domingo, 1 de julio de 2012

Manuel Quintana Y Bernardo De Irigoyen – parte 2


MANUEL QUINTANA


Quintana había nacido el 19 de octubre de 1835, en el hogar de Eladio de la Quintana y Uzin, y de Manuela Sáenz de Gaona y Álzaga. Pocos meses antes, Juan Manuel de Rosas había comenzado su segundo gobierno cargado de amenazas para sus opositores, fuesen federales doctrinarios, antiguos unitarios o liberales. En la “Ciudad pintada de rojo” transcurrió su niñez y su juventud. A los veinte años, se graduó de doctor en jurisprudencia. Buenos Aires se había separado ya de la Confederación Argentina y constituía lo que dio en ser llamado el Estado rebelde. La extraordinaria capacidad de aquel joven le ganó en 1859 la cátedra de Derecho Civil y la posibilidad de publicar en El Foro su primer artículo jurídico. Temprano polemista, le negó por entonces al doctor Dalmacio Vélez Sársfield toda participación en la redacción del Código de Comercio, atribuyéndosela sólo al doctor Eduardo Acevedo. El eminente cordobés le respondió desde El Nacional, probando que la afirmación era errónea.

Poco después Quintana fue elegido diputado ante la cámara de la provincia de Buenos Aires, que había vuelto a integrar Confederación Argentina tras la firma del Pacto de Unión Nacional, luego de la derrota sufrida en Cepeda; pero se desempeñó por poco tiempo, pues se lo designó diputado por Buenos Aires ante el Congreso federal. El cuerpo rechazó los diplomas de los porteños ya que los representantes habían sido nombrados en virtud de una ley provincial y no mediante la norma general vigente. No tardó en encenderse nuevamente la guerra, y esta vez la suerte de las armas favoreció a Buenos Aires.

Una de las primeras medidas del general Bartolomé Mitre, en su condición de encargado del Poder Ejecutivo Nacional, fue convocar al Congreso; y Quintana obtuvo una banca de diputado por Buenos Aires. En la discusión que se suscitó para establecer la capital de la República se opuso tenazmente a la federalización de esa provincia. Estuvo junto a quienes, hijos de Buenos Aires o provenientes de las demás provincias argentinas, consideraban que era sano y oportuno trasladar al interior el centro del poder nacional.

Finalmente triunfó una fórmula de transacción, la denominada “ley de compromiso”, según la cual las autoridades federales residirían “de prestado” en la ciudad porteña.

Quintana, que había sido elegido por dos años, dejó el Congreso a fines de 1863 y pasó a ocupar la vicepresidencia de la respectiva cámara de la provincia de Buenos Aires, hasta que en 1867 volvió al Parlamento.



 

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