución sea la ley general del país, que mi persona contra la cual tanta saña se ha desplegado por un partido o por algunos hombres, deje de estar al frente de la organización nacional, renuncio desde ahora con sinceridad ante el Soberano Congreso, el puesto de director provisorio, que me confiaron los pueblos durante el período constituyente. ...

Como Jefe de la Confederación, he tratado de cortar y evitar la guerra civil por todos los medios. Como hombre público o privado, la constitución, la ley y el orden pueden contar con un defensor cierto en el general Urquiza, cualquiera que sea el gobierno que se coloque a la cabeza de la Confederación.
Justo José de Urquiza

http://www.oni.escuelas.edu.ar

09 de marzo de 1956


Durante el transcurso del verano del año 1956 el país se vio conmocionado por la expansión y la virulencia de la Poliomielitis, enfermedad infecciosa altamente contagiosa también conocida como Parálisis Infantil. La misma se extendía a lo largo de todo el país a excepción de algunas provincias como Santa Cruz y el por entonces Territorio Nacional de Tierra del Fuego, afectando alrededor de 6.000 niños con severo compromiso motriz y respiratorio. Los titulares de los periódicos reflejaban, de modo dramático, la urgencia de combatir la polio y asistir a los afectados. El recuerdo que queda de aquella época aún perdura en la memoria de quienes vieron casi con impotencia el horror del avance de la enfermedad.

Al momento en que esta circular era emitida el país vivía el pico del brote epidémico, por tal motivo resultaba imprescindible recaudar fondos a través de todos los medios posibles para sostener la lucha preventiva contra la enfermedad y principalmente establecer una asistencia adecuada a aquellos que fueron afectados.
La polio había tenido un brote bastante importante en nuestro país en el año 1943, pero nunca había alcanzado el nivel de mortalidad y afección discapacitante alcanzado en el ‘56.

Lo más espantoso de la enfermedad fue que afectó principalmente a la población comprendida ente 1 y 15 años. Una de sus características era que en los niños más pequeños cursaba con menos consecuencias, como es en el caso de los bebés, donde prácticamente no registraba síntomas a la vez que los inmunizaba contra la misma. No obstante las graves secuelas se presentaron en los niños de edad más avanzada. La sintomatología se desarrollaba de modo inespecífico (fiebre, diarreas, disneas), siendo su afección principal la parálisis y su consecuente discapacidad.

Afectó a todas las capas sociales pero principalmente a las clases media y alta. Al intentar investigar las causas sobre esta forma particular de distribución de la enfermedad, se llegó a la conclusión que las clases bajas efectivamente se contagiaban de poliomielitis pero a edades muy prematuras, dándose consecuentemente su inmunización. Las clases media y alta por el contrario no tenía en general situaciones de contacto con la enfermedad sino hasta edades avanzadas por lo cual su efecto fue mucho más virulento.

Las medidas establecidas en el país para la lucha contra la polio se centraron principalmente en atacar los focos de infección. En tal sentido se desarrollaron febriles tareas de higiene urbana y saneamiento, tareas que implicaban la erradicación de terrenos baldíos, blanqueo de los frentes y troncos de los árboles. Por su parte la población adoptó métodos “caseros” para evitar el contagio, de modo que era común ver a los niños con bolsitas de alcanfor en sus ropas.

Para combatirla también se contó con ayuda internacional, especialmente por parte de especialistas estadounidenses y europeos. La necesidad de contar con elementos terapéuticos y de rehabilitación implicó el desarrollo de áreas específicas para dicha tarea como el Servicio Nacional de Rehabilitación. En tal sentido el avance de la epidemia implicó una reestructuración de los sistemas de salud.

En la Circular Interna N° 544 se solicita la contribución del personal para adquirir un pulmotor, elemento vital para sostener la vida de aquellos que habían sufrido de afección respiratoria.
En una primera etapa se contó con el envío de pulmotores desde el exterior ante la demanda surgida por el aumento de casos graves, posteriormente se fabricaron en el país.


La invención de los pulmotores en el año 1928 por Philip Drinker y Louis Shaw fue una medida esencial para mantener con vida a aquellos que se vieron severamente afectados en su sistema respiratorio, pero la solución del mal no apareció hasta la casi milagrosa intervención de dos brillantes científicos que desarrollarían las vacunas que lograrían controlar la poliomielitis. Nos referimos a los doctores
Jonas Salk y Albert B. Sabin. A partir de sus descubrimientos y los planes de vacunación que se iniciaron con posterioridad, la enfermedad fue cediendo lentamente. El objetivo final fue su erradicación a nivel mundial, objetivo en el que se ha avanzado pero no concluido.
En Argentina la poliomielitis siguió registrando casos, como el brote ocurrido en el ’61, localizándose posteriormente algunos casos en la década del ’70 y principios del ’80. En mayo de 1984 se registró el último caso de poliomielitis por lo cual a partir de ese año se consideró erradicada del territorio nacional.

Otros países hoy no corren la misma suerte; para el año 2004 se registra con mucha preocupación el avance epidémico de este mal en el Continente Africano, especialmente en países como Sudán, Nigeria, Camerún, Ghana y Costa de Marfil entre otros.

El desafío de la erradicación mundial de la poliomielitis no es ya un problema técnico, pues las dosis pueden ser distribuidas con cierta eficiencia. El verdadero obstáculo y principal enemigo en la lucha contra la polio es la guerra, la que bloquea las intervenciones humanitarias y las campañas de vacunación.


http://www.bcra.gov.ar/



sábado, 2 de mayo de 2009

Leyendas de Tierra del Fuego


LOS ONAS Y LA LUNA
(Mito Selk’nam )


Los Onas suponen que en las variadas fases de la luna hay seres ocultos enemigos de los hombres que les causan mayor pavor. El engrosamiento gradual de la luna KRE les inspira gran miedo, porque creen que para engrosarse se alimenta de criaturas humanas, a las cuales les chupa la sangre que les causa la muerte.


De aquí que cuando llega el plenilunio hagan fiestas alrededor de grandes fogatas y bailan y gritan en algazara infernal durante toda la noche, celebrando él haber librado del peligro de muerte a sus hijos, que aman con mucha ternura.



KAMSHOUT Y EL OTOÑO


(Leyenda Selk’nam - Tierra del Fuego, Argentina-Chile)
Hubo un tiempo en que las hojas del bosque eran siempre verdes. En ese entonces el joven selk’nam Kamshout partió en un largo viaje para cumplir con los ritos de iniciación de los klóketens.


El joven iniciado tardó tanto en volver que el resto del grupo lo dio por muerto. Cuando nadie lo esperaba, Kamshout volvió completamente alterado y empezó a relatar su sorprendente incursión en un país de maravillas, más allá en el lejano norte.


En ese país los bosques eran interminables y los árboles perdían sus hojas en otoño hasta parecer completamente muertos. Sin embargo, con los primeros calores de la primavera las hojas verdes volvían a salir y los árboles volvían a revivir. Nadie creyó la historia y la gente se rió de Kamshout quien, completamente enojado, se marchó al bosque y volvió a desaparecer.


Luego de una corta incursión por el bosque, Kamshout reapareció convertido en un gran loro, con plumas verdes en su espalda y rojas en su pecho. Era otoño y Kamshout -a partir de entonces llamado Kerrhprrh por el ruido que emitía, volando de árbol en árbol fue tiñiendo todas las hojas con sus plumas rojas. Así coloreadas, las hojas empezaron a caer y todo el mundo temió la muerte de los árboles. Esta vez la risa fue de Kamshout.


En la primavera las hojas volvieron a lucir su verdor, demostrando la veracidad de la aventura vivida por Kamshout. Desde entonces los loros se reúnen en las ramas de los árboles para reírse de los seres humanos y así vengar a Kamshout, su antepasado mítico.


Fuente: Cuentos y Leyendas Americanas.